jueves, 12 de septiembre de 2013

COMO OLVIDR EL HOTEL CARIBE EN EL PARQUE DE ITUANGO FUE SITIO DE REFERENCIA POR MUCHOS AÑOS EN NUESTRO PUEBLO


BIOGRAFIA DE LA MADRE LAURA MONTOYA Y SU VISITA A ITUANGO EN EL AÑO DE 1919

Laura Montoya Upegui nació en Jericó de Antioquia, el 
26 de Mayo de 1874. Vio la luz primera a las ocho de la 
mañana. Recibió las aguas del bautismo a las doce del 
mismo día.
Tal era la costumbre de aquellos hogares cristianos. He 
aquí la partida bautismal: En la iglesia parroquial de 
Nuestra Señora de las Mercedes de Jericó, a 26 de 
mayo de mil ochocientos setenta y cuatro, el presbítero 
Evaristo Uribe mi coadjutor, bautizó solemnemente a 
una niña nacida el mismo día, a quien nombró María 
Laura de Jesús, hija legítima de Juan de la Cruz 
Montoya y María Dolores Upegui, vecinos de esta 
Parroquia. Abuelos paternos: Cristóbal Montoya y María 
de Jesús González; maternos Lucio Upegui y Mariana 
Echavarría; fueron los padrinos Domingo Montoya y 
Juliana Rafaela Montoya, a quienes advirtió el 
parentesco y obligaciones que contrajeron. Doy fe. 
Jesús María Florez" Rubricado.
Dice la Madre: "Cuando conocí que tal nombre se deriva 
de laurel, que significa inmortalidad lo he amado, porque 
traduce aquella palabra: "Con caridad perpetua te amé". Si es perpetua, ha de ser inmortal e 
inmortal ha de ser mi amor. Y mi nombre fue el sello de esa inmortalidad de amores entre Dios y su 
creatura. Inmortal ha de ser la fe que con el nombre recibí".
Años adelante, cuando Laura va a comenzar la obra grande de toda su vida, la fundación de su 
instituto misionero, todas las compañeras se cambian el nombre pero a ella Monseñor Maximiliano 
Crespo se lo conserva. Laura ha de ser su nombre. "Todo, comenta agradecida, es predilección de 
parte de Dios. Por mi parte, no he hecho otra cosa que sembrar muerte en el girón de vida eterna 
que Dios infundió en mi alma con el santo bautismo"
Laura Montoya, que, digámoslo desde ahora, en no pocos aspectos de espiritualidad y apostolado 
que hoy van imponiéndose, fue una genial adelantada, sintió y cantó muy vivamente la gracia del 
bautismo.
"Dios mío, ¡qué pronto comenzaste a mostrar predilección por esta miserable criatura que tan 
ingrata te ha sido ! Aquí si que mostraste la verdad de aquella palabra: Con caridad perpetua te 
amé y por eso te atraje a mí. Por eso te apresuraste a hacerla tuya, metiéndola en las redes de la 
gracia santificante, tan luego como estuvo libre del materno encierro. ¡Ay ! ¡Cuánto dolor me causa 
el pensar que criatura tan amada no hubiera esperado a darse cuenta de tus misericordias para 
ofenderte !
La fuente bautismal de la antigua Iglesia de Jericó fue mudo testigo de mi filiación divina a los 
claros resplandores del sol del medio día. Por eso al conocerla en 1909, es decir treinta y cinco 
años después, derramé un torrente de lágrimas, dulce mezcla de amargo dolor por mi ya perdida 
inocencia y del más acendrado agradecimiento ante aquel mudo testigo del primer beso, de aquella 
caridad perpetua con que me amaste, Dios mío, desde la eternidad.
Por eso al entrar a la ciudad que me vio nacer, antes que recorrer sus calles, antes de mirar sus 
edificios y aun, antes de adoraros en tu sagrario, busqué con ansia loca el único objeto que allí 
perseguía, la sagrada pila bautismal, diciendo dentro de mí: ¡Oh mi estola bautismal! ¡Oh mi 
inocencia que te fuiste! ¡Oh mi filiación divina desfigurada! Mis lágrimas alarmaron a mis 
compañeras de viaje, que no sentían como yo el dolor de una joya perdida ni el hálito de un amor 
perpetuo, exteriorizado treinta y cinco años antes en aquel lugar. Visité después la casa donde nací, me refirieron las alegrías y dolores allí pasados por mis padres. Pero ya nada me conmovió. 
Todo era muerto para mí, menos la fuente en donde Dios me dio su primer ósculo".
Con los albores de la niñez, el carácter de Laura despuntó alegre, pero fue un despunte nada más. 
Pueden mucho sobre un alma niña la orfandad, la pobreza rayana en miseria y esos ojos de la 
madre, velados frecuentemente por las lágrimas.
Para esta niña, que después fue tan eucarística y que llegó a especializarse en preparar niñas para 
el gran encuentro con Jesús, la primera Comunión resultó casi improvisada.
Su confesión fue precipitada, por lo cual no halló palabras convenientes para expresar sus 
pequeñas faltas. Y en cuanto a su primera Comunión, ella nos dice en su Autobiografía con una 
sinceridad y humildad que encanta: "Yo no llevé mas preparación que una mala confesión y una 
rabia mal reprimida, causada por tres cosas: la primera porque me llevaron en ayunas. Cuando 
reclamé, me hicieron repetir lo que dice Astete respecto a las disposiciones corporales. La 
segunda, porque me rezaban al oído, y eso no podía soportarlo. Y la tercera: porque la Sagrada 
Hostia me supo muy mal y me creí engañada, porque me habían dicho que comulgar era muy 
sabroso y yo creía que se referían al sabor de las especies. Sólo se calmó mi rabia cuando me 
dieron el desayuno, que fue mejor que el ordinario".
Laura, que había de ser una andariega de Dios, no tuvo en su niñez y juventud habitación fija o 
"ciudad permanente", por decirlo con frase de san Pablo. De Amalfi pasó al pueblo de Donmatías, 
en donde su madre residió algunos meses, ejerciendo de maestra. De Donmatías volvió aún con 
su madre y sus hermanos a Medellín, pero como la pobreza seguía cortejándolos porfiadamente, 
hubo que colocar a los tres niños en sendas casas de parientes. A Laura, le tocó vivir en Robledo 
en casa de un familiar algo frío y desamorado que con su conducta contribuyó al acrisolamiento de 
su alma y a orientarla hacia lo eterno e inmutable. Para entrar de lleno en los planes divinos, "Dios 
- dice ella - comenzó a confitar mi alma con el dolor". 
Este peregrinar continuo de Laura, parece un pronóstico de las correrías asombrosas de su vida 
misionera. De igual modo, las obras de caridad, ya entonces practicadas, anuncian lo que fueron 
sus días y sus actividades posteriores: un desbordamiento del alma en beneficio del prójimo, un 
gastarse y consumirse para la salvación de sus hermanos. Laura Montoya no nació santa, se hizo 
santa con la gracia de Dios y con el propio esfuerzo. Y justamente su Autobiografía palpita de 
humanidad. Porque ella misma declara con llaneza los manchones y los rasguños de su espíritu. 
Declara que en su primera confesión, hecha sin preparación, no acertó a decir unas faltas de su 
niñez y que ello le fue remordiendo y torturando hasta que a los once años hizo una confesión con 
integridad y dolor, en los ejercicios que predicó el celoso párroco de Robledo.
Laura Montoya Upegui heredera de los valores de su raza, rompe todos los moldes 
preestablecidos. Posee todas las virtudes que necesita para lanzarse como protagonista de una 
historia excepcional en los anales de la historia eclesiástica latinoamericana. Logró superar el 
concepto de inferioridad y debilidad femenina, demostrando que es posible llevar adelante obras de 
gran contenido social y religioso. Creyó en el valor de la mujer, de su trabajo, de su capacidad para 
llegar al más débil y oprimido y elevarlo a su dignidad de hombre e hijo de Dios.
Llegó a la convicción de que las mujeres son las más indicadas para llegar como portadoras del 
Evangelio, junto a los indígenas. Su feminidad con sus notas características de ternura, 
perseverancia, bondad, acogida, su modo de sentir y amar y su capacidad "maternal" de relación 
puede establecer vínculos fructíferos en su misión evangelizadora. Se sintió madre espiritual de los 
indígenas e infieles del mundo a quienes Dios ama con corazón de madre. Quiso mostrar con su 
vida la doctrina que enseñaba. Da una respuesta efectiva a la realidad que la circundaba. Su 
respuesta impactó en la sociedad porque rompió esquemas y se encarnó en la realidad del indio 
desprotegido. Su juventud fue una escuela de sufrimiento y un proceso de formación guiada por el
Espíritu de Dios aprendió a sufrir en silencio, a integrar la fe y la vida. Estando de Directora de este Colegio, Monseñor Pardo Vergara Arzobispo de Medellín, le anunció que su vocación era la de Ana 
la profetiza, desde entonces los infieles comenzaron a ser un verdadero tormento para su alma.
En 1905 apareció la novela "Hija espiritual" del doctor Alfonso Castro. Éste le hizo saber a Laura 
que tumbaría el Colegio. Este se acabó porque con esta novela los padres de familia se 
atemorizaron y el colegio se desacreditó. Clausurado el colegio, Laura se trasladó a la población de 
La Ceja donde trabajó como maestra en la escuela oficial, bajo la dirección de una señora que se 
aprovechó de su situación y descrédito, para humillarla y exigirle mucho más que lo que podía en 
esas circunstancias. Allí renovó sus votos por devoción. Laura sintió adhesión a la calumnia y en 
una locura de amor, se hizo el tatuaje de una cruz en el pecho. Regresó a Medellín, donde su 
madre y Carmelita su hermana estaban en una gran penuria económica. Por orden del Vicario 
General de la arquidiócesis, hizo su defensa en "Carta abierta", escrita con el fin de defender la 
educación católica de los ataques que le hacían en la novela del doctor Castro
Esta defensa puso muy en alto su nombre. En esta carta dicen algunos, ella se muestra "no sólo 
como estilista consumada" sino también como mujer de Dios, con el único interés de darle gloria. 
En este tiempo, Laura se encargó de la educación de algunos niños con clases particulares. En 
1907 fue nombrada oficialmente como maestra en la pequeña población de Marinilla a pocos 
kilómetros de Medellín. "Estando en esa población como maestra, una tarde después de terminar 
sus clases fue a visitar el Santísimo, tuvo su encuentro místico con la Paternidad de Dios, cumbre 
de su experiencia trinitaria. Arrodillada en la primera grada del comulgatorio, oraba con su 
acostumbrado dolor por las almas de los infieles, cuando sintió un dolor tan profundo que no dudó 
de la maternidad que el Eterno Padre le confiaba".
Laura escribe: "Me parecía como que entendía la generación eterna del Verbo. ¡Aquello no era 
simplemente una luz! Era como un encuentro con la Paternidad Divina, como en sustancia. Me 
dejó tal conocimiento del misterio que me parecía verlo, y toda paternidad me parecía oscura y 
fantástica. Comprendí con una luz deslumbradora la adopción de los hombres y cómo entraba en 
la suprema paternidad de Dios... Me vi en Dios y como que me arropaba con su paternidad 
haciéndome madre, del modo más intenso, de los infieles... desde entonces los llamé mi llaga". "Su 
llaga" es un dolor por aquellos que viven sin alimento espiritual, sin sacramentos, y sobre todo, sin 
conocer a un Padre Dios que los ama tanto. Entonces, una extraña sensación de dolor por ellos, de 
deseo de hacer algo por su bien, la invadió como invaden las aguas los terrenos sedientos….. Sin 
dejar de pensar ingresar al Monasterio de el Carmelo, su primigenia vocación, hizo proyectos para 
ver cómo podría trabajar a favor de estos infieles, especialmente los indios de Antioquia.
De esta experiencia brotó su posición delante del Ser Inmenso de Dios: "Ante tanta grandeza, Dios 
mío, cuán bien me sienta la consideración de mi pequeñez, viéndote tan grande, ¡Dios de mi alma! 
Sí, en el aniquilamiento que produce tu misterio en mi espíritu, siento verdadero reposo, siento 
seguridad y paz". El amor paternal-maternal de Dios se hizo fuerza irresistible y vivificante que la 
impulsó a trabajar por la salvación de los hombres: "Un solo 
dolor y una sola aspiración había en mi vida: Dios ultrajado y 
no conocido y mi ansia por darlo a conocer!"
El misterio de filiación vivido con tan especial intensidad, la 
condujo a detectar la necesidad imperiosa de hacerlo conocer 
y amar de todos los hombres. Esta gracia especialísima se 
repitió una y otra vez, en el tiempo en que Dios la preparaba 
para la Obra a la que la había destinado: "Otra vez me vi en 
Dios y como que me arropaba con su paternidad, haciéndome 
madre, del modo más intenso, de los infieles. Desde aquello 
los tuve como si se formaran en mi hijos que no conocía; me 
daba ya algo como sublime que sin producirme todavía un 
dolor muy sensible, me dolían como verdaderos hijos". En ella 
la acción apostólica que emprendió brotó de esta íntima unión con Dios en el misterio PATERNIDAD- FILIACION. Laura en su ascensión a Dios llegó hasta las 
últimas cumbres de la perfección y el amor llegó a su plenitud: amor perfecto, absorbente y 
dominante: "Mi actitud delante de Dios es como una fusión y mis intereses son como los suyos y 
unos mismos."
Laura Montoya, en su experiencia de Dios Padre-Madre, descubrió que podía liberarse de las 
normas limitantes de su tiempo e internarse en la selva, para predicar y practicar con audacia y 
sencillez el Evangelio, que vence la más sólida rudeza y de esta manera, llevar hasta la mente de 
los indígenas el mensaje de Redención, de un Dios que nos ama con tierno corazón. Sus 
sentimientos en relación con estos hermanos oprimidos lo manifiesta en sus escritos: "¡Para los 
indios, nos dice, la vida con su séquito de dolores no guarda ni una esperanza! Las incomodidades 
de la vida, acrecentadas formidablemente por el medio selvático y por la ignorancia de cuanto 
pueda aliviar la vida humana, los va destruyendo cruelmente... todo a su alrededor es duro, cruel y 
áspero". En la iglesia no existían en ese entonces, congregaciones femeninas cuyas estructuras 
facilitaran la evangelización de los grupos indígenas ubicados en lugares selváticos. Las cartas de 
respuesta que llegaron a las manos de la señorita Laura, cuando buscaba comunidades femeninas 
que se internaran en la selva para evangelizar y catequizar a los indios, muestran a las claras, que 
sus reglas no permitían un trabajo realizado fuera de sus casas religiosas, en lugares tan 
inhóspitos y en las condiciones de pobreza en que debían ser fundadas dichas casas religiosas. 
Laura Montoya Upegui movida por el Espíritu de Dios y su gran celo apostólico, se decide a 
"catequizar" personalmente a los indios. Concibe una comunidad diferente que se sale de modelos 
existentes para realizar una misión liderada por mujeres y llevada a cabo en lugares selváticos e 
incomunicados. A imitación de Jesús que se encarnó entre los hombres para salvarnos y liberarnos 
del pecado, Laura concibe una Congregación que se pone al nivel del indígena, del negro, del 
explotado. Vive, comparte y trata de pensar como ellos, se deja guiar por el amor, no impone por la 
fuerza sino que convence con el testimonio, con la vida misma de pobreza, humildad, sencillez, 
bondad y amor eficaz.
Con la aprobación de Monseñor Maximiliano Crespo Obispo de Santa Fe de Antioquia, con un 
pequeño grupo de mujeres esforzadas sale hacia la región del Urabá antioqueño, donde la selva y 
los ríos se entrecruzan, las fieras y el clima ardiente atemorizan para adentrarse en lo desconocido. 
Sólo la luz de la Fe y su amor apasionado a Dios y a los indios, fortalecen asombrosamente las 
fuerzas de estas mujeres intrépidas.
Fueron ellas: Laura Montoya Upegui, Mercedes Giraldo Zuluaga, Matilde Escobar Posada, Ana de 
Jesús Saldarriaga Jaramillo, Carmen Rosa Jaramillo, María de Jesús López y su madre, Dolores 
Upegui V. de Montoya como compañía, quienes salieron de Medellín hacia Dabeiba, el 4 de Mayo 
de 1914, con el ánimo de ser MAESTRAS Y CATEQUISTAS DE LOS INDIOS. Llegaron a Dabeiba 
después de un fatigoso viaje el 14 del mismo mes. Llevaban sus pobres pertenencias en una recua 
de mulas conducida por un peón. El indio infravalorado, repudiado y hostilizado, comenzó a ser el 
centro de atención de estas infatigables viajeras. La Madre Laura posee recursos metodológicos, 
una rica iniciativa y la ayuda poderosa de Dios. Busca un régimen, una manera de proceder que 
facilita la obra evangelizadora. Consiste en la formación de centros misioneros que ponen en 
movimiento y nutren enseñanzas ambulantes en su derredor. Centros que se fundan en lugares 
rodeados de varias parcialidades indígenas y a ellos concurren los indios que puedan hacerlo, para 
los que viven mas distantes funda las Ambulancias.
El trabajo de excursiones o correrías misioneras por las selvas y los ríos, comenzó en el mismo 
año de la fundación: el 7 de agosto de 1914, con el fin de explorar el terreno y buscar modos y 
lugares dónde establecer centros misioneros, o de visitar los enfermos distantes y darles 
enseñanza transitoria. Eran esas excursiones realizadas de la manera más prudente, aunque no 
dejaban de ser de mucho peligro por lo desconocido. En estas correrías, como en general en todo 
el trabajo apostólico, Dios obró verdaderos prodigios en favor de los indios.El pequeño grupo misionero fue creciendo. Eran ya 40 Hermanas que trabajaban en la zona de 
Urabá, en cinco centros misioneros, cuando se le presentó la oportunidad de buscar "más almas" 
por lo territorios aislados del ignoto Uré. Le hablaron a la Madre de "indios muy salvajes" en el San 
Jorge, localidad dependiente eclesiásticamente de monseñor Adán Brioschi, arzobispo de 
Cartagena. Para esa desconocida región avanzó la Madre Laura con la Hna. Ma. de la Sagrada 
Pasión y un fiel peón, Efraín, atravesando en su fuerte mula "La Flores", los montes de Ituango. Sin 
sacerdote, sin recursos económicos después de una accidentada aventura que comenzó el nueve 
de septiembre de 1919 y terminó en diciembre de ese año cuando estableció en URE una misión 
para trabajar con los negros de la región.
Esta fundación de Uré mostró a la Madre otros campos en donde trabajar: los negros, los mestizos 
que formaban pequeños grupos a orillas de los ríos, carentes de todo auxilio espiritual, en 
condiciones de aislamiento y desamparo por parte de la Iglesia. Por ellos trabajó y se preocupó de 
establecer casas misioneras en todo este territorio. La Madre tuvo desde un principio muchas 
dificultades Porque no entendían su manera de evangelizar y sobre todo de ser religiosa. Fueron 
causa de sufrimiento para las primeras Hermanas, la actitud de algunos sacerdotes y obispos, la 
falta de auxilio espiritual en las pequeñas casas de misión, las incomprensiones de las autoridades 
civiles y del Protector de los indígenas. En general, podemos decir que no pudieron entender el 
carisma nuevo y providencial de la Congregación.
De cuando en cuando, hacía sus asomaditas a Santa Fe de Antioquia, a ver a sus hijas y llevarles 
el calor de su palabra, siempre luminosa y estimulante. Y para facilitarle su comunión de la 
mañana, su media hora de cielo anticipado, alquiló una casa en san Benito, cercana a la iglesia a 
donde pasaba cuando las fuerzas se lo consentían, a recibir a su Dios o conversar con Él. Otras 
veces, un buen padre franciscano le llevaba la comunión a la casa. Fue éste un tiempo muy lleno 
de las visitaciones de Dios.
El 30 de julio de 1928, por circular fechada en santa Fe de Antioquia, la Madre Laura de Santa 
Catalina, superiora general, convocaba a las religiosas que canónicamente podían asistir al primer 
capítulo general de elecciones que se reuniría en dicha ciudad el 26 de diciembre. La Madre 
hablaba de elección para doce años, pero luego se vio que tal plazo era contrario al derecho y se 
fijó en un sexenio. Antes de procederse a votación y escrutinio, la Madre presentó renuncia de su 
cargo y rogó se la exonerara del primer puesto. Pero fue reelegida por unanimidad de votos. Para 
confirmarla en el cargo supremo se necesitaba la aprobación de la Santa Sede. Por eso se 
encargó del gobierno la madre asistenta María de San José, mientras el señor Toro se dirigía al 
nuncio de Su Santidad pidiéndole el favor de solicitar de Roma la confirmación de la Madre en el 
cargo de superiora general. La respuesta o tardó o no llegó. Nada raro en los correos colombianos 
de aquella época, en que un franciscano español residente en Medellín, solicitaba humildemente al 
gobierno el establecimiento de un carro de bueyes para llevar los telegramas urgentes de Bogotá a 
Medellín... Sea lo que fuere, monseñor Toro se quedó esperando la respuesta y en vista de todo, 
optó por hacer la respectiva diligencia ante la sagrada Congregación de religiosos, en su visita ad 
limina. La pidió y la consiguió sin dificultad. Y con monseñor Afanador y Cadena, obispo de Nueva 
Pamplona, envió a Madre Laura el oportuno rescripto. Pero al regresar monseñor Toro de su 
peregrinación a Roma y a Tierra Santa, encontró en su despacho una carta del Señor Nuncio en 
que le comunicaba que la Sagrada Congregación no aprobaba la reelección de la Madre Laura, 
entre varios inconvenientes, por hallarse anciana y achacosa. Explicó el caso Monseñor Toro al 
Señor Nuncio, le expuso que la Madre Laura ya había tomado posesión de su cargo. Contestó el 
Neñor Nuncio que la resolución por él recibida desde Roma era anterior y por consiguiente la única 
válida.
En vista de todo, la Madre reiteró su renuncia, aunque había quiénes se la desaconsejaban, y el 
Señor Nuncio, complacido de esta actitud, obtuvo de la Sagrada Congregación de religiosos la 
omisión de un nuevo Capítulo General, que hubiera resultado gravemente oneroso para la 
Congregación en medio de la crisis monetaria que paralizaba al país, y la elección de la madre 
María de San José, para superiora general hasta septiembre de 1938. A pesar de explicaciones del obispo y de la fundadora, parece que el señor Giobbe quedó un tanto suspicaz y caviloso. Pero se 
le olvidaban a su excelencia las lentitudes de los correos de esa época y que su carta al prelado 
había viajado primero a Jericó, de donde había que comunicarla a Santa Fe, en el caso favorable 
de que el pastor no estuviera ausente.
Había en su interior un conflicto angustioso. De una parte, deseaba dejar el cargo, "para 
ejercitarme en la querida obediencia siquiera un tiempecito antes de morir"; pero, de otra parte, y 
mirando a lo que estimaba el mayor provecho y la consolidación de una obra destinada a salvar las 
almas, quería seguir influyendo. Quería -dice- acabar de dar a mis hijas lo que Dios me ha dado 
para ellas". Y seguramente le dolía, que ese bien intencionado anhelo fuese achacado a loca 
ambición de mando. La Madre Laura supo mandar, cuando fue colocada sobre el candelero, y 
supo obedecer, cuando le tocó esta suerte.
En Medellín, la vida y la jornada de la Madre discurrían alternamente entre la oración y el trabajo. 
Ya no podía salir a visitar las casas, debido a la parálisis que le arrebató el movimiento de los pies. 
Buena prueba para esta andariega de Dios. Sentada en su silla de manos se dedicaba al estudio y 
a la tarea de escribir para sus hijas. En cada carta, la Madre les mandaba el alma. A ratos, siempre 
en su silla de ruedas, iba recorriendo los pasadizos del convento para cerciorarse de la buena 
marcha de la comunidad o visitar acaso a otra religiosa enferma. Conducida por alguna de sus 
hijas, visitaba la capilla para conversar con su Señor o asistir en profundo recogimiento a los actos 
de comunidad y a los oficios divinos. Nunca se quejó de su inmovilidad, todo lo sufrió con paciencia 
y mansedumbre. Desde enero de 1949 su salud empezó a decaer notoriamente, día tras día. Sus 
fuerzas, antes inagotables, para el trabajo intelectual, iban disminuyendo y gustaba entonces de 
entretenerse en arreglar hilos y sedas para los indios, aunque se fatigaba. Le obsesionaban los 
salasacas del Ecuador. - Con estos hilitos, decía, compraremos salasaquitas.
En semana santa de 1949, le aparecieron en las piernas unos lamparones rojos que le causaban 
acerbo dolor. A pesar de ello, asistió, en cuanto pudo, a los divinos oficios y reunió varias veces a 
la comunidad para platicarle de cosas del espíritu. El domingo de Pascua, que fue siempre para 
ella día de júbilo, lo pasó llena de decaimiento y de tristeza. Hasta miró sin interés la hermosa 
estatua del resucitado que ese año se estrenaba. Para aliviar el estado de las piernas hinchadas 
acudieron varios médicos, entre ellos los doctores Luis Tirado Vélez, Ignacio Vélez Escobar y 
Alfonso Velásquez que emplearon tratamientos de penicilina, pero estos resultaron inútiles. Los 
médicos, a pesar de su voluntad de oro, hubieron de confesar: ¡Sólo un milagro puede curarla ! Y 
en las casas comenzaron novenas particulares al franciscano fray Martín de la Palma.
Desde el domingo 21 de agosto se llevó diario de su enfermedad. Y por él conocemos una serie de 
pormenores y detalles de grande edificación. El 22 a las diez y media, el padre Aníbal Wiedemann 
juzgó del caso administrarle la santa unción y así se hizo en presencia de toda la comunidad, que 
respondía fervorosamente a las preces rituales. Concluidos los salmos penitenciales, las religiosas 
entonaron un lindo y sentido canto mariano que comienza: "Oh Madre mía, quiero desde ahora", y 
que puso en todos los corazones una intensa emoción. La Madre agradeció al padre capellán la 
merced de ese santo sacramento: “Que mi Dios le pague, Padre. No se imagina de cuánto 
consuelo ha sido esta ceremonia para mí”. Y añadía, mirando a las novicias: "Lo único que siento 
es dejar estas muchachitas". A imitación de su Dulce Maestro, había de pasar por todas las 
angustias de la pasión: su cabeza atacada de meningitis, padecía un intenso dolor. Su cuerpo 
llagado, empezaba a gangrenarse y no podía moverlo sin ayuda de muchas manos. Estaba 
clavada en la cruz y ni siquiera podía expresar sus martirios por estar privada del uso de la palabra 
durante todos esos días. De la víspera de su muerte se ha contado un hecho misterioso: A él se 
refiere el entonces capellán de Belencito, Padre Aníbal Wiedemann, en la revista Almas: La víspera 
de su muerte se apareció en sueños a una de sus misioneras del Ecuador y le dijo: Vengo 
visitando las casas de mis religiosas, para impartirles la postrera bendición. Esto es un sueño para 
su caridad, pero para mí es una realidad, mañana espero la llamada del Ángel del Señor. Su 
muerte causó conmoción en Colombia entera. Prensa y radio compitieron en pregonar la grandeza 
de la vida que acababa de extinguirse. De las selvas remotas llegaron a Medellín las cartas de los indios empapadas en lágrimas. Prelados, sacerdotes y comunidades religiosas coincidieron en 
glorificar a la Madre Laura como dechado de almas apostólicas. El padre Enrique Rochereau 
escribía en el periódico El Tiempo, de Bogotá: "Pocos sospechan, quizás, que con la muerte de la 
Madre Laura, se da vuelta a una de las páginas más extraordinarias de la historia patria". La Madre 
Laura quería convertir su muerte en homenaje de adoración a Dios. En uno de sus "Lampos" dejó 
hablar así su alma:
"¡Oh Señor omnipotente, cuya soberanía rendidamente reconozco ! Desde el fondo de mi nada te 
alabo y cuánto diera porque mis alabanzas fueran dignas de tu grandeza. El que te alaba se 
engrandece, tal es tu condición. Adorarte la nada, Dios mío, ya es convertirse en algo. Por eso, mi 
omnipotente Señor, quiero adorarte y aclamarte, alabando tu soberanía con cuanto soy y cuanto 
tengo. Pero ya ves, Dios mío, que soy nada y que mi poder es negación de poder. Pues entonces, 
¿qué hago cuando digo que te alabo y adoro con cuanto soy, si soy nada? Y ¿qué hago cuando 
digo que te alabo con cuanto puedo, si mi poder es pura negación de todo poder? Nada, 
absolutamente ofrezco, pero engrandezco mi nada, porque el adorarte es engrandecerse. Dígnate 
pues recibir por adelantado, ese homenaje y para que mi rendimiento sea tal que nada quede en 
mí que no sea para tu honor y gloria. Quiero que mi muerte, es decir, la separación de mi alma y de 
mi cuerpo, sea un homenaje de adoración ante tu soberanía.
Oh, ¿qué honor puede ser comparable al honor de adorarte y engrandecerte con la destrucción del 
propio ser por miserable que él sea? Y como es cierto que he de morir, recibe, pues, grandeza 
infinita de mi Dios, mi muerte y la destrucción de mi ser como un prolongado hilo de humo de 
adoración y de incienso que se levante de mi lecho de muerte y de mi tumba, con la lenta 
destrucción de este ser que me has dado y que delante de Ti se consume ahora, en un amor 
comprimido y como estrechado por lo temporal. Y, qué paralelo, Dios mío. Noé después del 
conflicto hecho por el diluvio, reconoció la infinita sabiduría de Dios levantando un altar sobre el 
lodazal, quizás ya infecto de la tierra desjugada e ingrata y ofreció un holocausto que fue de tan 
suave olor delante del Señor, que le valió la promesa de Dios de no volver a castigar la tierra con 
un diluvio.
Pues he aquí que esta pobre criatura tuya, Señor mío omnipotente, después del diluvio de una 
larga vida de pecado, imperfecciones e ingratitudes, después del diluvio de mis dolores de la tierra, 
quiero que mi lecho de muerte y mi tumba sean el altar elevado sobre la ruina de mis días 
temporales, tan llenos de miserias, para en él ofrendarle el holocausto de mi vida y que a ese altar 
la muerte llegue como fuego sacro a consumir mi cuerpo, a liquidar mis fuerzas en tu honor, a 
esfumar mi vida en reconocimiento de tu soberanía, Señor mío, creador de lo mismo que en ese 
altar te sacrifico .Por lo tanto, es mi intención, Dios mío, que cuando de cualquier manera se me 
anuncie que el término de mi permanencia sobre la tierra se avecina, entregarme al sacrificio, 
como el cordero degollado sobre el altar se deja consumir por el fuego, a fin de que el humo 
producido por ese cuerpo suba en suave olor de adoración ante tu soberanía.
Sí, escucharé entonces, llena de regocijo las palabras con que Dios promete al alma justa 
perseguida, su recompensa: "Pobrecilla, le dice el Señor, pobrecilla, combatida tanto tiempo por la 
tempestad, privada de toda consuelo: mira que yo mismo colocaré por orden las piedras y te 
edificaré sobre zafiros y haré de jaspe tus baluartes y de piedras de relieve tus puertas y de piedras 
preciosas todos tus recintos". Y así, de antemano, Dios de mi corazón, digo:
Sí, te diré en mi agonía,
sí, al extinguirse el aliento,
sí, al terminar de mi vida,
sí, al traspasar del tiempo.
Sí, en el dolor de mi carne,
sí, al deshacerse mis huesos,
sí, en el podrirse de mi sangre,
sí, en el cerrárseme el tiempo.
Quiero decir sí al moriry sí cantar al escuchar
el sí que tanto anhelo
y diciéndote sí, llegar al cielo.
Sí, dirá el humo de mi holocausto,
sí, el extinguirse del fuego
sí, las cenizas que llevan el viento,
sí, hasta Ti levantar el vuelo

ASI SE VEIA LA PLAZA DE ITUANGO EN EL AÑO DE 1890 LA IGLESIA ESTABA POR MITAD, LA CASA CURAL ERA DE TECHO DE PAJA, EESE DIA HACIA FRIO POR QUE LA MAYORIA DE GENTE ESTABA DE RUANA Y DESCALZOS, SE ALCANZA AVER UNA CUSTODIA Y UN TUMULTO DE GENTE DEBE DE SER UNA PROSECCION, CON LOS TOLDOS EN LA PLAZA ERA SEGURO DOMINGO, UNA CONSTRUCCION QUE ESTA IGUALITA ES LA ESQUINA DEL FAMOSO TE BUSCO, SE ALCANZA A OBSERVAR EL CAMPANARIO DE LA CAPILLA QUE SERVIA DE IGLESIA MIENTRAS SE CONSTRUÍA EL ACTUAL TEMPLO DE SANTA BARBARA


LA NUEVA CARRETERA A ITUANGO QUE NOS HA PUESTO A 4 HORAS DE LA CIUDAD DE MEDELLIN


martes, 10 de septiembre de 2013

HISTORIAS DE ARRIERIA EN ITUANGO

LA ARRIERIA EN ITUANGOLa región de Ituango (Santa Rita , El Aro , Pascuita , La Granja , Santa Ana , Santa Lucia , Quebrada del Medio..........) debe su progreso al trabajo tesonero de los arrieros , hombres que desafiaron estas escarpadas montañas , llevando los productos que aquí se producían (café , frisol , panela , maiz) y trayendo de la ciudad (Medellín , Yarumal ,S anta Rosa de O) , aquellos productos indispensables para el sostenimiento de sus gentes (telas , sardina , aguardiente en toneles y hasta costosos muebles importados) sin contar la carga pesada como ruedas pelton , despulapdoras , plantas electricas , trilladoras , etc , maquinaria toda indispensable para el progreso de la región , habia cargas prohibidas como el tabaco, qué los arrieros a veces se arriesgaban por que le flete era costoso , pero con el problema de que muchas veces la carga emborrachaba la mula y otras se mariaban y se echaban y las que no se dejaban marear por el olor del tabaco , empezaban a hacer bulla con el hocico y se convertían en lo que llamaban una mula tabaquera . además lo que en ese tiempo llamaban contrabando de tabaco era peligroso y daba carcel.Ituango en los años de 1920 a 1960 fue gran productor de tabaco, inclusive el señor Ramón Palacio tuvo una fabrica  En calle caliente
La mulada se componía por lo general de una 20 mulas , habían ido a El Valle de Toledo a llevar un café de exportación de don Martín Tobon y allí recogieron carga para surtir las tiendas del pueblo y otra carga que iba hacia Santa Rita para el almacén de doña Sara Montoya y que había que descargar en la bodega de los galgos donde la recogerían arrieros de Santa Rita como Cucho Estrada o Solano Mendoza.En el Valle de Toledo había varias bodegas donde llegaban los arrieros, las más apetecidas eran la de Ricardito Palacio y la de Pacho Abel Roldan.El sangrero se despertó a las tres de la mañana , gracias a Dios no había llovido , pues no era lo mismo arriar en invierno que en verano.El sangrero se vistio: camisa , pantalón y unas abarcas , al menos para empezar el camino ; despué con el pantano era mejor descalzo , Preparo la comida para las mulas , desde la víspera había dejado la panela machacada en agua para hacer una especie de agua de panela , que después arreglaba con salvado . Pasto , caña y melaza eran los alimentos preferidos de las mulas, había que cuidarlas muy bien, pues de ellas dependía en gran parte el éxito de la jornada, qué ese día los llevaría a Patio Bonito a la posada del Zarco Usuga.Empezaba a clarear ya en la cocina se escuchaba el sonido de las ollas , las mujeres preparaban el desayuno y algunos alimentos que llevarían los arrieros para el camino.Dentro de los alimentos estaba las “estacas” , estas se hacían cocinando maíz pelado en lejía , después se muelen , sé revuelven con chicharrón de empella y forman la estaquitas , sé envuelven en hojas de plátano y las ponen a cocinar en agua hervida , sé les hacia también una cosa llamada “biscocho de arriero” a base de maíz , éste bizcocho podía durar hasta un mes sin dañarse . Ademas de estos alimentos preparados, los arrieros llevaban , carne , tocino , frisoles ,panela, chocolate , arepas y café para preparar en el camino.Mientras el sangrero organizaba el caballo donde iría la comida , los arrieros armaban el “catre”, una cobija y una muda de ropa, todo bien envuelto y amarrado con un rejo sobre el caballo.¡Ahora a cargar las mulas! , el sangrero ayuda a un arriero veterano:“Se venda el animal con la mulera , se carga por el lado derecho, sé le coloca la enjalma asegurada por la retranca para que no se corra para adelante y asegurada por delante por el pretal para que no se corra para atraz. Luego se le coloca la lía al primer bulto , qué es una soga de cuero bien fina , se le abre un bozal; sé le alza el primer bulto con la lía , después el otro sostenido por el sangrero y se amarran juntos ; luego se amarran los dos bultos con la sobrecarga , qué es una soga mas larga , la cual tiene un cinchón de cabuya que se le pasa al animal por debajo del vientre;al final del cinchón esta el garabato , qué es un gancho de madera fina , generalmente de guayabo o de arrayan. Por medio del garabato se asegura la sobrecarga y se aprieta bien fuerte con un nudo corredizo llamado nudo de encomienda”.El Caporal paso lista y reviso las cargas: cinco arrieros , veinte mulas diez con telas , 5 con toneles de aguardiente y ron y las otras cinco con la carga que va para Santa Rita , irían por la banca recién construida siguiendo la orilla del Cauca y si todo sale bien pasaran la noche en Patio Bonito en la posada de el Zarco Usuga o si los coge la noche pernotaran en guasimal donde  aurita zapataEl caporal era como el jefe: pagaba a los arrieros , hacia la lista de las mercancías , señalaba rutas , sitios de hospedaje y duración de la jornada. Era también el responsable de la entrega de la carga , con sus recibos y remisiones.Todos los arrieros llevaban su carriel, en este llevan  la aguja de arría para remendar algún aparejo que se rompiera , o su ropa , pues nadie estaba libre de accidentes , también llevaban un rollito de cabuya , clavos de herrar, martillo y tenazas y hasta una botella de aguardiente de anis , la verdad que uno que otro traguito les caía bien sobre todo en los calores de el Cauca por pescadero y de hay hacia arriba.Eran las seis de la mañana y el inicio de un viaje que terminaría al día siguiente cuando esperaban llegar a la plaza de Ituango a eso de las dos de la tarde.“En el camino se encontraban con arrieros que iban hacia San Andrés y otros subirían la loma de Ochali para llegar al otro día a Yarumal. Cuando el muchacho que iba en el caballo y veía a lo lejos que venia una recua de mulas, tocaba la corneta..TA..TA...TA...avisándoles a los que venían y a los que iban , para que los arrieros se dieran cuenta y se alistaran por el asunto de que esos caminos eran muy estrechos y si una mula con otra se encontraban cerquita , un bulto le daba a otro bulto y había la posibilidad de que se echaran a pelotiar y hasta peleas se podían presentar en los caminos.El trabajo del arriero en el camino era bastante, siempre pendientes de que las mulas no se fueran a resbalar o a caer por un abismo , requintando la carga , ajustándola cada vez que se aflojaba , cuidando celosamente de que la carga no se fuera a perder o a dañar, pues de la calidad de su trabajo dependía que hubiera más trabajo. El arriero empezaba trabajando en muladas grandes, pero su anhelo era trabajar duro y con el tiempo hacer algún dinero y comprar sus propias mulas y hacerse independiente. De sangrero se pasaba a arriero y de este a caporal.Continua el viaje se alistan para pasar  el viejo puente de madera en el sitio Pescadero este paso es delicado por que el puente de madera se mece como una hamaca y puede mariar ya sea la mula o al mismo arriero , ademas  hay que págar 5 centavos de impuesto de pontazgo que cobran para dar mantenimiento y sostenimiento a la armazón del puente , los arrieros al pasar el puente se persignan y se inclinan en la mitad donde hay una cruz pegada a uno de los cables en señal y recuerdo de un famosos arriero Chepe Perez oriundo de santa rosas de osos  que el año pasado decepcionado de la vida dejo que las mulas pasaran hacia el lado de toledo y despues se lanzo al cauca a los 8 dias su cuerpo fue encontrado en caucasia y lo reconocieron por que el tapapinche estab intacto , pasan el puente y  empieza el camino a empinarse , la idea es llegar antes de las cuatro de la tarde a la posada, en una curva del camino esperan para dar paso a Israel Higuita y sus mulas que van camino hacia Medellín cargadas de café , El sol empieza a bajar ; las mulas y los arrieros necesitan descansar. Desde la posada se sabe que llegan , por la bulla y el griterio. El zarco Usuga ya los conoce , se sonríe al oír a lo lejos las palabrotas , ya se acostumbro al vocabulario de los arrieros , todos son unos mal hablados y es que según un viejo arriero “si no es mentándoles la madre , las mulas no andan”.El caporal al escoger la posada donde descansarían tenían en cuenta la buena comida que allí se preparaba , que hubiera buenos potreros para que las mulas comieran hasta que se jartaran , claro que no siempre alcanzaban a llegar a la posada , muchas veces los cogía la noche a mitad del camino. Entonces buscaban potreros y armaban una tolda “Ponían el lienzo en una manga a la orilla del camino , hacían un dormitorio , preparaban comida y a dormir a la luz de la luna”.Una vez en la posada , descargaban las mulas , las llevaban a pastar y ellos a comer y a tomarse unos tragos bien conversados , cuándo no faltaba algún arriero que sacaba la guitarra o el tiple y a zurrunguiar y hay si se prendía la fiesta.Es la posada el sitio donde se encuentran los arrieros , el espacio nocturno de la tertulia , la charla , la anécdota. La tradición oral de los caminos se recrea en estas noches de reposo y esparcimiento , alli en amena charla y a la luz de una lámpara de petróleo, conversan animadamente: Manuel Morales , Isidoro Roldan y Rómulo Sierra que van hacia Ituango , Roberto Zea y Bertulfo Granda arrieros que vienen de Santa Rita y van hacia San Andrés de Cuerquia , Nepomuceno Echeverri y Luis Mazo Usuga , arrieros que van hacia la Granja con una carga de don “Millo” Jaramillo, y el Mono Roldan y Jaime Rodríguez arrieros de Pascuita que van con sus mulas cargadas de frisol propiedad de don Pepe Campuzano , hacia Yarumal , todos ello muy buenos amigos , cuántas veces se habían encontrado en la posada , en los caminos , en fin había mucho que conversar y uno que otro trago de aguardiente anisado que bajaba como gato en reversa por el gañote.Ya era tarde había que dormir, todos se acomodan en el espacioso corredor de la casa , no había necesidad de cobija pues hacia una noche fresca , todos se organizaban de manera ordenada: usted aquí con su tolda , sus diez o veinte cargas de aquí para allá y yo de aquí para haya y así se iban todos repartiendo los espacios , todo en el mas completo respeto.El sangrero se siente cansado , no resiste los pies, sacó la vela que traía en el carriel , la calentó y se la unto , luego les restregó un limón , !que alivio! había aprendido que era la mejor forma de cuidarse los pies para que no se le pelaran sobre todo en invierno.Con el primer canto del gallo todos se levantan, organizan las mulas, cargan y a continuar el camino.El aprendizaje del arriero nunca acababa: los bultos debían pesar unos 75 kilos y cubiertos por un encerado que los protegía de la lluvia , dé acuerdo con la mercancía la carga podía ser  , redonda , cuadrada , angarillada , de rastra y tureguiada .Esta ultima consistía en varias mulas en fila india , de dos en adelante, llevando la carga como en forma de camilla, provistas de unas varas de guadua muy largas. Esta se usaban para cargas excesivamente grandes y pesadas.Ejemplo de estas cargas fue la llevada de la planta de la luz de Santa Rita entrada por Puerto Valdivia y en Ituango la imagen de la virgen de las Misericordias que esta en el parque de la plazuela la cual fue traída desde San Andrés de Cuerquia en turega. La mulada a paso firme llega a los galgos ( donde esta la bodega de  don Jose Cardenas ) , los que van hacia Santa Rita y Pascuita giran a la derecha ,  los arrieros de Pascuita llegaran allí a las cuatro de la tarde y los de Santa Rita decansaran en la finca la Esperanza donde los Correa y mañana después de las dos de la tarde estarán llegando a tierra Santa Riteña , los que van a la Granja y a Ituango continúan su camino unos saben que pronto llegaran y los de la Granja bajaran por Pío Décimo (Fundungo) , al río Ituango y subirán a Cenizas buscando la posada del Zainal donde dormirán antes de llegar al otro día a la Granja.Pasan por la Eme posada de don Gabriel Muñoz , Agua linda  , Chagualonal , Victorianito  y por fin  , al frente se divisa Ituango , son las dos de la tarde , (filo de la Aurora) , la selva , Chapineros , la palza de feria , Peñitas y con sus gritos los arrieros llegan a la plaza de Ituango,unos descargan en la tienda de Alfonso Bedoya y Genaro Montoya , otros en el chispero donde Martín Tobon y en las botica de los Acevedo y del turco Moises GomezYa casi noche los arrieros han terminado su labor , el sangrero busca el  potrero de Serafin Chancy en pio decimo donde dara descanso a las mulas , el arriero sudoroso antes de llegar a casa se queda un rato en el kiosco de Lorenzo Restrepo , se toma unas casquimonas y ya en la noche llega a casa donde lo espera su mujer y sus hijos , hay que descansar tal ves en dos o tres días emprenderá de nuevo un viaje esta ves a Medellin , el cual durara unos treinta días.
Fue nuestro homenaje a aquellos hombres machos , y a sus muladas , qué trasegaron los caminos de esta región de Ituango llevando y trayendo el progreso de estas alejadas tierras , a ellos nuestra gratitud:


En Santa Rita fueron arrieros:Suso Granda , Octavio Gutiérrez , Tomás Moreno , Juan Yepes , Colis Cortines , Rafael Hurtado , Miro Zea , Manuel Antonio Roldán , Chavito Gutiérrez y tal vez el ultimo de los arrieros Santariteños : Carlos Pemberthy.Fueron arrieros en el año de 1880, los hermanos Álvarez (Antonio,Daniel y Pacho), qué llegaron a Ituango procedentes de Entrerrios y San Pedro de los Milagros y se establecieron en La HundidaPara los lados de la Granja eran arrieros:  Cesar y Omar Posso , Enrique Rodríguez , Nepomuceno Echeverri y su hijo Ernesto , Eduardo Guerra , Carlos Emilio García , José Patiño , Luis Mazo Usuga , Bernardo Zuluaga , José Alejandro Molina (de San Juanillo) , Pelayo Londoño y Gustavo Mazo de Reventón (el duende)En Pascuita eran arrieros el “mono” Roldán , Emilio Mora , Ramiro Posso , Jaime Rodríguez y Berto GomezPunto aparte fue don Manuel Morales , decano de la arriería Ituanguina , arriero por mas de 60 años , otro arriero de grato recuerdo entre las gentes Ituanguinas fue don Isidoro Roldán , excelente hombre, gran Señor , sus últimos años los paso en los Estados Unidos , en compañía de los suyos y no desaprovechaba vacaciones para regresar a su tierra , especialmente a su finca “Las Chambas” , ubicada en la falda del Río , otro gran hombre de la arriería Ituanguina fue don Israel Higuita , quién tenia su casa en el Turco.Hacia La Miranda y El Cedral , eran arrieros: Ricardo Valderrama , Justiniano Posso y Roberto Taborda.Otros arrieros fueron Gustavo Álvarez , Delio Pemberthy , Romulo Sierra , Aron Graciano , Miguel Gil , Lalo Jaramillo , Ramon Betancurth , Carlos Uribe , Flavio Uribe , Conrado Uribe, Efraín Lopera , Tino Porras , Antonio Gaviria, Quico Giraldo , Enrique Guzmán , Luis Guzmán , Antonio Maria Pérez , Joaquín Ramírez , Sergio Sepulveda y Amador Jaramillo
 entre otros

EL LEGENDARIO CRISTO DE LA COLONIA PENAL DE ANTADO


LAGUNA EN LA VEREDA GUACHARAQUERO DE ITUANGO


miércoles, 4 de septiembre de 2013

INSTITUCIÓN EDUCATIVA PATRICIO SUCERQUIA DE PASCUITA-ITUANGO


poesia ituanguina

EL QUIJOTE ANTIOQUEÑO
POR:ALFREDO TAMAYO CARDENAS
POETA DE PSCUITA-ITUANGO

Dio tremendo salto el viejo
Y dijo “no sea carajo,
Mis historias yo las cuento
Verdades que me han pasado.

Me ocurrió siendo muchacho
Coger a mí de los cachos,
Tremendo búfalo un día,
Y boliarlo de la cola, hasta que oscurecía.

Una serpiente en el mar,
Que nadie podía atrapar
Por grande, horripilante y con cara de elefante
Yo también supe domar.

También siendo muy muchacho,
Hice un canal para el Atrato,
Y en una taza y un plato
Pase sus aguas al mar.

Y como he de olvidar
Si son las historias mías
Que entre penas y alegrías;
Las tengo que soportar


Fui combatiente en Ocaña
Con el jugo de una caña
Hice licor Antioqueño
PA mis penas olvidar.

Cuento mis penas al viento;
A una vieja me le aviento,
Y si se comporta mal,
La tengo que castigar.

Yo que cuando era niño
Serví en la natividad
Para alegrar la navidad
Por purito y por divino

Y, asi,he pasado los años
Pero haciendo el bien
 Y nunca causando daño.

Soy el quijote Antioqueño
Que en las letras con cariño
Escribo para deleitar
El gran poeta Ituanguino.


Siempre llevo en mi memoria
El recuerdo de un ancestro
Y no crea  que haciendo gestos,
Alcanza el hombre la gloria

Mi concejo Muchachos
Que no es torciendo cachos
Que aprende uno a vivir,
Pasándosela de macho

Me transporte del Atrato
 A estas tierras Ituanguinas
Para mirar estas niñas
Tan bellas y tan hermosas
Como capullos de rosas.

Subí al nudo de paramillo
 Y entre suspiros y trovas
Combatí yo un aramadillo
Que peso catorce arrobas

Yo soy, dijo aquel anciano,
Soñador y hombre bueno
Soy y vuelvo y lo repito
Son el quijote Antioqueño

Cervantes con letra hispana
De su quijote escribió; un campesino de Ituango
Escribió verdades del Quijote: que soy yo

Y allí descansa el buen viejo
Bajo la sombra inocente
Creyéndose don quijote
Y embriagándose en sus soñares
Con aguardiente Antioqueño

 Y ron Medellín Añejo

poesia ituanguina

EL QUIJOTE ANTIOQUEÑO
POR:ALFREDO TAMAYO CARDENAS
POETA DE PSCUITA-ITUANGO

Dio tremendo salto el viejo
Y dijo “no sea carajo,
Mis historias yo las cuento
Verdades que me han pasado.

Me ocurrió siendo muchacho
Coger a mí de los cachos,
Tremendo búfalo un día,
Y boliarlo de la cola, hasta que oscurecía.

Una serpiente en el mar,
Que nadie podía atrapar
Por grande, horripilante y con cara de elefante
Yo también supe domar.

También siendo muy muchacho,
Hice un canal para el Atrato,
Y en una taza y un plato
Pase sus aguas al mar.

Y como he de olvidar
Si son las historias mías
Que entre penas y alegrías;
Las tengo que soportar


Fui combatiente en Ocaña
Con el jugo de una caña
Hice licor Antioqueño
PA mis penas olvidar.

Cuento mis penas al viento;
A una vieja me le aviento,
Y si se comporta mal,
La tengo que castigar.

Yo que cuando era niño
Serví en la natividad
Para alegrar la navidad
Por purito y por divino

Y, asi,he pasado los años
Pero haciendo el bien
 Y nunca causando daño.

Soy el quijote Antioqueño
Que en las letras con cariño
Escribo para deleitar
El gran poeta Ituanguino.


Siempre llevo en mi memoria
El recuerdo de un ancestro
Y no crea  que haciendo gestos,
Alcanza el hombre la gloria

Mi concejo Muchachos
Que no es torciendo cachos
Que aprende uno a vivir,
Pasándosela de macho

Me transporte del Atrato
 A estas tierras Ituanguinas
Para mirar estas niñas
Tan bellas y tan hermosas
Como capullos de rosas.

Subí al nudo de paramillo
 Y entre suspiros y trovas
Combatí yo un aramadillo
Que peso catorce arrobas

Yo soy, dijo aquel anciano,
Soñador y hombre bueno
Soy y vuelvo y lo repito
Son el quijote Antioqueño

Cervantes con letra hispana
De su quijote escribió; un campesino de Ituango
Escribió verdades del Quijote: que soy yo

Y allí descansa el buen viejo
Bajo la sombra inocente
Creyéndose don quijote
Y embriagándose en sus soñares
Con aguardiente Antioqueño

 Y ron Medellín Añejo

HISTORIAS DE ITUANGO

EL CURA SIN CABEZA.Contaban en Ituango que en los años 50 y 60 cuando no habia luz en el pueblo y altas horas de la noche en el cruce d de la carrera   Santander        con calle Madrid       mas exactamente donde hoy esta la escuela Antonio J Araque,aparecia un cura con rigurosa sotana negra y un vistoso cleiderman,pero este cura no tenia cabeza, le daba la vuelta a la actual escuela y se entraba a un salón de clases que existió en la parte alta de dicho establecimiento,alli se perdía el cura.Cuenta la historia que en el lugar donde hoy se encuentra la escuela Antonio J,antes fue la casa del padre Madrid, un sacerdote que construyo una amplia y gran casa en ese lugar, la casa era enchambranada,con amplios corredores y bien cuidados jardines, esta casa fue derrumbada para dar paso ala actual construcción de la actual escuela Antonio J,esto ocurrió en 1966,esta casa por muchos años se llamo la casa del padre Madrid EL RATONCITO Y DON ALFONSO BEDOYA Don Alfonso Bedoya,fue un comerciante muy conocido y honorable de Ituango en los años 50,60 y 70;tenia su tienda en el marco principal de la plaza principal y llego a ser la tienda mas surtida del pueblo junto a la de Martín Tobon en el Chispero.Don Alfonso tenia fama de no ser muy amplio, un mañana al abrir la tienda,se encontró en la trastienda con un ratón que tenia asolada la tienda desde tiempo atrás,dañando bultos de maíz, cajas de galleta, en fin dañaba todo lo que encontraba, don Alfonso que desde hacia días lo estaba buscando para cobrarle los daños que estaba haciendo, cogió una escoba,la levanto y cuando ya le iba a dar con ella,el ratoncito en tono suplicante le dijo “don Alfonso por favor no me vaya a matar, que yo no he hecho nada”,como que no has hecho nada mira como tienes los costales del maíz y las cajas de saltines,hace mas de 6 meses que te estaba buscando y ahora me dices que no has hecho nada, cuando te encuentro precisamente en el lugar de los hechos.El ratoncito muy asustado le respondió “ Don Alfonso se lo juro que yo no he sido, es cierto que usted me encontró aquí, pero lo que pasa es que yo vengo a dormir aquí a su negocio” ,bueno entonces de que vives ,donde comes, mira todos los daños que me has hecho, “por eso don Alfonso yo duermo aquí en su negocio pero me alimento donde don Aurelio”,don Aurelio Posada era otro comerciante que tenia su tienda al lado de la de don Alfonso. LOS PRIMEROS RADIOTELÉFONOS EN ITUANGO Cuando en Ituango a principio de los años 80 pusieron los primeros radioteléfono, fue toda una novedad y en casi todas las fincas y negocios respetables del pueblo, instalaron su radio-teléfono el cual funcionaba con una central en Ituango y allí se pedía la comunicación con la persona con la que se quería hablar.Horacio Zapata puso uno en su finca en Pascuita y don Luis Betancourt también coloco otro en su farmacia Moderna ubicada en la plaza principal de Ituango.Horacio que ya conocía esos aparatos, le dijo a su amigo Luis que por allí no se podía hablar mucho pues lo que uno decía lo escuchaban todos los que tenían el sistema, lo mejor era hablar en clave cuando era algo delicado, por esos días en Ituango hubo varios muertos y don Luis llamo a Horacio a Pascuita y siguiendo las indicaciones de su amigo le dio la noticia de la siguiente manera “Horacio anoche pum pum 4” EL JUEGO DE LA MONEDA EN ITUANGO.En los años 60 en Ituango una de las diversiones era reunirse en las cantina y cafés a jugar dinero para eso se inventaba todo tipo de juegos, uno de ellos consistía en que cada jugador ponía una moneda sobre la mesa y a la primera moneda que se le asentaba una mosca ese era el ganador, reunidos en el café de Raúl Correa en el chispero apostaban don Nicolás lopes,el propio Raúl y Julio Giraldo conocido jugador y quien tenia fama de ser muy tramposo en el juego, resulta que la mosca solo se asentaba en al moneda de Julio, así jugaron toda la tarde y Julio siempre ganaba hasta que se dieron cuenta que era que sin que se dieran cuenta por dentro de su ruana metía la moneda y por entre sus pantaloncillos  untaba la moneda de materia fecal ,lo cual  lo llevaba a que siempre ganara    

lunes, 2 de septiembre de 2013

LA CASA DE LOS DAVILAS EN EL ZANCUDO EN L CARRETERA QUE VA HACIA SANTA RITA ARRIBA DE LA GRANJA SITIO DE PARADA OBLIGADA PARA DESAYUNAR O ALMORZAR


OCURRIO el 21 DE AGOSTO DE 1956 CAMPO AEREO EN ITUANGO (DEL COLOMBIANO)


21 DE AGOSTO DE 1956CAMPO AEREO EN ITUANGO (DEL COLOMBIANO)El cura párroco de Ituango,Luis Carlos Jaramillo, firmo el contrato para efectuar la remoción de tierras e iniciar la construcción de un campo de aterrizaje en el municipio.El contrato tiene un costo de ciento veinte mil pesos que será aportado en su totalidad por los vecinos de Ituango,ya que hasta el momento no se han obtenido auxilios oficiales.La señora Sofía Ospina de Navarro por intermedio de su esposo don Salvador Navarro Misas, cedió a titulo gratuito un predio que hace  parte de la hacienda de “los galgos” propiedad de los esposos Navarro Ospina,para la construcción del campo de aviación.También se iniciaron colectas entre la colonia de Ituango en Medellín

HidroItuango Viernes 4 de diciembre