lunes, 7 de noviembre de 2016

¡valiente mula tan chicanera! Así le decían las otras bestias al verla en las ferias de los pueblos.Pero si la mula era chicanera, su patrón y dueño demostraba lo contrario:desaliñado,huraño,,mal trajeado,y por debajo del arriero promedio en su pro capacidad y altanería de guapo caminero.Juan Esteban Puerta se llamaba este hombre, hecho a pulso trabajador honrado y habiendo sido un peón disciplinado en su juventud, con agallas de hombre trabajador y ladino se puso a conseguir plata.

LA MULADE LOS DIENTES DE ORO
HISTORIADE NUESTROS PUEBLOS

¡valiente mula tan chicanera! Así le decían las otras bestias al verla en las ferias de los pueblos.Pero si la mula era chicanera, su patrón y dueño demostraba lo contrario:desaliñado,huraño,,mal trajeado,y por debajo del arriero promedio en su pro capacidad y altanería de guapo caminero.Juan Esteban Puerta se llamaba este hombre, hecho a pulso trabajador honrado y habiendo sido un peón disciplinado en su juventud, con agallas de hombre trabajador y ladino se puso a conseguir plata.
Comenzó su carrera de arriero con una o dos mulas fiadas,a transportar mercancías desde su pueblo hasta Medellín.Otras veces se trasladaba a la feria semanal de la Bella Villa a mirarle la dentadura a caballos y mulares que por su vista pasaban.En aquellos años las instalaciones de la feria de ganados quedaban en Otrabanda,esos predios aledaños al rió Medellín al lado de la calle Colombia y donde hoy están grandes almacenes mayoristas de telas,los callejones y corrales de pisos empedrados se llenaban de ganado que alimentaban los trenes del ferrocarril de Antioquia, esa maquina regional que abrió la trocha para que los paisas no se quedaran encerrados entre estas montañas semiesteriles.Con un poncho raido y unas alpargatas descosidas, Juan Esteban Puerta se arrimo a uno de los propietarios de un lote bien tenido de mulas y muletos y le dijo “oiga paisano ¿ cuánto valen sus animales?”.Sorprendido por la apariencia del comprador, la incredulidad le hizo gárgaras en sus adentros ¿con que iba a comprarle su lote este andrajoso parroquiano?, “mucha plata “,contesto entre dientes y se puso a conversar con su vecino “¿ y cuanto es para usted mucha plata?” le replico Juan Esteban Puerta. “Pues digamos que como 800 pesos oro mi don”.De un carriel esmirrado por el sudor y el tiempo, con la lengüeta deshilachada y una piel por la que habían rodado desde hace tiempo guarapo,lluvias,pantano,migas de arepa, gotas de aguardiente y lagrimas de perro querendon.Juan esteban Puerta saco un fajo de billetes amarrados con una pita y contó los ochocientos pesos oro.Un poco turulato y bastante silencioso,el vendedor recibió la plata, la contó y la examino con mucho cuidado y concluyo “hay tiene sus bestias don Esteban y que le sirvan mucho pa su negocio”
Dos meses después don Esteban Puerta se fue a la feria de un pueblo y mientras ruñia un pande queso frío con café con leche (perico),se quejaba de no encontrar una mula fina para su uso personal.Luego en la plaza principal, debajo de un algarrobo, cuándo se le escondía el sol,la vio pasar muy aperada, haciendo sonar las herraduras nuevas por los empedrados de la población.Sin dudarlo busco al jinete,le hablo claro y de contado compro la princesa y se la llevo para su finca.
Le tomo tanto cariño que decidió ponerle forro de oro a los dientes para que no se le gastaran comiendo.Envio un telegrama a Bello, para que un tío le contratara un tegua de dentistería, dé los que allí abundan, fuera hasta su tierra y tomara la impresión dental de la Princesa, en oro de 24 quilates reforzado,la vanidosa mula mostraba,jeta adentro, una mina.
Un día le preguntaron a Juan Esteban que cuanto le había costado esa mula que tanto quería “un castellano” respondio.El ultimo chicharrón de oro que aun guardaba de su tiempo de minero le había servido para comprarla.
Pero con los años la mula perdió repique y talante, sé hizo vieja junto al dueño y un día murió mientras estaba en el potrero.
Juan esteban la enterró en un hueco de cemento cubierto con una loza que sello con hierro y soldadura, puso el nombre encima y dejo pasar unos años.Después hizo abrir la fosa y él mismo le quito la dentadura de oro.Entonces le dijo a su mujer, con cierta sorna: “fíjate mija que mula tan noble, hasta muerta me da utilidades.Cuando la compre me costo un castellano y ahora sus dientes de oro pesan siete castellanos”

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