lunes, 1 de agosto de 2016

Historias de Ituango

Hola Carlos Mario, espero vos te encontrés muy bien y con toda la energía para seguir liderando ese pueblo de ensueño, en el que pasaron todos los años de mi infancia y fragmentos de mis años mozos.Leo con frecuencia el Blog de Ituango Tierra de Paz que hacés con el corazón poblado de recuerdos, y se nota de lejos; que los descargas en el papel (Ahora papel Digital), antes que la neblina mental te los pueda ocultar, en ocaciones hasta sin importar los dictamenes de la Academia (RAE). lo cierto es que la cerbatana con sus flechas cargadas de añoranzas siempre da en la diana y entonces empezamos a merodear por los laberintos de antaño que han quedado improntados en nuestra alma, gracias al aire limpio que respiramos todos aquellos que alguna vez habitamos en las abruptas laderas Ituango.Me deleita ese aparte que hacés en el Blog sobre esas historias cotidianas que ocurrian un día cualquiera en algun paraje del pueblo. Claro, leí con especial atención ese corto cuento sobre mi abuelo, Alfonso Bedoya, que es más divertido contado en palabras de "Nacho Correa" .... y yo tambien me reí cuando Nacho en un arranque de atrevimiento me lo descargó como un rayo, aunque hoy creo que ese fragmento de historia no le hace justicia a mi abuelo; En largas horas de conversacion con él me enteré (por esa cultura oral que tenemos los antioqueños), de los aconteceres del pueblo antes de que la luz llegará a Ituango, cuando hubo escaces de clavos porque en Europa estaban en guerra, y los clavos eran de Francia, incluso cuando en sus tiempos primaverales fué arriero, llevando montones de marranos o vacas hasta la lejana Medellín cuando al otro lado del río de la ciudad (lo que hoy es La America, Laureles entre otros), eran potreros donde reponian energias las bestias de Ituango, al lado de las que llegaban de Urrao, Puerto Berrio, Yarumal y más ... para emprender el viaje de regreso. Entonces a través de sus palabras entendí que la vida era muy dura y conseguir el dinero costaba lo que a hércules cargar el mundo, así que retenerlo el mayor timpo en sus manos era asunto de supervivencía, con ese sistema de ahorro sacó adelante una prole de siete hijos y una esposa (Eva Osorio). En ese orden de ideas ser muy dadivoso no fué su estilo, el metálico lo usó para lo que está hecho, para comprar ropa, estudio,comida y un negocio que sustentara la vida de su decendencía, claro con el pasar de los años se acostumbró a eso y quizá fue algo excesivo, "sin necesidad" como decían los nuestros abuelos. En fin hasta él terminó riendose de esos cuentos propios, porque algún osado se los relató cuando mi abuelo ya era un octogenario que empazaba a desandar por sus propios pasos para hecer un examen de su vida, se reía con fuerza y estridencía. Seguramente en su intimidad le pidió perdón a Dios por sus faltas las rumio en su interior y Dios le regaló casi una decada más que a mí me fué corta para extraer de ese baúl de roble que era mi abuelo, todos aquellos cuentos lisonjeros que impregnaron su extensa vida en nuestros verdes montes de Ituango.Por otro lado y para ahondar en los detalles de la llegada de la Aviasión a Ituango, debo apuntar que en una conversación con mi padre, Hernán Bedoya, el "Negro" como le decimos afectusamente en la casa, se sentia emosionado por haber participado en aquel suceso al recojer de un techo "la prensa" (El Colombiano o el Diario de la época), en el cual ya se relatava el arribo del primer avión a Ituango. El periodico recuperado por mi padre curiosamente llegó a Ituango como llegan los Heraldos; volando, ya que fué arrojado desde el mismo avión cuando hacia su sobrevuelo por el pueblo para anunciar su llegada. Un ilustre pasajero, El Padre Jaramillo (Si no le falla la memoria al Negro), decidió arrojar el periodico por la ventana de la aero-nave y calculando que el viento se lo llevaría decidió aplicar la física, asi que envolvió unos magos en su interior, lo lanzó, bajó raudo, estropeó unas cuantas tejas y al precipitarse en el techo los mangos que lo acompañaban reventarón en su interior y a la población de Ituango mi padre le entregó una noticia pasada por el tinte y las fragancias del mango. ! a quien demonios le iban a importar unas tejas en medio de aquella conmoción ! . creo que hasta a mi abuelo Alfonso le tocó comprar las tejas rotas, finalmente alguien le metio la mano al bolsillo, la aviación terminó por sacarle unos pesos, tal cosa quedará en los anales de la historia Ituanguina.Bien Carlos Mario, ya para despedirme te cuento que mi madre, Mabel Puerta, ensaya incansablemente la serenata que el amado pueblo recibirá con la llegada de la Colonia, ahí está todos los dias al lado de Doña Orfa, tus hermanos Joaquin y Eriberto, Los hermanos Ruíz y todos aquellos sinsontes, alondras y canarios que afinan sus melodias para rendir tributo a los que se fuerón y alegrar el corazón de los que quedan.Yo entre tanto muero de ganas por ir al pueblo de tantos amores pero un proyecto de televisión en el que trabajo actualmente, en el que soy el asistente de direccion, me tiene las cosas un poco complicadas: se llama "Area Silvestre", lo realizamos para El Área Metropolitana del Valle de Aburrá y se emite por Telemedellín los domingos a las ocho de la noche, ahí dejo ese dato para los interesados que lo quieran ver.Lamejor de las suertes en toda esa empresa que es trazar el camino de semejante municipio.Un abrazo.René A. Bedoya PuertaMedellin 22 de Noviembre de 2008

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