viernes, 29 de abril de 2016

jueves, 24 de noviembre de 2011 historia de los primeros vehiculos que llegaron a ituango Por fin, un día del mes de septiembre de 1955, a la una de la mañana, ante una expectante e incrédula multitud antes nunca vista que estaba en la plaza y sus alrededores, el automotor rugió por primera vez en la carrera Bolívar con calle Arias, al frente de donde está el granero El Alfa, convirtiéndose en una fiesta viendo al Willys dar vueltas en el parque principal, las gentes gritaban vivas y corrían tras el pequeño vehículo manejado por Don Javier Duque. Se pagaban diez centavos para viajar hasta la plaza de ferias, El Mandarino, Pajarito, Filo de la Aurora, Chagualonal, Agualinda, La Eme, Los Galgos y a medida que la banca avanzaba serpenteante, gracias a los convites organizados por el Padre Luis Carlos Jaramillo Arango; el carro alargaba su ruta y bajaba a Patiobonito, Calichal, la vuelta del Bombillo y Pescadero, para trascender las fronteras municipales, cruzando el antiguo puente sobre el río Cauca, construido todo en madera en el año de 1886 por el ingeniero José María Villa de Sopetrán, el mismo que levantó el puente de Occidente en Santa Fé de Antioquia.

historia de los primeros vehiculos que llegaron a ituango

Por fin, un día del mes de septiembre de 1955, a la una de la mañana, ante una expectante e incrédula multitud antes nunca vista que estaba en la plaza y sus alrededores, el automotor rugió por primera vez en la carrera Bolívar con calle Arias, al frente de donde está el granero El Alfa, convirtiéndose en una fiesta viendo al Willys dar vueltas en el parque principal, las gentes gritaban vivas y corrían tras el pequeño vehículo manejado por Don Javier Duque. Se pagaban diez centavos para viajar hasta la plaza de ferias, El Mandarino, Pajarito, Filo de la Aurora, Chagualonal, Agualinda, La Eme, Los Galgos y a medida que la banca avanzaba serpenteante, gracias a los convites organizados por el Padre Luis Carlos Jaramillo Arango; el carro alargaba su ruta y bajaba a Patiobonito, Calichal, la vuelta del Bombillo y Pescadero, para trascender las fronteras municipales, cruzando el antiguo puente sobre el río Cauca, construido todo en madera en el año de 1886 por el ingeniero José María Villa de Sopetrán, el mismo que levantó el puente de Occidente en Santa Fé de Antioquia.


Después de pasar el puente de Pescadero, el Willys de Don Javier, pudo llegar hasta Tacuí, cerca a El Valle, corregimiento de Toledo, lugar terminal de la carretera que llegaba desde Medellín. A partir de entonces, los pasajeros que venían en los buses –escalera, cambiaban al Willys para ser trasladados hasta Ituango. Aparte del mecánico Tejada, el único que sabía conducir era Don Javier Duque, pero los muchachos soñaban con manejar “ese animal que caminaba en cuatro ruedas”. Fue el joven Arnulfo Calle Rengifo, muy afiebrado por la mecánica, quien tomó la delantera, seguido por Don Ramiro Espinal y Marco Tulio Correa. Los anteriores, llevaron los siguientes tres Willys, vehículos que prestaron todo el servicio hasta 1963, cuando arribaron el primer camión y el primer carro – escalera que fueron recibidos en el parque con todo el jolgorio que fue capaz de organizar el Padre Jaramillo desde el parlante de la parroquia. Dijeron unos chistosos que las gentesss al ver los primeros carros, les trajeron “aguamasa”.

Concluída la carretera, comenzaron los viajes diarios de escaleras entre Ituango y Medellín para el transporte organizado de carga y pasajeros. La primera empresa que prestó el servicio fue Transportes Félix A. Pérez, para que trabajaran recordados conductores como Don Luis Arango, que tenía fama de despacioso y le decían “Tabaco”, porque fumaba mucho. Luego fue Transportes Arango que, con sus oficinas en Calle Caliente, despachaba la escalera a las cinco de la mañana. En 1977 llegó la empresa Coonorte con conductores como Caruso y El Goyo, quienes hicieron historia por conducir veloz y arriesgadamente por la peligrosa carretera, “Guineo”, Gustavo “Fósforo”, “Tres pelos”, Federico “El pai”, que se casó con una ituanguina, Don José Cifuentes, Don Enrique Torres, Pedro Gumarro y Carlos Chaqueta.

Después de salir de Medellín a las seis de la mañana, normalmente los buses de Coonorte culminaban su viaje en Ituango a las dos de la tarde. Era toda una fiesta la llegada del bus, que hacía sonar su trompeta una vez asomaba en el Filo de la Aurora. Alrededor de veinte muchachos lo esperaban en el barrio Peñitas para correr tras el vehículo hasta llegar al parque, donde unos vendían el diario El Colombiano que llegaba al almacén de Don Benjamín Gutiérrez y otros cargaban las maletas de los viajeros, otros más se especializaban en cuidar puestos en las horas de la mañana y madrugaban para reservar una silla en la parte delantera del bus que no brincara tanto para quien iba a viajar y por esta tarea recibían una remuneración. Nelson Angulo administraba la oficina de Coonorte, ubicada en la salida para La Granja. Posteriormente, fue Víctor Restrepo Bedoya “Víctor Coonorte”, quien asumió el cargo cuando se despachaba en los bajos del antiguo Palacio Municipal, llamado por nuestros abuelos “La casa consistorial”.

Recién iaugurada la carretera se presentó varios accidentes, como el del camión “tres y medio”, que repartía la cerveza y que rodó al abismo antes de Patio Bonito, debajo de los Galgos. Allí fallecieron varios jóvenes Ituanguinos muy apreciados. Murieron Augusto Gonzalez, Raúl Agudelo y el conductor Arturo Palacio, en este camión también viajaba Iván Correa (Mechas), quien al ver que sus compañeros iban muy ebrios prefirió apearse del vehículo minutos antes de producirse la tragedia.



GENEALOGÍA DE LAS ESCALERAS

El primer carro escalera que llegó a Ituango para trabajar exclusivamente en el municipio lo llevó Tobías Arboleda a finales de los años sesenta, para transportar las personas que viajaban en la recién construida carretera que llegaba al Rio y seguida de la Granja. Este fue el famoso “K7” o “el Rey de la trocha”. Luego vinieron las escaleras de Don Guillermo Berrio, en la que muchos de nuestros actuales conductores aprendieron a manejar.

A ituengo a partir de los setenta, con la carretera el Rio avanzando hacia Santa Rita, Quebradona y Quebrada del medio, llegaron otros carros escaleras, para atender la creciente demanda en las nuevas vías, vehículos que hoy permanecen en el servicio, bajo el cuidado de otros dueños que las “engallan”, y mejoran a medida que van produciendo buenos dividendos.

La cero uno de Libardo Quiróz, antes fue una Ford 56 de don Guillermo Berrio, la 19 de don Gildardo Zuluaga, la llevaron los Angulo fue también de Ricardo Zuluaga, la 40 de Humberto Pérez, es un H1, llamada “ la cachetona”, era de Andrés Arboleda, la de Julio Macías ( chucha), perteneció a Tobías Arboleda, Julio llegó a Ituango desde Donmatías, en calidad de ayudante de Luis Castro, la píldora de Palomo ( César Agudelo Areiza, quien en otros tiempos fue gran portero de fútbol, defendiendo los colores de la selección de Ituango, la camilla de Argiro, que inicialmente fue un tres y medio que llevó don Bernardo Zuluaga “ el mono” y fue convertida a escalera, la escalera de Pacho Vera “ Cidra”, una camioneta Dodge, ingresada al parque automotor ituanguino por Sigifredo García y luego convertida, la o2 de Ramiro Espinal, fue de Arnulfo Calle, la 29 de Efraín González, que pasó por las manos de Bernardo Zuluaga “ tamal”, de Luis Ángel Ruíz y de Rubén López, la café de Ramiro Espinal, uno de los primeros conductores nativos, quien trabajó tantos años en el municipio manejando una volqueta que finalmente el vehículo fue conocido como la “volqueta de Ramiro”, la trece de William Pérez, una piragua inicialmente de propiedad de Guillermo Berrio, la angurria es nueva de estar en Ituango, sus dueños se hacen llamar “ los aliados”, la de SigifredoGarcía cuyo primer dueño fue Jaime Zuluaga, fallecido en un trágico accidente en el campo de aviación (Aeropuerto la providencia).



VOLQUETAS Y BUSES

La primera volqueta particular, que rodó en las polvorientas calles y carreteras municipales fue la F6, más conocida como la Calandria de Don Arnulfoa Calle, en ella se trajeron toneladas de arena del rio para las primeras construcciones de cemento en Ituango. Fue famosa hasta que se accidentó en los años 80 en el sitio conocido como Chagualonal, lugar que se utilizaba como botadero de basura. Justo mientras descargaba una volquetada de desechos se fue al abismo, el conductor era Román Tapias, llamado cariñosamente” bola de nieve”, quien se salvó en forma milagrosa.

También existió otra volqueta en los años setenta una Ford sesenta, propiedad e don Guillermo Berrío. Otro automotor de esta categoría que actualmente rueda en Ituango es una Ford Piragua, llamada “la Esperanza”, propiedad de la familia Calle Rivera y manejada por Pedrito Calle.

En cuanto al autoparque oficial del municipio, la primera volqueta fue la F6 que manejaba don Arnulfo Calle y que luego se recordaría como la volqueta de Ramiro. Después se adquirió una international, que prestó sus servicios bajo el cuidado de conductores como Román Tapias, Genaro Marquitos Alvarez, Cosiaca y el recordado Florro, quien se mató en ese vehículo, debajo de la piscina, en la salida para la Granja. Allí hay un monumento en recuerdo

La Doge manejada por Ernestor, Gabriel, Juan Manuel Céspedes “chato”, Marcos Alvarez, Heriberto Roldán “Bombillo”, entre otros.

La Riodo Viaria, una volqueta brasileña, identificada así por una placa con esa inscripción, era de color amarillo, manejada por Julio Alvarez “Gallino” y por el recordado Oscar Jaramillo Lndoño, a quien cariñosamente le decían el “burro”, también la manejó “la roncona”. Otro conductor fue Amado Jaramillo “Conejo”, quien se rodó en ella por los lados de buena Vista.

La Chevrolet, administrada por Marcos Alvarez, Toño González, Nelson Espinal, Juan Manuel Céspedes “El Chato”, Jaime Arias, Guillermo Villa y Jairo Calle.

El municipio ha contado con otros vehículos como la volqueta international modelo 96, comprada en la alcaldía de José Milagros López, el Planchón manejado por Jairo Calle, Jaime Arias y Luis Carlos Rivera “el avestruz” y el camión adquirido en la primera administración de Jaime Montoya.

Se suman a este inventario dos buses. El llamado bus del Colegio o “el viejito”, llegado a mediados de los ochenta para transportar a los alumnos del Liceo a sus prácticas agropecuarias en la finca académica, ubicada en la falda del rio. Y en 1999, en la alcaldía Jaime Montoya, el municipio compra un moderno bus, un international último modelo, para transportar a nuestras delegaciones culturales y deportivas, bajo la responsabilidad de Jairo Calle y Luis Carlos Rivera.



LOS CHIVEROS

Al llegar las carreteras a nuestros pueblos empezaron a aparecer los chiveros, vehículos particulares, que sin estar afiliados a una empresa, prestan el servicio de transporte compitiendo entre ellos mismos y con las empresas organizadas.

Unos chiveros famosos en nuestro pueblo han sido los del amigo Rubén López. Recordamos una camioneta Ford azúl que en Ituango llamaban “el Sida”, una camioneta Dodge amarilla llamada “el dengue”, y una camioneta llamada Chvrolet 52 llamada “la iguana”. Javier Vargas de Cenizas también tuvo su chivero, que después cambió por una escalera.

Gilberto Bolivar fue otro ituanguino, a quien no le podía faltar su chivero. Bolívar tenía una camioneta blanca, que viajaba especialmente para Quebrada del medio. También tuvieron su carro para chiviar, el recordado Jairo Pérez y su hermano Alberto. Nazareno Aristizábal tuvo un camión Ford 54 que le cargaba la panela a don César Piedrahíta desde “las Chambas”.

Con la apertura de la carretera hacia “La Hundida” y Palo Blanco”, aparecieron también los chieveros hacia esas veredas. Recordamos el de Gustavo Saldarriaga “Gustavito” y la camioneta blanca 74 de Eugenio Jaramillo (Eugenio administró por muchos años la Oficina de Rentas Departamentales, además de ser un gran artista intérprete de la guitarra). Y en ese recorrido como no recordar al famoso “Dragón”o al Land Rover de Argiro Correa, el chivero de Octavio Alvarez Upegui de la Undida o el de Otoniel Henao de El Tinto, un Plimouth francés, famoso por el cierre automático de sus puertas (se cerraban con una lambre y un alicate).

Hoy saltan por estas vías el Suzuki LJ de “el cura”, el Dodge de los Agudelos de Quebrada del Medi, el camioncito de Alberto Pérez y el de Carlos.



CONDUCTORES DE LEYENDA

Los primeros camiones que entraron a ituango fueron los de los transportes Félix A. Pérez, que tenía su oficina en la Calle Peatonal (antes calle católica), enseguida de donde está hoy “La mejor esquina”. Fueron sus conductoresAlberto Restrepo, Don José Gómez y sus hijos, oriundos de Donmatías. A ellos le siguieron, “El mono Makiú”, Gustavo Salazar, Luis Ángel, William Isaza, Alfonso Osorio y su hijo, Mario Eusee, “Chucho colilla”, y un camionero a quien llamaban “frisoles”, entre otros. Recordamos un camión doble troque manejado por Don Guillermo que llegaba semanalmente cargado con cerveza. También transportaba cerveza y gaseosa un camión sencillo, manejado por Héctor “Chilingos”.

Camioneros famosos han sido los hermanos Jaramillo, Raúl “La Perra” y Gilberto “El Morado”, hijos de Don Arturo, quien atendía una surtida tienda de abarrotes, donde está Hernán Restrepo “Sandwich, que ofrece sus productos en “La mejor esquina”. Recordamos a “El Alcalde”, que murió en la cabina de su camión víctima de un infarto, a Heriberto “Pate plomo”, a Román Pérez y José Gómez, “Tola y Maruja”, con su par de destartalados “dodges” y al desaparecido Walter López y su camión. Sus hermanos Gonzalo y Albeiro “La Pingua”, han seguido la tradición que comenzara su papá, el querido Rubén.

Otros que “machacaron” piedras entre Medellín e Ituango o que todavía continúan en la brega son Nelson uy y Jaime Angulo, Germán Mazo, Cristóbal Barrera y su ayudante “Cutuso”, Ricardo Zuluaga, “Los Peludos”, Nelson Atehortúa, “Callejas”, Don Uriel, entre otros.

Ituango ha sido tierra de conductores y de los buenos. Es el caso de Nazareno Aristizábal, dueño del récord de tres horas y 45 minutos para viajar entre Ituango y Medellín, al mando de una ambulancia y llevando al señor Lucianito Cardona, quien presentaba peritonitis, luego de ser apuñalado. El propio Nazareno batió el récord para ese mismo recorrido con vehículos pesados, al cubrir la distancia en cinco horas, viajando sin carga en una volqueta HI del municipio.

Recordamos a conductores como Albeiro Pérez “Condorito”, “La Guagua”, los hermanos Quiroz, “Caneco”, “Chamizo”, “Lolita”, Pompilio, César Calle, Ramiro Espinal y su hijo Giovanni, “El Cura”, el recordado “Pescado” y los llegados de otros municipios, especialmente de San Andrés de Cuerquia y que trabajaron por muchos años en nuestro pueblo como Ovidio “El Ahorcado”, Ramiro, Hernando, Omar Lozada, “El Turco” y “Lumbumba” que ayudaban a cargar y descargar.



La fuerza de los ayudantes

El servicio de transporte terrestre de carga y pasajeros, obliga la presencia de auxiliares o los llamados “ayudantes” que a la llegada de los primeros carros a Ituango, tomaron el apelativo de “fogoneros”, recordando una labor que se efectuaba en los trenes, atizando el fogón para la caldera. Los ayudantes son aquellos hombres que alistan los carros, colaboran en el cargue y descargue, cobran los pasajes y responden ante los pasajeros por las maletas y las encomiendas.

Muchos Ituanguinos que hoy son propietarios de vehículos de servicio público, empezaron esta labor. De los primeros ayudantes en Ituango, recordamos a Raúl Correa “La Gata”, hijo de Clementina Correa de El Carmelo y recientemente fallecida en Medellín, Danniel Mazo “Aguadulce”, Hécto Sánchez o “Héctor Mugre”, que no se perdía velorio y entierro, los hermanos “Bucheperra”, Roberto y Guillermo, quien se hizo tristemente famoso porque a pesar de no saber manejar bien, en una madrugada, en medio de unos tragos, salió con varias personas hacia la vereda El Río en la escalera del cual era ayudante y como estaba “buñuelo” y pasado de copas, se volteó en el paraje que conocemos como “La vuelta de Micaela” o “La vuelta del 0”, matando a varias pasajeros.

Aicardo Legarda trabajó por muchos años en las escaleras de Don Guillermo Berrío. Recordamos a Legarda con un trapo rojo en la cabeza y como le gustaba fumar hierba, hacía el viaje ameno y agradable con sus retahílas y cuentos. Humberto Lopera “El ojón”, también fue de los primeros ayudantes o fogoneros como se les llamaba al principio. De igual manera, Salvador Cárdenas “La Chucha”, Luisito Macías, Pedrito Marín. Otros se destacaban por su fuerza como Pablo Graciano, de gran fortaleza y contextura física, de quien se ponderaba había cargado a sus espaldas una nevera hasta llevarla hasta Santa Ana, subiendo por Media Falda, de la Hundida para arriba, sólo y ayudado por una cargadera y que igual proeza había cumplido con un enfriador para Santa Rita, subiendo por la loma de Colombia de La Granja para arriba. En Ituango cuando alguien fanfarroneaba con su fuerza, se le decía: ¡Ni que fuera Pablo Graciano!. Se destacaron también Ernesto Pérez, Ovidio “Mascabucho”, Eusebio Rojas, “Poldo Arias”, Reinaldo Berrío, Antonio Gil “Suso Gil”, que era el encargado de quemar la pólvora en Semana Santa, Sarrazola, Norman Zapata, o “Racimo”, Pedro Bastidas “El negro” que ha sido lustrabotas, “Carepicha”, Carlos Múmera y Oscar Pantoja. Más contemporáneos son Godofredo David, “Mirús”, Fernando y Gustavo Gómez, “Majuña”, “Caresidra”, “El ñato”, “El Viejo”, “Guata”, “Gasparín”, “La Hormiga”, “Cocoliso”, “Muñeco precioso”,”Chicharro”, “Zumbambico”, “Piña”, “Malacara”, “El Gurre”, “Chayán”, “Caretigre”, “Petaco”, “El pato” y otros nombres que se escapan de la memoria, pero personas que recordamos y que con sus fuerzas han ayudado a edificara nuestro pueblo.

Los conductores y ayudantes tienen sus “amañaderos”, sitios en donde se reúnen para comentar los hechos del día, tomarse unas cervezas y “matar” el tiempo libre. A finales de los años sesenta y setenta, el tertuliadero era la Heladería Central de Javier Pino. Actualmente es en la Heladería La Orquídea de Javier Uribe, fundada en los años 80 por Gustavo Mazo. Antes y por muchos años, funcionó allí el almacén de Salvador y Bernardo Correa, en la bomba en el negocio de Marco Tulio Carvajal en Calle caliente. Los hoteles preferidos po los conductores en los años setenta eran El Central, propiedad de Doña Raquel Vargas, el Caribe de Doña Lucila Castañeda, el de Doña Marta Giraldo en lo que hoy conocemos como La Peatonal; en los años 80 el de Aleyda, ubicado en Calle caliente, donde ahora es el Portofino. Los restaurantes preferidos eran los de Carlos Oquendo y Antonio Restrepo “Toño Mondongo”, también en Calle caliente. En La Granja, se hospedadan y alimentaban en el Hotel – restaurante dePelayo. En ese tiempo en Ituango no había parqueaderos y los carros permanecían día y noche en el parque principal y en La bomba, una estación de servicio administrada por Don Julián Monsalve. Como los carros amanecían en la calle, los celadores que los cuidaban eran Jorge Mazo, David Mazo, “El Chivo” y Samuel Espinosa “La muerte”.

Quisimos rendir un sencillo homenaje, recordando esas primeras historias de carros y carreteras y, sobre todo, de aquellos hombres conductores y ayudantes que, con su trabajo honesto, han ayudado al al progreso de nuestro pueblo.

Agradecemos la colaboración del periodista Arturo Tobón Restrepo.

Santa Rita de Ituango


Barrio La Esperanza Ituango


Indigenas Embera con sus canastos


Corregimiento La Granja Ituango


jueves, 28 de abril de 2016

Indígenas Embera en Ituango : Jugando billar


Antigua casa de la otrora y prospera hacienda los galgos en Ituango sus propietarios los Navarro Ospina


Nuestros Indigenas :


Recuerdos de Ituango Cuando yo era muy niña a principios de los años 30, me tocó cargar piedra para la construcción del templo de Santa Bárbara. En ese tiempo no había agua y los jóvenes la cargábamos de unas pilas que había en El Alto de Doña Chinca, en el parque principal o de Cuatro Esquinas.

HISTORIAS DE ITUANGO

MIS RECUERDOS DE ITUANGO


Por: Graciela Zapata de Flórez.

Cuando yo era muy niña a principios de los años 30, me tocó cargar piedra para la construcción del templo de Santa Bárbara. En ese tiempo no había agua y los jóvenes la cargábamos de unas pilas que había en El Alto de Doña Chinca, en el parque principal o de Cuatro Esquinas.

En las casas aún no existía el pilón, entonces, las mujeres pelaban el maíz con ceniza y de ahí el dicho:”Vamos a pelar el maíz”, éste lo molíamos en una piedra para poder hacer las arepas y se asaban en un recipiente en forma de ponchera hecho de barro y lata, llamado callana. En esa época no habían ollas de aluminio entonces los alimentos los cocíamos en ollas de barro, los platos y cucharas eran de palo.

Para remendar o coser la ropa, recuerdo que se cogía un puñado de algodón, que se cultivaba en tierra caliente, se hilaba. En muchas casas había telares de madera que servían para hacer las mantas, cuando se iba a torcer la hebra, ésta se ensartaba en una tusa y la eachaban a bailar para poderla torcer y comenzar a tejer.

En esa época no había bacinilla o mica, entonces se fabricaban unas de palo, llamadas beques que se les denominaba “vaso de noche” o “Panosa que quería decir pa no salir de noche”. Sólo en las casas de los más pudientes, había bacinillas lociadas.

Me tocó vivir en la vereda de Mote, ahí cerquita del Cauca, entre Los Galgos y el puente de Pescadero. En una de esas casas vivía la señora Luisa Concha y servía de posada para los arrieros que iban y venían como Rómulo Sierra, Quico Giraldo, Tulio Giraldo, Emilio Salas, Carlos Uribe, Sergio Sepúlveda, Benjamín Pemberty, Gerardo Roldán, Emilio Alzate, Isidoro Roldán, Arnulfo Granda, Manuel Giraldo y Ana María López, que arriaba una recua de mulas, su vestuario era una falda de color negro, blusa blanca, empleaba unas abarcas con látigos amarrados casi hasta la rodilla, un delantal parecido al que usan los carniceros, un sombrero de caña, una peinilla en la cintura, dos muleras, una de ellas puesta y la otra al hombro, un carriel lleno de cabuya, una navaja para herrar y amarraba la carga, así como lo hacían los hombres

miércoles, 27 de abril de 2016

Historia en Ituango de don Ricardo Tobon luchador incansable y se desempeño en múltiples oficios Abuelo del arzobispo de medellin Las Obras quedan y la gente se va

RICARDO TOBÓN: LAS OBRAS QUEDAN, LA GENTE SE VA.

RICARDO TOBÓN: LAS OBRAS QUEDAN, LA GENTE SE VA.


Por: Gustavo Lopera Piedrahíta.

Don Ricardo Tobón fue un Ituangino de principos del siglo 20,un hombre visionario y progresista, que hizo su fortuna a base de luchay trabajo.Don Ricardo fue el tronco de una de las familias más queridas y tradicionales de Ituango, entre ellos destacamos a Monseñor Ricardo Tobón Restrepo, del cual fue su abuelo.

Don Ricardo Tobón vivió estando muy joven en San Pablo del Riosucio en los limites del departamento de Córdoba, allí se dedicó al cultivo del caucho. Como los caminos eran tan difíciles de transitar y había escasez de bestias, Don Ricardo solía emprender con frecuencia una larga jornada de 5 días para sacar el caucho que cultivaba a Ituango, llevando a sus espaldas cuatro arrobas del preciado producto, le tocaba recorrer extensas y escarpadas montañas, con trochas muy largas e intransitables, hacía semejante recorrido con el caucho a sus espaldas, para poder venderlo en la cabecera municipal de Ituango, claro en esa época contaba con unos 20 años.

Con los ahorros que consiguió con la venta del caucho, se trasladó y residenció en un sitio baldío a unas dos horas del pueblo, el mismo que amplió comprando las dos únicas parcelas abiertas, que pertenecían a las familias Saldarriaga y Santamaría, respectivamente, el terreno tenía varias cascadas y chorros de agua, por lo cual, lo bautizó con el nombre de “El Chorrón”. Años más tarde, se anexó la vereda Singo y de ahí en adelante se conoce esta escarpada y linda región como Singo – El Chorrón, fue allí donde nació en el año de 1922, el gran artista y pintor Ramón Vásquez Arroyave.

Contrajo matrimonio en Ituango con la señora Clara Piedrahíta, unión de la cual hubo varios hijos, algunos muy reconocidos en Ituango en el ámbito de los negocios, allí en su finca con su trabajo levantó su familia. Como eran muy escasas las bestias caballares, tenía varios bueyes, que le servían para transportarse, además muy aficionado a la “caza” para ello contaba con su perra de nombre “Colombia”, que fue famosa en la región, por su sagacidad para coger conejos de monte y guaguas.

Una vez falleció Don Ricardo, su familia se trasladó al casco urbano y cada uno de sus hijos se dedicaron a crear sus propios negocios: Víctor Manuel, el mayor, conocido como “El mono Tobón” a pesar que no ingresó a la escuela, era respetado por su habilidad para leer y escribir, las cuatro operaciones de Matemáticas, las dominaba de memoria, pero era tanto su olfato para los negocios a base de trabajo y lucha llegó a convertirse en uno de los hombres más ricos de Ituango y alrededores.

Pero el “mono” fue un gran luchador de la vida, desempeñó múltiples oficios, en sus inicios fue sastre, talabartero, veterinario y tuvo por mucho tiempo una fábrica de jabón de lavar que él mismo bautizó “jabón Víctor”, fue socio de una mina de oro en los años veinte con unos amigos indígenas que le trabajaban, esta mina estaba localizada en la región de El Tinto – La Florida, en el camino hacia Peque, y se extendía hasta Orobajo en Sabanalarga. También “El mono Tobón” realizó una abertura de tierras en la región de San Pablo del Riosucio, hacia los años treinta, allí más de doscientas reses y una cría de bestias caballares y mulares entre las que se destacaban nombres como “La careta”, “La pólvora”, “La ceniza”, “La cerveza” y “La Filifile”. Más tarde, en la época de la violencia apareció por allí “La chusma”, se produjo el rapto de todos los animales, quemaron la casa y asesinaron a todos los trabajadores, excepto a su socio, el señor Luis Eduardo Carvajal, que sobrevivió a estas acciones. Esta finca pasó a manos del Doctor Jairo Correa Montoya y hoy su dueño es el señor Julio Ciro. Se le atribuye al “Mono Tobón” la invención de la zaranda para las labores del café.

Don Martín Tobón, otro de los hijos de esta familia, fue un gran comerciante en la conocida calle de “El Chispero”, allí tenía una tienda de abarrotes y una compra venta de café, negocio que prosperó porque en esa época no existía aún la compra de la federación de cafeteros, se cuenta que llegó a exportar café a Londres en Inglaterra; Rafael se dedicó a la administración de su tienda de abarrotes, Luis Enrique murió a temprana edad. Hicieron parte de la familia también Gilberto, Julia Rosa y Angelina.

Ya todos murieron, dejando en el municipio una huella de progreso digna de ser imitada por las generaciones siguientes. 

martes, 26 de abril de 2016

Poesias de Nestor Usuga en Ituango : EL MARRANO Soy animal prestigioso de la especie de los porcinos algunos me llaman marrano, otros me dicen cochino.



EL MARRANO



Soy animal prestigioso

de la especie de los porcinos

algunos me llaman marrano,

otros me dicen cochino.



Y comen de mi tocino,

aquellos míseros humanos

me ufanan y me desprecian

y como de lo que sobra

y con la muerte me cobran

tan buena alimentación,

pero soy la sensación.



Cuando en la mesa me ponen

y con gusto ellos me comen,

y soy parte del gourmet

y yo le sirvo a usted

a veces de plato fuerte

cuando mi cuerpo inerte

no se pueda defender.



Todos me pueden comer,

mientras yo disfruto de la muerte

y sé que terminará mi vida

cuando esté bastante gordo,

pero no me hago el sordo.



Para lo que ellos deducen

para mi muerte no hay cruces,

ni recuerdos, ni oraciones,

tan sólo las habitaciones

de una carnicería

termina mi carne fría.



Expuesta para el comercio

y aquel que un día llamaron

el cochino y mal oliento,

hoy estoy en las mejores mesas,

sirviéndoles de alimento,

pues no digas al momento,

sin pensar para decir,

nunca critiques a nadie


sin saber que te va a servir.

Poesias de Nestor Usuga en Ituango : LA MULA Soy animal prestigioso de la especie de los equinos y cruzo por mis caminos con mi lomo lleno de carga.

POESIAS DE NESTOR USUGA POETA Y ESCRITOR ITUANGUINO

LA MULA

Soy animal prestigioso

de la especie de los equinos

y cruzo por mis caminos

con mi lomo lleno de carga.



La jornada, a veces, es larga,

El camino a veces se hace agreste,

Pero cueste lo que cueste

Subo la empinada loma.



Mientras mi dueño atrás entona,

Muévete mula hijueputa

sin saber que mi gusto

es servirle toda una vida

Hasta que me encuentre cansada

Cargar más ya no decida.





Cuando se llega el domingo,

Mi dueño se engalana

Se pone carriel y ruana.



Y en cintura un machete,

un sombrero blanco,

hecho de pura caña

y a veces me regaña

para que vaya más de prisa.



Cuando en jolgorio y en risas,

con un olor a aguardiente

el muy contento se siente

de tan hermoso ejemplar.



Y le dice a todo el mundo

véanla es trotona y galopera

además de compañera

fiel para toda jornada

y lleva la más pesada

carga con actitud,



Pero no se da cuenta

que esta trágica esclavitud

me deja restringida de

con mis tareas.



Yo sé que llegará el día

en que sola en un potrero

para mi no haya compañera

más que la soledad



Me consolaré con rebuznar

porque ya mi vida es nula

y aquí termina la mula

que tanto al amo sirvió

que nunca cuenta se dio

de tan valioso servicio.



Me dejará para que la muerte

me dé el veredicto sin juicio

y aquella que un día

fue la trotona y galopera,

ahora es sólo quimera.



De la vida que acumula

las penas y las glorias

de aquellos que nos sirvieron

que terminan sin historia

como una infeliz mula.

Recordando la vida social en Ituango : heladerias, club social, discotecas ( Vida Nocturna, la calle peatonal Zona Rosa )

VIDA SOCIAL EN EL ITUANGO DEL AYER ...POR ROSA DELIA SEPULVEDA

El desarrollo y crecimiento de las relaciones humanas y sociales en las generaciones pasadas, presentes y futuras, han tenido, tienen y tendrán unos escenarios propios para el cambio de rutina por factores como el trabajo, el estudio, el manejo de familia, la política, los negocios, el deporte y las mismas preocupaciones, que conducen necesariamente al descanso, al esparcimiento, la relación, la recreación y el entendimiento con los demás estamentos de la comunidad.


El transcurrir de la vida nocturna en Ituango de la década de los años cincuenta para acá con espacios y lugares como heladerías, discotecas, griles, clubes y tabernas que han ofrecido una serie de condiciones necesarias para darle una rienda suelta a los sentimientos, alos gustos, a la tradición, a la costumbre, a la idiosincrasia, a los hábitos que terminaron por llevar a jóvenes y a adultos a interminables noviazgos y amoríos, pequeñas aventuras, chismes sin fin, matrimonios disueltos, noviazgos rotos, reconciliaciones, largas borracheras por que la música de carrilera, la romántica o sentimental o de despecho, requiebra el sentimiento y echa a rodar las lágrimas sin ningún atenuante.

El señor Sigifredo Correa fundó en Ituango, la primera heladería llamada “Las Flórez”, ubicada en la calle Berrio, donde hoy está la tienda de Don Suso Posada en la que tuvo que ver también el Señor Vicente Flórez, yerno del desaparecido Germán Duque. Más tarde, aparece en el marco de la plaza principal el café El Pilsen, dirigido inicialmente por Millo Zapata quien a su vez, trajo al primer piano a calle caliente y luego el señor Fidel Trujillo, trajo uno más a una cantina que funcionó en el local que sirviera de actividades a la heladería tropical, también desaparecida. Más tarde, se pasó a denominar heladería Central, de gran tradición en Ituango, igualmente con un piano y cuyo eslogan en la década de los años 60 era: “En Ituango, el primer sitio social” y administrado por muchos años por el Señor Javier Pino.

En la calle Santa Bárbara, sector que comprende el pasaje peatonal hoy, en un local donde fuera la residencia del señor Gabriel Muñoz, funcionó por un tiempo el club “El Arrabal”, llamado así por haber sido administrado por un señor apodado “arrabal”.

Más o menos a partir de 1973, se fundó la Cachipay, posiblemente, en honor o mencionando aquel pasillo, administrado en un comienzo por un señor Gustavo Mejía. Allí se contrató a un grupo de música que iniciaron los hermanos Ruíz, adoptando varios nombres, uno de ellos, Dimas 4, que estuvo integrado por músicos Ituanguinos como los hermanos Luz Edith y Pablo Emilio Espinal Morales, Darío Valle, Gonzalo Álvarez, Javier Gutiérrez Jaramillo, Margarita López David, Orencio Agudelo Granda, Román Monsalve, Guillermo Cardona “Pinocho”. Esta discoteca desapareció a comienzos de 1982. Así mismo, la heladería “Las Hilachas”, después denominada “El Infierno” y que estuvo administrada por Joaquín Arango”.

La Discoteca Grill Los Guaduales, fue fundada e inaugurada en la calle Berrío, los días 10, 11 y 12 de diciembre de 1983, con la animación del combo de Félix Álvarez, siendo orientada en un tiempo los hermanos Monroy. Así, sucesivamente van apareciendo, otras heladerías, tabernas o discotecas como Fuente de soda Palmeiras de Ituango en la esquina del actual comando de policía, administrado por el señor Noé Hernández y luego por el señor Mario Ortega Lopera, quien le cambió el nombre por el de “Luces de París”. Luego Los Camellos en Calle caliente, la Doreski, donde actualmente funciona la Ferretería Ituango, La Terraza, El Castillo, La Costa Azul, Candilejas, La Cascada, la Heladería Tropical, La Leo, La Orquídea, La Umagá, donde estaban los famosos “trenes del amor”, nombre dado en honor al Cerro de Umagá, por los lados de Pascuitá, Noches de Ituango, El Paraíso, Los Arrieros, El Oasis, Taberna Jaidukamá, Taberna Horus, Las Colinas, Fonda Mis Tapias, Remembranzas, etc.

Vale la pena evocar ahora cuando está cerca el fin del siglo y después que en el tercer milenio sean las nuevas generaciones sigann contando estas historias.

domingo, 24 de abril de 2016

EL CONCEJO DE ITUANGO EN EL AÑO DE 1945 : Acuerdo Nº 27 del 2 de julio de 1945.

EL CONCEJO DE ITUANGO EN EL AÑO DE 1945

ASÍ SESIONABA EL CONCEJO DE ITUANGO:


Acuerdo Nº 27 del 2 de julio de 1945.

El Concejo Municipal de Ituango en uso de sus atribuciones legales acuerda:

Nombrar una comisión integrada por los señores José Ibarra, Alcalde Municipal y los Honorables Concejales: Domingo Duque M, Manuel Trujillo J y Alfredo Pérez C. para que se transladaran a la ciudad de Medellín con el fin de :

Gestionar un empréstito con la cooperativa de Municipalidades de Antioquia, con destino a la casa consistorial de ésta ciudad.

Obtener del Sr. Gobernador que en la próxima Asamblea se incluya una ordenanza de auxilio para el Municipio ya que próximamente estará cumpliendo cien años de fundación.

Obtener de los Honorables Diputados el apoyo decidido en lo que se refiere al punto anterior.

Averiguar el precio que costaría traer un técnico eléctrico para hacer una revisión a la planta de la luz.

Señálese la suma de 200 pesos M-L como viáticos a los señores Ibarra y Duque, más no así a los señores Trujillo y Pérez que en éstos momentos se encuentran en la Ciudad de Medellín.

El presidente Marco A Montoya.

El Secretario Carlos Palacio Mejía.

Flor del carbonero