viernes, 27 de junio de 2014

RECORDANDO A UN POETA ITUANGUINO " MUNERITA "

JESÚS MARÍA MÚNERA ROJAS, POETA ITUANGUINO
Nació en Ituango el 01 de noviembre  en el hogar de Julia y Jesús María, ya fallecido, es el cuarto entre diez hermanos. Cursó sus estudios de educación básica primaria en la escuela Antonio J. Araque, en el Liceo Pedro Nel Ospina, terminó su bachillerato  el 29 de octubre  de 1980.
Se preparó con mucho sacrificio y dentro de sus grandes aptitudes, estaba la poesía; dejando un gran número de escritos, aún inéditos, que se calculan en unos 120. Varios títulos de sus poesías son:  “ a Las Rosas, cuando cae la tarde, Mi Canción, Me alejo de aquí, yo soy, dedicada a Ituango, cuando nace un poeta, mi madre, el amor, recordando el pasado, mientras viva, me gusta cuando llueve, la única ley, Contra Viento y marea, viento del otoño, El Exiliado, , por los caminos de la patria”.
Jesús María trabajó por varias temporadas en el supermercado cafetero, ayudaba en la farmacia de Javier Molina y se presentó en la univerdad de Antioquia, para adelantar estudios de medicina, pero no lo logró. Entre sus amigos más cercanos en Ituango, estaban Javier Molina Madrid, Homero arciniegas, ex - Rector del Liceo Pedro Nel Ospina, Elías correa Toro, Andrés Avelino Zuleta, Marina Aguirre, Carlos Arturo Calle Valencia, entre otros.
Esperamos que el Alcalde de Ituango y las personas que vallan a manejar la cultura en nuestro municipio, tengan en cuenta el trabajo de este poeta ituanguino, para que se publique su extensa obra, sería la mejor manera de  rendirle un homenaje a este joven ituanguino, que a pesar de fallecer muy joven, dejó su obra como ejemplo de la Ituanguinidad y superación.
Este ituanguino falleció en Ituango de manera repentina el 24 de julio de 1984; y como muestra de unas de tantas poesías está la siguiente:
YO SOY: 
Autor: Jesús María Múnera  Rojas.
Yo soy itaunguino, vengo de tierras montañosas,
Soy alegre cuando quiero serlo
Y soy triste cuando me invade la tristeza

Yo soy de un pueblo lejano
 Situado entre las montañas
Soy de un pueblo campesino
Que añora su libertad

Mi pueblo es alegre
Vend, aquí los espero
Si quereís verlo, si quereís apreciarlo
En toda su belleza y esplendor

Mi pueblo es de gente joven
También de gente anciana
Que busca con esmero
Su paz, su amor y su alegría

¡Hermano ituanguino cantad
Con esperanza;
No canteís con tristeza
Cantad a todo el mundo
Con un sentido de amor profundo

El ituanguino lleva la alegría
A todas partes y sonríe a todo el mundo
Vengo de raza india, no soy negro
Ni blanco, simplemente, soy de raza india

RECORDANDO LA HISTORIA DE ITUANGO


EN EL PARQUE DE LA PLAZUELA DE ITUANGO


jueves, 26 de junio de 2014

asi fue la fundacion de Ituango por los Españoles

FUNDACIÓN DE ITUANGO


Indudablemente que los primeros conquistadores que llegaron a nuestro territorio ituanguino, fueron los españoles Gaspar de Rodas y Andrès de Valdivia.

El hecho de estar nuestro territorio cerca del río Cauca, ayudó a que a principios de la conquista Española ya se hablara de la región de Ituango.

La primera ciudad que fundaron los conquistadores Españoles en territorio antioqueño, fue Santa María la Antigua del Darién, luego siguió Santa Fe de Antioquia y en tercer lugar San Juan de Rodas en Ituango, muchos antes que se fundara la ciudad de Medellín.

Al llegar los españoles a territorio antioqueño, las principales tribues que encontraron fueron los Ebéjico, peque, penco, norisco, tuango, pubios, zeracunas, araques, guacusecos, tecos, cuerquies y catíos. Estos indios eran cultos, bien vestidos, escribían sus historias en jeroglíficos pintados en mantas, usaban medidas y pesas, no empleaban venenos en sus flechas y dardos, querían mucho a sus hijas mujeres, las cuales eran bien parecidas, se adornaban con joyas de oro, no tenían santuarios, adoraban las estrellas y tenían una confusa idea del diluvio, creían en un dios y en la inmortalidad del alma, sus alimentos eran raíces nutritivas y la base de la alimentación era el maíz, del cual hacían sus bebidas, eran guerreros y belicosos, así los describe el cronista español Fray Pedro Simón.

En el año 1568, Don Alvaro Mendoza, Gobernador de Popayán, autoriza a Don Gaspar de Rodas para fundar una nueva ciudad en donde lo creyera conveniente a fin de sujetar y reducir las belicosas tribus de la región de Antioquia. Don Gaspar de Rodas, ubicado en Santa Fe de Antioquia , publicó la jornada o invitación, en consecuencia, le acudieron aventureros de todas las colonias vecinas y también hombres de bien que deseaban mejorarse en fortuna , entre ellos , Francisco Ospina, años más tarde,fundador de la ciudad de Remedios. Logró pues Don Gaspar de Rodas reunir unos ochenta hombres de armas y unos 500 indios de servicio; visitó primero el valle de Norisco, cerca a Frontino, los indios de esta comarca para desembarazarse de tan incómodos visitantes, les dijeron que las riquezas y comodidades, se hallaban más adelante en tierras de Ituango ; al hacerles caso, Don Gaspar de Rodas no encontró sino trabajos, aunque logró sujetar muchas tribus y descubrir grandes poblaciones en las orillas del río Zenú o Sinú.

Como Don Gaspar de Rodas dilataba con diversos pretextos la fundación de la nueva ciudad, la misma que el Gobernador Mendoza de Popayán le había encomendado en misión, varios de sus soldados se empezaron a impacientar, pues se sentían cansados, uno de ellos, Francisco Ospina que con 20 hombres se separó del grupo y regresó a Santa Fe de Antioquia, donde acusó a Don Gaspar de Rodas ante el Gobernador de Popayán, en el sentido de que Rodas se demoraba para fundar la ciudad encomendada. Ante esta situación y para evitar que más hombres desertaran, Don Gaspar hizo el primer intento de fundar una ciudad, la cual llamaría San Juan de Rodas para perpetuar su apellido.

El primer intento lo hizo donde hoy queda Cenizas ( cerca al río Ituango ) , de ahí su nombre. Dice el cronista español Fray Pedro Simón que la nueva ciudad, tuvo una vida efímera, escaso un mes, ya que los belicosos indios tuangos la incendiaron dos veces. Ante lo anterior, Don Gaspar de Rodas, decidió buscar otro sitio y para ello se encaminó hacia las laderas del río Cauca, tal vez, pasando por donde hoy está ubicada la población de Ituango y después de más de un año de correrías; se decidió a fundar en territorio de Ituango, para ser mas exactos  donde está la hacienda San Juan de Rodas, más o menos cerca a donde ahora está la casa principal de la finca Líbano en un potrero conocido como los mangos , dos leguas hacia el norte con vista hacia el cañón del río Cauca. La ciudad o villa recibió en solemne ceremonia el nombre de San Juan de Rodas.

Más adelante, mandó Don Gaspar a uno de sus hombres de confianza para que explorara los alrededores, hallando suspendido sobre el río Cauca, donde desemboca el río San Andrés; un puente de bejucos construido por los indios, llamado por estos brenduco, los hombres de Rodas lo pasaron y se encontraron con un valle limpio al que llamaron luego Valle del Guarcama o del río San Andrés, como ahora lo conocemos.

Mientras tanto, los indios del lugar, descubrieron un medio de molestar y hostilizar a los españoles, prendiendo fuego a los pajonales donde éstos acampaban, con el viento se propagaban rápidamente las llamas y los españoles huyendo de ser quemados, rodaban por los barrancos y precipicios, pues todo aquel terreno es tierra muy quebrada y limpia de bosques, tal cual la conocemos hoy, desde el puente de Pescadero hasta Ituango. Entre tanto , otro grupo de indios tuango, quemaban las sementeras de los pocos habitantes de la reciente ciudad fundada de San Juan de Rodas.

El capitán Rivadeneira , hombre de confianza de Don Gaspar de Rodas, sorprendió una mañana a uno de los jefes de los Tuango, el Cacique Teco y lo hizo preso, éste le hizo saber al Capitán Rivadeneira que se si esperaba hasta la noche, sus vasallos le traerían muchísimo oro para obtener la libertad de su jefe; creyendo sinceras las promesas, suspendieron la marcha, pero ya al entrar la noche fue tanto el tropel de indios y tan audaz la arremetida que liberaron a su jefe e hicieron correr a los españoles.

Mientras tanto en el año 1571 arribó Don Andrés Valdivia. Llega a Cartagena nombrado Gobernador de la Provincia de entre los dos ríos , Cauca y Magdalena. Sin embargo, en el caso de Santa fe de Antioquia y San Juan de Rodas que quedaban a la izquierda del río Cauca, no quedaban incluidas en dicha provincia. Valdivia tuvo el arte de hacerse reconocer como Gobernador con el apoyo de Popayán, incluyendo a las anteriores ciudades, es decir, Santa Fe de Antioquia y San Juan de Rodas.

A los dos años vino de España la declaratoria excluyendo expresamente de su jurisdicción los pueblos fundados por españoles en la rivera izquierda del río Cauca. ( Santa Fe de Antioquia y San Juan de Rodas )

Mientras tanto, en la ciudad de San Juan de Rodas, los indígenas Tuangos se propusieron arrojar a los españoles de sus tierras y atacaron con mayor furia la población de San Juan de Rodas , en esta acción murió el Capitán Velasco, quien era el jefe de seguridad de Don Gaspar de Rodas, de dos heridas penetrantes de flechas, a Leonel Ovalle que era su segundo al mando, lo pasó un dardo matándolo en el acto junto a su caballo , otros españoles murieron a golpe de macana. Los indios se retiraron también con muertos y heridos, unos a bala y otros mutilados por los perros o alanceados por los de a caballo, este feroz ataque mostró a los españoles que no era prudente esperar un nuevo ataque y empezaron a abandonar la ciudad comenzando a retirarse de la región de Ituango, donde habían pasado demasiadas penurias y perdido muchos de sus hombres. Don Gaspar de Rodas con un poco de sus hombres, regresó a Santa fe de Antioquia, mientras sus compañeros esperaron para recoger sus cosechas a fin de abandonar definitivamente la recién fundada San Juan de Rodas , en esas llega Don Andrés de Valdivia a San Juan de Rodas, antes que los vecinos de esta se dieran cuenta de la anulación de su gobernación , convocándolos a la plaza de la maltrecha y derruida San Juan de Rodas, los incitó a abandonar la ciudad y a buscar en la orilla derecha del río Cauca un sitio más apropiado para poblar. Gustosamente los habitantes de San Juan de Rodas accedieron y le ayudaron a construir un puente al estilo de brenduco, el que habían construido los indios en la desembocadura del río San Andrés, cerca de donde ahora está el actual puente de Pescadero, este puente lo construyeron con cuero de res y bejucos, el fin de este era pasar las pertenencias de los que salían de San Juan de Rodas, pero especialmente, el ganado y los granos. Al pasar el puente llegaron por fin a un valle ameno, limpio y espacioso que los naturales llamaban de Guarcama, los indígenas de este territorio recibieron a los visitantes en paz y dieronn espontáneas provisiones a los españoles.

Valdivia seguidamente se declaró gobernador de la provincia de los dos rios y procedió a fundar una nueva ciudad(donde hoy queda el Valle de Toledo), allí con 46 soldados a mando y un poco más de 500 indios al servicio, fundó la ciudad de Ubeda (en honor al pueblo donde había nacido), fundar la población no costaba nada, unos cuanto bujidos (bohíos) de madera que en 24 horas cortaban en el monte los indígenas de servicio, algunos bejucos para asegurar las varas y hojas de palma para cubrirlos, una horca que se erigía en la plaza y un pliego de papel en el que se extendía la diligencia de posesión en nombre del Rey de España.

Después de establecida la nueva ciudad, venía lo más difícil que era mantenerla , sujetar los indios y obligarlos a que hicieran sementeras y buscaran oro para alimentar su codicia , para ayudar al sometimiento de los indígenas llegó un refuerzo de Santa Fe de Antioquia. El capitán Pedro Pinto Vellorino al mando de 36 soldados. Al principio todo comenzó color de rosa con la pasividad de los aborígenes, pero al obligarlos a trabajar la tierra y buscar el ansiado oro; éstos se comenzaron a rebelar, entonces el español Bartolomé Sánchez Torreblanca , inició con los maltratos, los indígenas de la región se concentraron y planearon una mortal emboscada en el sitio que hoy conocemos como La Matanza, cerca al Valle de Toledo, donde el 15 de octubre de 1574, el Gobernador Valdivia y sus acompañantes perecieron, los pocos que lograron huir, regresaron a Santa Fe de Antioquia y se pusieron bajo la protección de Don Gaspar de Rodas que gobernaba en aquella ciudad por orden del gobernador de Popayán.

De allí Don Gaspar de Rodas, pasó de nuevo al Valle de Guarcama, donde fingiendo mostrar amistad a los nativos, los castigó severamente, entre ellos, al cacique Guarcama a quien hizo matar en escarmiento por la muerte de Valdivia y de sus hombres. De aquí pasó Don Gaspar de Rodas , Cauca abajo y en 1576 fundó a San Martín de Cáceres, en 1580 fundó a Zaragoza de las Palmas. Finalmente, llegó a El Valle de Aburrá, donde fue dueño de casi todo Bello (Hatoviejo) y murió apaciblemente en compañía de su esposa, hijos, nietos, pero siempre con la nostalgia de no haber podido fundar a San Juan de Rodas y en su vejez contaba sus aventuras y penurias en tierras de Ituango, montañas que consideraba las más escabrosas conocidas por él y los indígenas Tuangos, los más valientes y guerreros que hubo en la conquista española.

año 2009 pavimentación de la calle principal de barrio pió décimo de Ituango


CENTRO EDUCATIVO RURAL EL OLIVAR EN ITUANGO ARRIBA DEL CORREGIMIENTO DE LA GRANJA


¿Cómo afectó Hidrosogamoso a ‘La Playita’?

¿Cómo afectó Hidrosogamoso a ‘La Playita’?

OBRAS DE ARTISTAS ITUANGUINOS EN EL TEATRO MUNICIPAL DE ITUANGO


miércoles, 25 de junio de 2014

la colonia de ituango residente en la ciudad de Medellin siempre se ha preocupado por su pueblo AQUÍ LES CONTAMOS UNA BONITA HISTORIA


INFORME DE OBRAS REALIZADAS EN ITUANGO, MEDIANTE LA COLABORACIÓN DE LA COLONIA RESIDENTE EN MEDELLÍN. A medidados del año 1975, como había ocurrido otras veces, la carretera a  Ituango se vio interrumpida por una serie de derrumbes que dejaron el pueblo completamente aislado hasta el punto de carecer de artículos de primera necesidad que debían llegar de otros lugares.  Entonces, surgió en Medellín el entusiasmo de Enrique Posada, ituanguino de pura cepa, que quiso solidarizarse con su pueblo en esos momentos de angustia y para tal fin, convocó a los paisanos residentes  en la capital, para buscar la forma de prestar alguna ayuda.Fue así como se llevaron a cabo varias reuniones en la sede de la Universidad San Buenaventura, regentada en la época por Fray Arturo Calle Restrepo, otro paisano de la Comunidad Franciscana, quien también muy generosamente nos prestó un salón para las reuniones que fueran necesarias.Nos pusimos, pues en el plan de reorganizar La Colonia y pronto se eligió la Junta Directiva, integrada por el Doctor Silvio Trujillo Acevedo como Presidente;  Jesús María Valle Jaramillo como Vicepresidente; Lola Araque Roldán como Tesorera;  Elisa Calle Calle como Secretaria y los vocales: Alfonso Upegui Espinal, Enrique Posada Úsuga, Rafael Araque Botero, Lucila Upegui Restrepo y  Sigifredo Correa Correa Se reunía  semanalmente, unas veces en la oficina del Doctor Valle, otras en la de Sigidredo Correa o en la casa de Enrique Posada, pues en la universidad, solamente se reunía la Asamblea. Empezamos con mucho entusiasmo y pronto se nos informó que Ituango, no sólo tenía una pésima carretera, sino que tampoco tenía energía eléctrica, ni acueducto, además el servicio de transporte que prestaba la empresa Coonortge, era una verdadera calamidad, en salud y educación había muchas necesidades.En vista de tantos y tan graves problemas, resolvimos conformar una comisión para que viajara a Ituango y personalmente se enterara de las necesidades más apremiantes.  Con anterioridad al viaje, se acordó enviar varias cartas al Alcalde, al cura, al Honorable Concejo Municipal y demás personas prestantes del municipio, anunciando la visita.   A finales del mes de octubre, un día sábado,  viajó la comisión integrada por Sigifredo Correa, Alfonso Upegui y Elisa Calle Calle.  Esa misma noche, nos reunimos en la sede de la Alcaldía, aunque con muy poca asistencia de los invitados, probablemente por estar cayendo a esa misma hora un torrencial aguacero.  El Alcalde, hombre dinámico y emprendedor, oriundo del municipio de Andes, propuso que si la comisión no tenía mucho afán de regresarse, pues ninguno tenía otros compromisos,  se encargaría de citar a reunión  al Honorable Concejo Municipal y como no teníamos afán de hacerlo, así se hizo con el objeto de tratar más ampliamente los temas puesto que el burgomaestre apenas llevaba dos meses en el cargo, era el más interesado en conocer al máximo al respecto. El lunes, 25 de octubre, en el recinto del Concejo, expusimos las razones de nuestra visita, cosa que los alegró muchísimo a la corporación, en cabeza de su presidente, el señor Germán Duque Pérez, quien se manifestó muy agradecido de  vernos tan interesados de ayudar a solucionar los problemas y a no seguirnos sintiendo tan olvidados.  Explicó los siguientes aspectos:  La planta eléctrica, instalada en la vereda El Río, sin capacidad para el crecimiento de la población, deteriorada por el paso de los años y la reparación duraba muy poco, permaneciendo el pueblo a oscuras casi todo el tiempo, pues funcionaba con ACPM y el costo era demasiado alto.Consideramos, entonces tramitar una obra grande para llevar la energía de las Empresas Públicas de Medellín, pero algunos ediles opinaron que sería una obra muy costosa y el municipio no estaba en capacidad  de afrontarla.  En vista de lo anterior, propusimos que se tramitara a nivel regional, asociando los municipios de San José de la Montaña, San Andrés de Cuerquia, Toledo e Ituango.  Valía la pena hacerlo, fue aprobada y quefaba en manos de nosotros hacer las averiguaciones del caso, lo mismo que ante la Cooperativa de Municipalidades a ver que solución podría dársele a la planta eléctrica existente. Se habló de la creación de una biblioteca, pues era un deber de proporcionar a los estudiantes ese medio de consulta, y en este punto se acordó, que el municipio destinaría el local que en el palacio municipal estaba en la esquina, en el primer piso, con el frente hacia la plaza.  Se encargaría también de la respectiva dotación, de nombrar la bibliotecaria y entregaría algunos libros propiedad del municipio.  Nosotros en la ciudad con los paisanos, amigos y entidades que consideramos que nos podían ayudar, nos encargaríamos de conseguir muchos más.El servicio de transporte era una verdadera calamidad.  Sólo había dos líneas, los carros tan supremamente destartalados que podía considerarse un irrespeto.  Mucha gente viajaba de pie por falta de cupo, desde Medellín hasta Ituango y viceversa, en este punto nos comprometimos también a hacer lo máximo ante el Instituto Nacional  del Transporte – Intra  - , en esa época, para buscar el mejoramiento respectivo, aunque había necesidades en otros campos, la biblioteca, la energía y el transporte, fueron las más importantes y por las que queríamos empezar a trabajar.Permanecimos en el pueblo unos cuatro días que dedicamos a conversar con la gente y a visitar algunos lugares como el hospital, las escuelas, el asilo, entre otros y por donde pasábamos, las personas que sabán el motivo de nuestra visita, nos decían:  “Con tal de que nos arreglen el problema del transporte, aunque no hagan nada más”.Se acordó, entonces conformar una comisión integrada por el Alcalde, algunos Concejales, integrantes de la Junta de Acción Comunal y de la Junta Directiva de La Colonia para reunirnos con altos funcionarios en la capital y que tenían que ver con los asuntos tratados, pero antes con la solicitud de las audiencias respectivas para cada caso.  El invierno continuaba muy fuerte y en la carretera sólo se daba paso provisional, pues nos tocó de ida y regreso, trasbordar. En cuanto a la biblioteca, Extensión Cultural Departamental, nos hizo una buena donación de libros y preparó adecuadamente a la funcionaria para este fin.  Los paisanos amigos fueron generosos y de los fondos de la Colonia, adquiridos por medio de bingos, bailes y otros, fueron hechos aportes, comenzando a funcionar maravillosamente en abril de 1976.  Como visitábamos frecuentemente la sede de Extensión Cultural para informar y consultar, la Directora siempre nos recalcaba con insistencia: “Por favor, no vayan a permitir, por ningún motivo, que se le cambie la sede a la biblioteca, porque eso equivaldría a su final, pues así ha ocurrido en otros municipios.”  Entonces nos comprometimos a permanecer vigilantes en lo posible.En lo relacionado con el transporte, si encontramos muchas dificultades.  Nos presentamos puntualmente en el despacho del Subdirector del Intra, en donde encontramos, sin esperarlo, al señor Gerente de Coonorte.  Le expusimos el problema ampliamente, pero vimos a dos personas cerradas a cualquier intento de solución, pues se empeñaron en sostener que no era cierto lo que decíamos, situación que ocurrió en tres reuniones.  No valió que se les describiera los buses que unos meses atrás había yo viajado, destartalados, una vergüenza e insulto para los pasajeros y que después de muchos tropiezos en la carretera en un bus en que habíamos salido de Ituango a las seis de la mañana,  solo a las diez de la noche llegamos a Medellín.
Optamos por escribir sendas cartas a los Alcaldes y Juntas Directivas de las acciones comunales de los tres municipios vecinos, exponiendo el caso, ya que ellos tenían el mismo problema, además propusimos la idea de solicitar apoyo para la entrada  de otra empresa a la ruta para hacerles competencia.  En pueblo pequeño, las noticias corren rápidamente y lo importante era que llegara a oídos de Coonorte.  Así sucedió, se crearon otras dos líneas más y empezaron a enviar buses muy buenos. En cuanto a la energía eléctrica, nos presentamos en la Electrificadora de Antioquia, oficina de la época para proponer la obra y de allí nos mandaron para Planeación Departamental, donde el Jefe nos recibió muy bien y nos dijo:” Consíganse la plata y en dos años, se pondrá en servicio”.  Salimos felices de allí y días después tuvimos la oportunidad de conocer a Jaime Cifuentes Cataño, otro  joven ituanguino, que nos puso en contacto con el Doctor Mario Gutiérrez Cárdenas, otro ituanguino que había sido congresista y en ese momento era miembro de la Junta Directiva de Empresas Públicas de Medellín y se mostró dispuesto a ayudarnos en todo lo que fuera posible.  Tomaron, además parte en esta obra la Federación de Cafeteros y los municipios de San Andrés de Cuerquia, Toledo, Ituango y San José de la Montaña, éste último no quería participar en un principio, pues no lo consideraba indispensable para su servicio, pero luego sus autoridades  se convencieron que no debían perder esa oportunidad.La Cooperativa de Munincipalidades envió los ingenieros para reparar la planta eléctrica de Ituango para proporcionar el alumbrado el tiempo que durara la ejecución de la obra, no dos años como se esperaba sino tres.Firmamos este informe algunos de los que fuimos miembros  de la Junta Directiva de la Colonia de Ituango residente en Medellín, entre 1975 y 1978: Enrique Posada Úsuga, Alfonso Upegui Espinal, Elisa Calle Calle y Sigifredo Correa Correa.
Dado en Medellín, noviembre 12 de 2004.

LA PARTIDA DE PEQUE ESTA SITUADA EN LA PARTE ALTA DEL BARRIO EL CARMELO Y SE CONOCE CON ESE NOMBRE POR QUE ERA EL ANTIGUO CAMINO PARA SALIR HACIA EL MUNICIPIO DE PEQUE Y A LA VEZ EL LLEGADERO DE LOS QUE VENÍAN DE PEQUE HACIA ITUANGO


INTERIOR DEL TEMPLO DE SANTA BARBARA EN ITUANGO AÑO 2013


ASÍ SE VEÍA EL PARQUE DE ITUANGO A PRINCIPIO DEL AÑO 2000


lunes, 16 de junio de 2014

para nunca olvidar y siempre recordar lo que un dia ocurrio en el aro

martes, octubre 21, 2008

EL ARO Y SU TRAGEDIA.............QUE NUNCA OLVIDAREMOS

TOMADO DE VERDAD ABIERTA “Si lo quiere tanto; entonces, duerma con él”, le gritó el hombre a Rosa María Posada y la empujó encima de su marido, quien yacía tirado sobre la yerba húmeda, recién asesinado. Ella abrazó a Marco Aurelio, intentando taparlo, para que sus dos hijos no vieran su cuerpo destrozado, los ojos afuera, el pecho rajado, la piel levantada. Marco Aurelio Areiza, su esposo, de 64 años, había sido un hombre bueno, dueño de las únicas dos tiendas de abarrotes de El Aro, un pueblo de 60 casas de paredes de bahareque mapeadas por la cal y el tiempo, tejas de zinc y puertas de colores, en el área rural de Ituango, un municipio al norte de Antioquia. Areiza había sido de sus primeros habitantes; llegó en 1967, dos años después del obispo que lo fundó.
InformaciónRelacionada
Artículos
A Marco Aurelio lo mataron un domingo 26 de octubre de 1997, a una cuadra de la plaza de ese caserío de páramo, frío y nublado, con una calle larga empedrada que empataba con la iglesia, a donde sólo se podía llegar después de siete horas de camino de mula, cuesta arriba por una montaña quebrada de arroyos de aguas limpias. Su cadáver quedó al borde del cementerio, que junto con una escuela, cuatro plantas eléctricas, una cabina telefónica, dos cantinas, y la dos tiendas de Marco Aurelio, formaban todo el equipamento urbano. No fue el primer caído, ni tampoco el último. La masacre, planeada varios días antes, lejos de allí, había empezado tres días antes, y duró cuatro días más. La cometieron 150 hombres de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu), también conocidos en la región como los ‘mochacabezas’. Con todo la parsimonia del caso, como a sabiendas de que nada les impediría su calculada carnicería, cazaron, torturaron y vejaron a sus 17 víctimas, quemaron 42 de las 60 viviendas, se robaron 1.200 reses y forzaron a 702 habitantes a salir huyendo para salvar la vida. Por la fría sevicia de los verdugos que sometieron y humillaron a la población, y por la absoluta desprotección en la que la dejó la fuerza pública que en siete días nunca acudió en su ayuda, la masacre de El Aro queda en la memoria de los colombianos como una de las más crueles. Aun así, hoy, once años después sigue en gran parte impune. Hubo tres sentencias, proferidas en un solo fallo del 22 de abril de 2002, por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Antioquia: contra Carlos Castaño Gil y Salvatore Mancuso Gómez, condenados a 40 años de prisión, como determinadores del homicidio agravado, desplazamiento forzado, y del hurto calificado y agravado en esos parajes montañosos de Ituango. Carlos Castaño no cumplió la condena pues fue asesinado en abril de 2004. Y a Salvatore Mancuso, el gobierno colombiano lo extraditó en mayo de 2008 para que fuera juzgado primero por el delito de exportación de cocaína a Estados Unidos. La otra condena, a 33 años y cuatro meses de prisión, recayó sobre Francisco Enrique Villalba Hernández, conocido en las filas de las Accu como Cristian Barreto quien, movido por sus culpas, se entregó a la Fiscalía casi cuatro meses después de la masacre. La justicia sólo abrió investigación penal a dos militares: al teniente del Ejército Everardo Bolaños Galindo, detenido hasta hace algunos meses en la cárcel de máxima seguridad de Cómbita (Boyacá), y al cabo primero Germán Alzate Cardona, conocido como ‘Rambo’, quien está prófugo. A ambos, la Procuraduría General los destituyó y sancionó disciplinariamente por haber “colaborado y facilitado”, con conocimiento de causa, la incursión paramilitar. El 10 de agosto de 2001 la Procuraduría archivó la investigación disciplinaria contra el general Carlos Alberto Ospina Ovalle, comandante de la IV Brigada para la época, y luego hizo lo mismo en el proceso al que estaba vinculado el teniente coronel Germán Morantes Hernández, ex comandante del Batallón Girardot, con jurisdicción en el norte de Antioquia. El primero de julio de 2006 la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), de la OEA, condenó al Estado colombiano a pagar una indemnización cercana a 3.400 millones de pesos a favor de 123 familiares de las víctimas de El Aro. Le ordenó que les rindiera un homenaje público y le pidió que persiguiera a quienes tuvieron responsabilidad en los hechos y hoy siguen libres. Para la CIDH, quedó demostrada la responsabilidad del Estado, por acción y omisión, en especial, en la violación “a los derechos a la vida, la integridad personal, la libertad, la propiedad privada y la circulación y residencia”. El buen vecino está muerto Liliana Amparo Areiza, de 31 años, una de las hijas del primer matrimonio del tendero Marco Aurelio, les dijo después a los investigadores de la Fiscalía que ella supo que los paramilitares iban para El Aro con malas intenciones, y desde Yarumal, donde vivía, lo llamó a advertirle. Pero él estaba confiado de que nada le pasaría. “No voy a huir como un delincuente; todo lo he conseguido honradamente y trabajando”, dijo Liliana que le respondió su papá. Antes de meterle cuchillo a Marco, los paramilitares obligaron a Rosa María, su mujer, a matar una res, prepararla y servírselas. Ella intentó convencerlos de su inocencia. Les rogó que se apiadaran de sus hijos, que lo escucharan antes. “Marco Aurelio nunca les negó que le vendía comida a la guerrilla –contó luego Rosa— pero les explicó que siempre fue bajo presión y amenazas”. Si mataron al buen tendero, qué no le esperaba a la gente de El Aro. En realidad no importaba si Marco era culpable o no. Su delito, y el de sus demás coterráneos, era vivir en un descanso de una falda del Nudo de Paramillo, un macizo de montaña, por donde los frentes 5,18 y 36 de las Farc, transitaban a sus anchas. Desde mediados de 1996, cuando se estaba gestando su proyecto de organización nacional que luego se conoció como Autodefensas Unidas de Colombia, los paramilitares juraron sacar a la guerrilla de sus madrigueras, una de esas era precisamente el Nudo de Paramillo. Dominar el Nudo era tener un tránsito libre entre cinco departamentos y un conducto entre dos mares. No era sólo un objetivo contrainsurgente, también codiciaban los terrenos alejados para la siembra de coca y el corredor estratégico para sacar la cocaína y entrar las armas. El Aro era la puerta de entrada. El mismo Carlos Castaño, quien luego se erigió como jefe visible de las Auc, lo reconoció públicamente, días después de la masacre: “Hace parte de nuestra estrategia. O la guerrilla sale de sus santuarios o vamos a entrar. Iremos al Nudo de Paramillo y a Tadó, donde hay reductos fuertes de la guerrilla. Si el Ejército no es capaz de entrar y acabar con esas repúblicas independientes; yo sí, y se los voy a demostrar.” El expediente judicial, revela que la masacre se planificó días antes en una finca cerca de La Caucana, corregimiento de Tarazá, en el Bajo Cauca antioqueño, un bastión de las autodefensas. Varios testigos y el arrepentido Villalba Hernández dijeron que allí estuvieron Carlos Castaño y Salvatore Mancuso, junto a varios militares, estudiando cada detalle de lo que sería el recorrido de muerte. ¿Quiénes eran los militares? La justicia todavía no lo dilucida. Villalba, el contrito paramilitar, pareció recordar los detalles sólo hasta diez años después. Dijo en 2007 que habían participado en la planeación de la masacre los altos mandos de la IV Brigada del Ejército. Y también dijo, sin pruebas y con algunas contradicciones, que en la misma hacienda estuvo el entonces gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez, “condecorándonos por el éxito de la operación”. Antes de que ningún medio de comunicación publicara la versión de Villalba precisamente por lo dudosa, el presidente Álvaro Uribe salió a desmentirla: “Ese bandido dice que hasta agradecí a los paramilitares por esa masacre, porque liberaron a seis secuestrados, entre ellos a un primo mío y que Santiago, mi hermano, prestó 20 paramilitares para ese crimen“, Ningún testimonio respalda, hasta ahora, lo dicho por Villalba con respecto al Presidente. Pero muchos sí dan cuenta de la reunión de planeación en finca de la que originalmente habló Villalba, y de la presencia allí de los jefes paras y de algunos militares. Empieza la procesión Después del plan trazado en la Caucana, empezó la ejecución. Los 150 hombres de las Accu empezaron su recorrido de la muerte en Puerto Valdivia, un caserío en la Troncal de Occidente, a orillas del río Cauca. El miércoles 22 los paramilitares, vestidos con trajes de fatiga y con fusiles AK-47 y Galil; subametralladoras y radios de comunicación, hicieron la primera estación: una finca de la vereda Puquí, al pie del río. “Preguntaron por la guerrilla, pero nadie dijo nada, hasta que un jefe separó del grupo al propietario, Omar de Jesús Ortiz Carmona (30 años) y a uno de sus trabajadores, Fabio Antonio Zuleta Zabala (54 años)”, narró un testigo, que los vio conversar un rato “hasta que la cosa se puso maluca”. “¿Qué hago con ellos?”, preguntó un subalterno. “Haga lo que quiera”, respondió el jefe. “No, mentira, mate esos perros…” Las necropsias practicadas después a los cadáveres revelaron que ambos sufrieron estallido del cráneo debido al impacto de los proyectiles de fusil. Ese mismo día, otro grupo de unos 30 paramilitares llegó a la finca La Planta, de la vereda Remolino. Allí, mató al anciano Arnulfo Sánchez Álvarez, de 68 años. Pocos vieron qué pasó, pero Medicina Legal determinó que su muerte obedeció a “una lesión del tallo cerebral”, producto de un impacto de arma de largo alcance. El jueves 23 de octubre, a las 6:30 de la mañana, las autodefensas entraron a una pequeña tienda de abarrotes, en la vereda Puerto Escondido, donde empieza la cuesta hacia El Aro. Martha Cecilia, de 18 años contó que ella vio cuando llegaron uniformados y hablaron con su esposo, Omar Iván Gutiérrez, de 32 años. No la dejaron acompañarlo, sino que la obligaron a permanecer dentro de un cuarto con sus dos pequeñas hijas y unos familiares que estaban de visita. Luego vio que las explicaciones de Omar Iván enfurecían cada vez más a quien lo entrevistaba. Ella apretaba a sus hijas, sobre todo a la más chiquita de apenas 7 meses. Como a las ocho sintió que alguien preparó el fusil y luego escuchó cuatro disparos. Lo dejaron tirado en el piso. “Lo que no se llevaron, lo dañaron, dizque porque era para la guerrilla” dijo después a los investigadores. Camino al infierno “A mi esposo también lo torturaron”, les dijo a los investigadores del CTI, María Esther, la compañera de José Darío Martínez, muerto en iguales circunstancias junto a Olquín Fail Díaz, de 26 años, y Otoniel de Jesús Tejada Jaramillo, de 40. A los tres los retuvieron algunos momentos en la finca de Olquín Fail, en la vereda Organí. Ante el temor por las armas que les apuntaban, uno de ellos dijo, contradiciendo a los demás, que la guerrilla sí había pasado por allí, pero hacía ya varios meses. Allí les llegó la sentencia de muerte. Los disparos dispersaron a los demás campesinos. Antes de llegar a El Aro, ese mismo 23 de octubre y luego de recorrer a pie un sendero en zig-zag por la montaña, los paramilitares entraron a la finca Mundo Nuevo. Un tiro de gracia recibió el agricultor Alberto Correa, quien les informó que no sabía nada de sus enemigos y que él veía pasar todos los días gente uniformada, como ellos. En la retirada se encontraron con Wilmar de Jesús Restrepo Torres, un joven de 14 años. La respuesta del adolescente fue igual. Los paras lo obligaron a seguirlos hasta El Aro, pero cuando estaban a punto de entrar al pueblito, fueron emboscados por guerrilleros. Allí murió uno y uno, por cada bando. “Al término del combate, el jefe de los paramilitares se enardeció con el muchacho porque no les dijo la verdad”. Lo mataron y dejaron su cuerpo sobre un camino de herradura, dijo Gustavo Palacio quien, para la época vivía en El Aro. “Llevamos su cadáver en el lomo de una mula hasta Puerto Valdivia, para darle cristiana sepultura”, contó en el proceso judicial Miladis, su hermana. “Fue duro, era apenas un niño… su único pecado fue trabajar y ayudarles a sus papás…” En el caserío En El Aro sabía la gente que los paras venían. Y estaban más pendientes de ellos que de las elecciones para alcalde y concejo del domingo 26. Cuando los combates arreciaron en los alrededores del caserío arreció el miedo. “Sentí disparos, gente correr de un lado para el otro… gritaban: ‘guerrilleros, malparidos, se van a morir todos’”; entonces, Gustavo se metió debajo la cama. Las Accu llegaron a la una de la tarde del 25 de octubre de 1997, el día antes de que mataran a Marco Aurelio, el tender, y empezaron a sacar gente de las casas. “Cuando llegué ya habían matado a Guillermo Andrés (Mendoza Posso, de 21 años); Nelson de Jesús (Palacio Cárdenas, de 50), y Luis Modesto (Múnera Posada, de 60 años, este último funcionario de la Alcaldía de Ituango)”, dijo Gustavo. “Me contaron que los sacaron de una cantina, la de Nelson de Jesús, y los arrastraron” hasta obligarlos a ponerse bocabajo frente al atrio de la iglesia. Allí, les dictaron la sentencia: ‘Vos te vas a morir por guerrillero’; ‘A vos también te damos por guerrillero hijueputa’ y, antes de disparar contra Luis Modesto, le preguntaron, con sorna, que qué hacía su hijo en las Farc. Con las autodefensas patrullaba Gilberto Sánchez, un hombre de mediana edad, a quien apodaban ‘El Zorro’ y que meses antes habían visto en las filas insurgentes. “Pensé –recordó Gustavo- este tipo debe estar dándole dedo a todo el mundo para salvar su pellejo”. La gente se reunió alrededor de los cadáveres. “Nos amenazaron con una lista negra y dijeron que si sabíamos algo de la guerrilla que dijéramos, que nada nos pasaría si obedecían sus órdenes”. “El que aparezca en la lista, se muere como estos perros y, el que no, no tiene por qué preocuparse”, les anunció uno de los jefes paramilitares antes de permitir a varios lugareños enterrar a las personas asesinadas. “Recuerdo que los metimos, a dos de ellos, en las bóvedas 32 y 33; del otro no recuerdo”, dijo Rodrigo, quien salió de El Aro el lunes siguiente. Las pesadillas de Villalba“Degollé a una muchacha con un machete”, le dijo Villalba Hernández al fiscal al que le rindió la primera indagatoria, el 16 de febrero de 1998, tres días después de entregarse presionado por las pesadillas que no lo dejaban dormir y que repetían, una y otra vez, los gritos de sus víctimas. El cuerpo de la mujer jamás apareció. El paramilitar, una de las personas que comandó la incursión, contó que era ducho en el arte de matar, desde su ingreso a las autodefensas, en el año 94, cuando lo contrataron como escolta de un jefe paramilitar de Sincelejo (Sucre), donde nació el 6 de mayo de 1972. Adquirió la destreza en la finca El Tomate, en el Urabá antioqueño, con instructores como Carlos Mauricio García, conocido como Rodrigo Doble Cero, quien comandó el disidente y extinguido bloque Metro de las Autodefensas y quien fuera asesinado por sus antiguos compañeros el 28 de mayo de 2004 en Santa Marta. A Villalba Hernández le enseñaron a manejar armas, pero sobre todo a matar y el entrenamiento lo cumplió con personas vivas que traían de otras regiones del departamento por sus supuestos nexos con la guerrilla. La idea era “degollarlas, quitarles un brazo o abrirlas”. En la diligencia también confesó su participación en la masacre de Pichilín, corregimiento de Colozó (Sucre), el 4 de diciembre de 1996, cuando asesinaron a 17 personas en una incursión de las autodefensas. Mató a los hermanos Manuel e Israel Vergara y, desde entonces, mató por encargo. Así lo hizo en noviembre de 1997 con dos labriegos de Toledo y, en diciembre de ese mismo año, con dos personas de Labores, corregimiento de Belmira (ambas localidades del Norte antioqueño), “a quienes les disparé con un revólver”. Aparte de la condena por El Aro, Villaba Hernández recibió otra sentencia del Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de Medellín, a 37 años de prisión, como coautor de un concurso de delitos, entre los que estaban los homicidios de Oscar Valderrama Cruz, Luis Alfonso Valderrama López y Alejandro Higuita Mesa. Ellos aparecen entre las víctimas de una masacre de las autodefensas a las veredas La Balsita, Antesales, La Argelia y Buenavista, de Dabeiba, occidente antioqueño, ocurrida entre los días 22 y 30 de noviembre de 1997; es decir, casi un mes después del ataque en Ituango. A El Aro, Villaba Hernández llegó como comandante de un grupo de 22 personas, que se encargó de la retaguardia, mientras adentro ‘Cobra’ y ‘Junior’, los dos principales jefes, ordenaban a sus hombres buscar a los supuestos guerrilleros que aparecían en la lista. Antes de matar al tendero Marco Aurelio, le preguntaron por la guerrilla, que dónde tenía el radio, dónde escondía las armas, cómo se comunicaba con ellos. Revolcaron su tienda, dañaron todo, pero nada encontraron. “Luego lo separaron del grupo y empezaron a insultarlo”. Gustavo vio cuando uno de los jefes se lo llevó para “el cementerio, donde lo torturaron. No quise ver el cadáver porque dijeron que quedó muy destrozado”. Nadie acudió Un funcionario de la Alcaldía de Ituango, quien ahora vive en Medellín y prefirió el anonimato, supo que uno de sus superiores, el secretario de Gobierno local, Alberto Calle Gallo (quien fue asesinado 11 años después de la masacre, el 14 de agosto de 2008 por un atentado con bomba en una cafetería de Ituango) se comunicó con El Aro el sábado 25, pero alguien en la otra línea le dijo que todo estaba bien, que llamara al día siguiente. Repitió la llamada la noche del domingo, para averiguar por la jornada electoral y, antes de que le quitaran el teléfono, la recepcionista le alcanzó a informar de la muerte de cuatro personas, entre ellas las de Luis Modesto y la del tendero. “Le dijo que los paramilitares solo permitieron la votación durante dos horas, de dos a cuatro de la tarde, y que habían alcanzado a sufragar 19 personas”. De inmediato, el funcionario pidió ayuda a la Gobernación, entonces encabezada por Uribe Vélez. Le dijeron que iban a realizar una reunión secreta el miércoles 29 de octubre para analizar la situación de El Aro. Y llamó a la base militar del corregimiento Santa Rita y luego al Batallón Girardot, donde le respondieron que debido a la escasez de tropa, toda destinada al Plan Democracia, diseñado para la vigilancia del proceso electoral, el contingente más cercano demoraría tres días en llegar a pie. El teniente Carlos Emilio Gañán Sánchez, comandante de la Policía en Ituango, le dijo a la Fiscalía que poco pudo hacer para proteger a los habitantes de El Aro, pues tenía la orden de no enviar a ninguno de sus hombres a la zona rural, debido a la situación de orden público del momento. Se enteró de lo sucedido por los informes de prensa y aceptó que tres o cuatro días después de las elecciones vio que un helicóptero artillado había sobrevolado la zona. Mientras las autoridades se tomaban su tiempo para decidir qué hacer frente a los llamados de auxilio para que alguien corriera a socorrer a los pobladores del caserío, en El Aro los paramilitares seguían matando a gusto a los civiles, y combatiendo a la guerrilla en las afueras del pueblo. Impotente ante la toma de su pueblo, el sacerdote Héctor Gallego repetía una y otra vez por un parlante que la gente de El Aro era gente de bien, humildes campesinos y que lejos estaban de tener algún vínculo con la guerrilla. “El lunes hubo otro combate, por lo menos eso era lo que se escuchaba”, dijo Teresa quien se decidió por fin a regresar a su casa, luego de dos días de permanecer a la intemperie. “Entré de un empujón a mi niña que me decía desesperada que un helicóptero blanco volaba bajito”. Ella no lo vio, pero el ruido de las aspas y de los fusiles casi la ensordece. Ese día, entre vigilia y rumores, la tensión crecía. Contaron que varios paramilitares tenían encerrada y torturaban en el salón anexo a la casa cural a Elvia Rosa Areiza Barrera, de unos 30 años, que le ayudaba al párroco en los quehaceres domésticos. Gustavo supo que la violaron, la ultrajaron y vio cuando la sacaron arrastrada por la calle. “La mataron y la dejaron tirada cerca del matadero”, donde días después sólo recogieron algunos huesos que dejaron los chulos. Rosa Elvia no aparece registrada en el proceso judicial, porque su muerte no pudo comprobarse oficialmente, pero sí está entre las víctimas de la sentencia de la CIDH. “Estaba casada con Eligio Pérez Aguirre, con quien tenía cinco hijos: Ligia Lucía, Eligio de Jesús, Omar Daniel, Yamilse Eunice y Julio Eliver, todos de apellido Pérez Areiza. Sus padres eran Gabriel Ángel Areiza y Mercedes Rosa Barrera. Su familia se desplazó a otras ciudades por motivo de los hechos y regresaron tres años después a la región”, dice el fallo. Comienza el éxodo El lunes 27, los paramilitares dejaron salir a los primeros desplazados, pero de manera selectiva. Así lo hicieron durante martes y miércoles, tiempo que les sirvió para saquear las casas y dañar todo lo que encontraban. El miércoles 29, los combates se alejaron. Fue entonces cuando, ante el asombro de los campesinos, un helicóptero negro artillado de los que usa la fuerza pública -según consta en el proceso judicial que compiló varios testimonios en ese sentido- aterrizó en El Aro, entregó munición a los paramilitares y sacó a un combatiente herido. El jueves 30, reinaba la confusión y el pánico. Ninguna autoridad aparecía. Una mujer acusó a Dora Luz Areiza Barrera, de 21 años, de ser guerrillera. La apresaron de inmediato y le dijeron que su vida dependía de la información que les suministrara. “Se la llevaron para que les mostrara el campamento”, pero Gustavo no la vio regresar, “lo único que sabemos es que la encontraron después, como a dos horas del pueblo”. Lo que apareció de su cuerpo, de la cintura para abajo, fue enterrado sin la presencia de autoridad alguna, hecho que, en parte, impidió también que fuera reconocida su muerte en los expedientes. Para entonces, ya los paramilitares habían podido juntar 1.200 reses robadas de todas las fincas vecinas. Los primeros desplazados habían llegado a Puerto Valdivia, donde tuvieron otro inconveniente con algunos soldados que los obligaron a devolverse con el argumento de que pronto llegarían a El Aro a brindar seguridad. Las autodefensas amenazaron de muerte a 17 campesinos y los obligaron a arrear el ganado hasta varias fincas del Bajo Cauca. Los mandaron delante de las reses, pues pensaban que el territorio estaba minado. “Antes de irse y dejar ir a los demás, le prendieron candela a todo y, el resto, los colombianos lo vieron por la prensa y la televisión…”, recordó Teresa. El ganado pasó por varias veredas y por la Troncal de Occidente pese a que, para la fecha, el Ejército y la Policía estaban enterados de lo sucedido. Tres de las personas consultadas para este trabajo periodístico dijeron que nunca volvieron a ver sus vacas, a pesar de que tocaron muchas puertas y de las promesas de que se las devolverían una vez demostraran su propiedad. “Miembros del Ejército tenían conocimiento del hurto y traslado del ganado e, incluso, impusieron un toque de queda a la población (Puerto Valdivia), cerrando los negocios comerciales nocturnos”… para evacuar las reses, por plena vía pública y sin testigos, de las cuales también se lucraron algunos, “pues dispusieron de unos semovientes para su consumo interno”, dijo el informe de la CIDH. De acuerdo con la Comisión y el fallo judicial, el teniente Bolaños, con informaciones falsas suministradas a funcionarios de la Gobernación sobre el origen y el destino del ganado, habría facilitado el tránsito. “El ganado provenía de fincas entre Puerto Valdivia y El Aro, las cuales quedaron sin ningún animal… Fue montado en camiones y trasladado a Caucasia”, dictaminó la CIDH. Villaba Hernández dijo que el destino final fue un predio de Salvatore Mancuso, ubicado entre Montería y Tierralta (Córdoba). El ping pong Lo que pasó después fue un debate mediático sobre las responsabilidades. Alterado, Carlos Castaño llamó a los medios de comunicación, negó las torturas y, frente a los homicidios, dijo que las personas muertas eran “guerrilleros vestidos de civiles”. “Que se exhumen los cadáveres y, si alguno presenta señales de tortura, me comprometo personalmente, a poner a disposición de las autoridades a dos de los comandantes que supuestamente entraron en esa zona”, le dijo al diario El Colombiano. Nunca lo hizo pero reconoció que Ituango y, en especial, el Nudo eran un objetivo de las Accu. Una investigación de la Fiscalía determinó que la idea de llegar a la región empezó a cristalizarse el 11 de junio de 1996, en una finca del norte antioqueño, donde comerciantes y ganaderos, víctimas de las continuas extorsiones y amenazas de las Farc, ofrecieron 300 millones de pesos a las autodefensas como sostenimiento de su tropa para que frenaran a las Farc. Técnicos del CTI documentaron que los paras, traídos de Urabá, se ubicaron en siete apartamentos de la zona urbana de Ituango y montaron tres campamentos en las veredas Los Galgos, Buenavista y Chambas. El valiente abogado y concejal de Ituango, Jesús María Valle Jaramill, denunció lo sucedido a todo pulmón; dijo que los paramilitares habían asesinado a 120 personas en su municipio y que habían contado con la tolerancia de las autoridades y mandos militares de la región. Dijo que debido al accionar paramilitar y su aparente connivencia con la fuerza pública ocurrieron masacres como las de El Aro y La Granja (el 11 de julio de 1996, cuando murieron cinco personas). A raíz de esas afirmaciones, el comandante de la IV Brigada, general Ospina Ovalle, lo denunció por injuria y calumnia, pero el entonces presidente del Comité de Derechos Humanos de Antioquia se sostuvo en sus aseveraciones. “Los grupos paramilitares no podían cometer tantas tropelías, asesinar a tantas personas y sembrar el terror en mi pueblo si no fuese por el comportamiento connivente del Ejército y la Policía”, insistió. Sicarios de la banda La Terraza, una organización criminal al servicio del narcotráfico y que le hacía algunos encargos a las autodefensas y, en especial, a Carlos Castaño, mataron a Valle en su oficina del centro de Medellín, la tarde del 27 de febrero de 1998. Epílogo Once años después muchos han regresado a sus casas en El Aro. Ahora tienen luz eléctrica. El Estado pagó la indemnización ordenada por la CIDH, pero la gente del caserío sigue a la espera del acto de desagravio y del monumento en honor a las víctimas. “Pocas cosas han cambiado; es más, todo parece igual, porque inclusive la guerrilla volvió y la coca sigue siendo el sustento de muchos”, dijo Teresa que nunca volvió su pueblo. “La plata que me dieron no alcanza a cubrir el dolor ni la ausencia”. Rosa María, la mujer del buen tendero Marco Aurelio, también sigue en duelo once años después. No sabe dónde están los verdugos de su marido. De él, sólo queda una tumba raída.

bagamienton palabra indigena con la que se conoce una region de Ituango

USTED SABE DONDE QUEDA BAGAMIENTON
BAGAMIENTON EN ITUANGO

Nuestros lectores en Ituango se deben preguntar donde queda Bagamienton y lo mas seguro es que no saben.
Bagamienton es una palabra indígena y con ella se conoce gran parte gran parte de la Miranda a un lado de le Cedral,pero su nombre original fue Bagamienton,que era la finca mas grande de esta rica región de Ituango,la mayoría de la gente la conoce como la Miranda y otra parte se conoce como Fátima, bautizada así por un sacerdote, pero su nombre original fue Bagamienton.

Las primeras familias que llegaron a colonizar Bagamienton,muchas de ellas todavía viven ayi,ellas son: los Sepúlveda, los Castro, los Giraldo los López, los Arango, y los Durango, casi todos llegados a principio de los años novecientos de el occidente Antioqueño,principalmente de Frontino,es una comunidad muy organizada cuenta con una excelente junta de acción comunal la cual es dirigida por la señora Graciela Zapata y recientemente esta pujante región inauguro la energía eléctrica, obra realizada por la empresa Eade,lo cual ha llevado gran regocijo y satisfacción a sus gentes.
Muchos de nuestros lectores se preguntar y por donde se va a Bagamienton ;se coge la carretera hacia Quebrada del Medio, se voltea ala izquierda como yendo hacia el Bajo Ingles y en la casa de el señor Manuel Graciano se voltea a mano derecha para coger el puente de el Mareo sobre el rio Ituango y luego la loma de el Mareo para llegar a la Miranda o Bagamienton.Se llama de el Mareo,porque en los años 50 Orencio Orrego un rico comerciante de Ituango compro esa fina a ciegas y al ir a conocerla y al ver los potreros quemados se Mario y de hay se quedo con ese nombre.
En la vereda viven una sesenta familias, todos muy unidos, tienen una hermosa escuela, la cual cuenta con una linda placa polideportiva, donde todos los domingos las gente de Bagamienton o la Miranda se reúnen a practicar deporte.

La primera maestra de la escuela fue Deyanira Giraldo, oriunda de la vereda,Deyanira con sus alumnos y base de convites, cargando piedras de la vereda Bagamienton levantaron la primera escuela.
En otros tiempos la principal diversión de los muchachos de la época era irse abañar a la quebrada Bagamienton, ala vez que cogían guachilejos..

En la construcción de la actual cancha deportiva las gentes de la Miranda contaron con el apoyo económico de le gran filántropo Ituanguino don Nelson Acevedo Cárdenas. Como hecho curioso las gentes recuerdan cuando el Doctor Jesús Maria Valle, que iba de paso hacia el San Jorge en una comisión de concejales Ituanguinos,pernoto en esta linda tierral aquí Roberto Durango presto al doctor Valle su macho Belisario, para que el Doctor Jesús Maria terminara su larga jornada.
En bagamienton se recuerda a arrieros como Ricardo Valderrama, Justiniano Posso y Roberto Taborda,los cuales con sus muladas se encargaba de sacar los productos hacia Ituango y luego entrar los víveres hacia la vereda, en otros tiempos fueron famosos los cerdos que se criaban en Bagamienton,muchos de estos cerdos eran sacados hacia Uramita y Peque viaje que podía durar varios días.
En Bagamienton fueron famosas las fiestas animadas por músicos que tocaban la guitarra y el violín se recuerda a músicos como Eduardo Jaramillo y Alfredo Marín.

En los años 50 fue famosa en la vereda la tienda de Mercedes Higuita donde se podía comprar guarapo por totumadas o los que mas tenían, compraban un calabazo de guarapo.

Cuando las gentes hacían el viaje a caballo de Ituango hacia Bagamienton,la primera parada era en la tienda de el Rio donde lalo Mazo,El Rio tenia mucho mobimiento,alli se encontraban las gentes que iban hacia Santa Rita,Pascuita,La Granja.Quebrada del Medio, santa lucia, santa Ana y por supuesto a Bagamienton.

Fuera de la tienda de lalo Mazo que era la mas surtida, estaba la cantina de pacho navaja, la tienda de Toño Toro,la tienda de Iván Muñoz, además eran famosas las Hojaldres que allí se vendían a 10 centavos.
Las gentes que iban hacia Bagamienton seguían y hacia su próxima parada en Resplandores en la tienda de Manuel Sánchez,el cual vendía un refresco famoso en la época llamado tartárico, que no era otra cosa que agua revuelta con soda, muy buena esta para calmar la sed.
En ese tiempo era famoso el caballo Rucio de Alejandro Yépez, que tenia su finca en Malabrigo.

En Bagamienton fueron famosos el macho Danubio de Nazario Durango, en el cual llego a ir en el hasta Yarumal, también estaban el caballo Jalisco de Carlos Miguel Arango y el Inquieto de Franco Giraldo.

Al terminar la loma de el Mareo,las gentes en sus bestias arrimaban a la casa de Luciano Durango y jesuita López, allí todos los viajeros eran recibidos con una rica y refrescante taza de Mazamorra pilada a mano en piedra de moler.
Este es el homenaje de el Heraldo de el Norte alas gentes trabajodars de la Miranda o mejor de Bagamienton, cuando usted escuche la palabra Bagamienton sabrá que es un vocablo indígena con el cual los primeros colonizadores de Ituango bautizaron una rica región de la inmensa y larga geografía Ituanguina.-

la importancia que tuvo el viejo puente de pescadero en la fundacion de la poblacion de ituango...............la historia

HISTORIA DEL ANTIGUO PUENTE COLGANTE DE PESCADERO......EL PRIMERO QUE EXISTIO ANTES DEL QUE CONOCEMOS ACTUALMENTE

EL VIEJO PUENTE DE PESCADERO……………….HISTORIA

Indudablemente que la historia del puente de pescadero esta ligada a la historia de Ituango,antes de la construcción del puente era casi imposible llegar a éstas tierras, el primer camino que existió fué entre Santa fe de Antioquia e Ituango en época de la conquista y parte de la colonia , los viajeros para pasar el río Cauca utilizaban expertos bogas que cobraban unos centavos por ayudar a pasar el caudaloso río, los prácticos bogas montados en un palo pasaban a los viajeros las bravías corrientes de este medroso río , en el libro “los sueños de Luciano Pulgar” don Marco Fidel Suárez cuenta como estuvo a punto de perecer al pasar el río Cauca en el sitio de Playa Grande , abajo de Guacharaquero , (Don Marco Fidel venia a visitar a su señor padre José Maria Barrientos en ese tiempo alcalde de Ituango).
Era pues urgente para esta región la construcción de un puente, la ley XCIX del 14 de enero de 1881 de la legislatura del estado soberano de Antioquia, siendo gobernador don Pedro Restrepo Uribe “sobre la construccion de varias obras publicas”, en su articulo noveno dispuso: la construcción de un puente sobre el río Cauca en el paso de Pescadero entre Ituango Y Yarumal.
José Maria Villa se encontraba entonces construyendo el puente de la iglesia, en los distritos de Fredonia y Jericó, hasta el lugar se desplazo un grupo de caballeros de Ituango con el objetivo de encargar al ingeniero Antioqueño la construcción del nuevo puente.Don José Maria acepto este nuevo compromiso como un eslabón en la cadena de puentes que construiría. El Ingeniero Villa, Se desplazó hasta Ituango y específicamente al lugar de Pescadero y luego de su estudio lo encontró adecuado para construir allí un puente dando así su aprobación, ante esta y a solicitud del Gobierno de Antioquia, él presidente de los Estados Unidos De Colombia, doctor Rafael Núñez concedió el privilegio al gobierno del Estado de Antioquia para construir dicho puente. El 13 de diciembre de 1882 se firmo el contrato en Medellín entre el señor Secretario de Hacienda y Fomento del Estado, señor Benjamín Palacios y el ingeniero José Maria Villa quien se hiciera cargo, desdé este momento de la construcción de la obra.
Como fue siempre común en el ingeniero, los planos, cálculos y diseños solo estaban en su cabeza, es decir no eran transcritos al papel, razón por lo cual a medida que las obras avanzaban, el mismo iba transmitiendo a su oficial de confianza, quién había sido escogido personalmente por don José Maria, buscando que fuera una persona ágil y capaz de captar, interpretar y desarrollar su idea, al igual que estuviera en capacidad de resolver los problemas que pudiera surgir durante su ausencia, a la cual le obligaba el hecho de estar trabajando en varios frentes a la vez.
En 1884, el Estado debió enfrentar guerras y luchas intestinas, púes Antioquia se levanto en armas a favor del gobierno de Núñez, esto entonces debilito sus arcas excesivamente hasta el punto en el cual por falta de recursos existió un peligro inminente de suspender los trabajos; sin embargo la responsabilidad y el temperamento del personaje lo llevaron a comprometer su reputación con infinidad de maniobras que tenían como objetivo el no dejar la reducción del presupuesto y poder continuar laborando con el mismo ritmo de trabajo.
Debido a la urgente necesidad la obra debió darse al servicio provisionalmente aunque esta no había sido entregada de acuerdo con lo previamente convenido en el contrato; precisamente porque estaba inconclusa, y el trazado de los caminos que la complementaban según lo estipulado en el artículo 4 del mismo contrato tampoco se había realizado.
En informe del 26 de noviembre de 1885 el prefecto del Norte (Santa Rosa) anunciaba que la obra se hallaba casi terminada: El puente fue recibido oficialmente el día 4 de octubre de 1886 por los señores Abel Gonzáles y Lorenzo Berrio (representantes de la comunidad de Ituango) , quienes a su vez el día 10 del mismo mes presentaron su informe sobre la nueva obra.este dice:

“Esta importantísima obra, por lo atrevida, sólida, elegante y útil, es una de las principales mejoras que se han acometido y llevado felizmente a termino en esta sección del país, y recomienda altamente a la consideración pública a los gobiernos que han intervenido en ella, y al inteligente Ingeniero civil, señor José Ma. Villa, encargado de llevar a cabo la construcción.

El puente fue construido en la angostura de “pescadero”, en la cuál presenta el río un cauce fijo estrechado por sólidas rocas sobre las cuales se levantaron estribos consistentes, forrados de piedra, ladrillo y cal.

La superconstrucción consistente en dos grandes cables de acero galvanizado, solidamente asegurados en las dos laderas y apoyados en dos torres de madera edificadas sobre los mencionados estribos; de dichos cables penden varillas de hierro que soportan las vigas transversales, y sobre estas descansan los barrotes, el tablero y las barandas.
En el lado derecho los cables están asegurados en planchas dobles de hierro, colocados detrás de un trabajo de mampostería construido en escala y que presenta dos entradas laterales para los cables, y otra central que permite inspeccionar el anclaje de los mismos.Dicha construcción sirve, además de peana a las faldas de la loma adyacente, y proporciona el paso del camino de encima.

En el lado izquierdo los cables están asegurados en una sólida roca por medio de gruesas grapas de hierro, fabricadas en forma de U. Al efecto se tallo la roca a cincel, formando en ellas cajas en escala y taladrando estas para asegurar las grapas y en ellas los alambres.
La longitud del puente, ósea el espacio libre entre los dos estribos, mide 165 pies ingleses.la latitud general es de 12 pies, y la libre entre barandas, dé 8; la altura sobre el nivel medio de las aguas es de 45 pies.
La obra muerta se compone de vigas, barrotes, tablero, barandas y en general de piezas de madera de reducidas dimensiones, solidamente articuladas por medio de barras, tornillos y grapas de hierro, de tal modo que su reparación, llegado el caso, será pronta y fácil y no causara interrupción en el tránsito.
Dichas maderas son de cedro amarillo, cedro caoba y Ceiba colorada, todas ellas de reconocida durabilidad.
Las barandas son al mismo tiempo cerchas que contribuyen a la rigidez de la obra, púes consisten en bases, pasamanos, cruceros y barandas de tensión, articuladas como se ha dicho.
El puente a cada lado a manera de entrada y de salida se compone de dos pirámides de forma trapezoidal, la madera empleada en dichas torres es la conocida con el nombre vulgar de “guayacán” la que a la par que resiste es durable, hay a la vez dos puertas lo que permite cerrar el puente en horas de la noche o cuando no hay servicio y a la vez permite el cobro del impuesto de pontazgo para las personas y animales que cruzan el puente.(en el libro al final de la jornada de la escritora ituanguina Ema Calle cuenta como al pasar el puente en los años 1940 las gentes debían pagar 5 centavos como impuesto de pontazgo)
Como el puente se edificó arriba del antiguo paso de “Pescadero”, hubo necesidad de construir dos desvíos desde el puente hasta el camino publico.En el lado derecho se evito la mayor y mas fragosa parte de la ultima falda para bajar al Cauca, pués el camino se dirige en corte lateral sobre el contrafuerte de la cordillera en terreno firme y con suave pendiente; pero es indispensable darle mayor amplitud de la que hoy tiene.En el lado Izquierdo hubo necesidad de tallar una roca desnuda, dando al camino una vuelta en forma de zig zag, hasta subir a la parte llana, donde continua el desvío sin mayor dificultad a empatar con el camino que sigue por las lomas de San Juan de Rodas hacia la población de Ituango.

Por el lado derecho y siguiendo el camino que va hacia San Andrés de Cuerquia y Yarumal, él ingeniero Villa ha trazado un nuevo camino a fin de eliminar las cuestas de “el cántaro” y “loma Grande” pasando por las fincas Santa Gertrudis y El Hoyo.
Por lo relacionado anteriormente se comprende que el señor Villa ha cumplido satisfactoriamente los compromisos que contrajo en virtud del contrato celebrado con el señor Secretario de hacienda y fomento el 13 de diciembre de 1882, y que por el esmero con que ha puesto sus talentos al servicio de la causa publica, merece el reconocimiento del gobierno y de los buenos ciudadanos de Ituango, pues la remuneración obtenida no compensa los sacrificios que se ha impuesto en tan penosa labor .FIRMAN: ABEL GONZÁLEZ, LORENZO A BERRIO”

Los reconocimientos al trabajo de nuestro ingeniero no se hicieron esperar, el 30 de octubre del mismo año, 1886, el señor Guillermo Restrepo Y, secretario de hacienda y fomento en el “Repertorio Oficial” hizo publicar manifestación en nombre del gobierno, así:

“El Gobierno del Departamento se complace en reconocer que el modesto y hábil ingeniero civil, Sr. José Ma Villa, ha llenado sus compromisos a satisfacción y prestado uno de los mas importantes servicios a esta sección de la Republica con la construcción del puente sobre el río cauca en el sitio Pescadero y que conduce a la naciente población de Ituango.
El señor Villa con su talento y consagración dejo resuelto uno de los mas difíciles problemas y vencido una de las mayores dificultades opuestas a una de las arterias principales como es el camino que va de Ituango a Yarumal que permitirá el poblamiento y desarrollo de esta rica region,el nombre y él grato recuerdo del Sr.Villa,se transmitirá de generación en generación, con la satisfacción de que fue uno de los hijos de Antioquia que con sus monumentales obras contribuyo al progreso y desarrollo de nuestro Departamento”- Guillermo Restrepo.

De igual forma los Ituanguinos, beneficiarios directos de la obra se hicieron voceros del pueblo Antioqueño para agradecer y exaltar las cualidades del eximio Ingeniero:
El cabildo Municipal de Ituango en el acuerdo No 5 del 7 de septiembre de 1886, mediante nota de estilo, entregaron los siguientes considerandos:
“El Concejo Municipal del distrito de Ituango, en uso de sus facultades legales, y considerando:
Que la importante obra del puente colgante sobre el rio Cauca, en el punto de “Pescadero”, se ha considerado con suma conveniencia y utilidad, no solo para el Departamento de Antioquia en general, y las provincias del norte y occidente en particular, sino también que para Ituango es reputada y tenida, con sobrada razón como la corredentora de sus prósperos destinos.
Que debido al patriótico interés, inteligencia, y perseverancia del infatigable ingeniero, Sr. D. José Mª. Villa, aun en los momentos supremos en que el extinguido Gobierno de Antioquia, empeñado en sostener la cruenta lucha que felizmente termino en el país, el gobierno Departamental le retiro toda clase de recursos para la completa terminación de la obra, pero la perseverancia del Sr. Villa, comprometiendo su responsabilidad y sujetándose a infinidad de sinsabores y disgustos, gastando incluso su patrimonio personal.
Que dicha obra, completamente terminada, se encuentra ya al servicio del público, y
Que es deber indeclinable de los pueblos, tributarle , publico homenaje de gratitud a los infatigables obreros de la civilización y el progreso , DECRETA:
Art.1º.El concejo Municipal del Distrito de Ituango,interpretando fielmente los sentimientos del pueblo cuyos intereses representa, le significa y consagra por medio del presente acuerdo, al inteligente Ingeniero Sr. D. José Ma. Villa, su más profunda y sincera gratitud por la construcción y pronta terminación del puente colgante sobre el río cauca en el punto “Pescadero”, cuya obra de indisputable utilidad para Antioquia, es considerada para Ituango como el farol luminoso que la ha de conducir por el seguro sendero de su prosperidad y bienandanza, y al atribuirle este pobre justo y sincero homenaje de gratitud, se permite al propio tiempo colocar su nombre entre el numero de hijos mas importantes del Departamento de Antioquia, a quien recomienda la inteligencia, probidad, patriotismo y honradez que distinguen a tan importante ciudadano.
Art. 2º. Un retrato al óleo, del expresado ingeniero, costeado del tesoro del distrito, será colocado a la mayor brevedad posible en la portada del puente y en el lugar que designe la primera autoridad política del Distrito, y llevara la siguiente inscripción:
“El Concejo Municipal de Ituango, justo y merecido homenaje de gratitud al probo, modesto e inteligente Ingeniero al servicio del estado, Sr. D. José Ma Villa
Dado en Ituango.7 de Septiembre de 1886.
El costo total de la realización de la obra fue de $ 30.000, y éste el mas corto de cuantos puentes tendió el Ingeniero Villa sobre el rió cauca

Fue de tal importancia la construcción del puente para la región , que a partir que se dio al servicio se desato sobre Ituango una oleada de inmigrantes, familias enteras que llegaban habidas de estas ricas tierras y es así como se empieza a dar forma al poblamiento de Ituango y Santa Rita , familias de Santa Rosa de Osos, San Pedro de los Milagros,Entrerios, Yarumal, Angostura, Don Matías, San Andrés de Cuerquia Toledo, Rionegro ; Andes y Jericó en el suroeste, del occidente llegaron familias de Liborina, Sabanalarga,Sopetran , Santa Fe de Antioquia y Frontino , también llegaron familias de Medellín, Copacabana y Girardota , es decir inaugurado el puente permitió que esas familias pudieran llegar y establecerse en esta rica región de Ituango de hay la importancia de la construcción del puente de Pescadero , pues antes del puente era casi imposible que una familia se atreviera a la aventura de pasar el río cauca con niños, ancianos y señoras, púes la mayoría de familias viajaban con todos sus enseres , entonces era casi imposible llegar a Ituango.
El puente tenía 52 metros de luz y una altura de 16 metros sobre el nivel normal de las aguas; en el año de 1916 una creciente arrazo con las tablas del puente y partes de las barandas, siendo reparado al año siguiente. En los años 1950 al construir un camino carreteable entre el puente de Pescadero e Ituango entraron el primer carro (un jeep Wilis modelo 1954 comprado por don Javier Duque en Medellín a la empresa Leonidas Lara e Hijos por la suma de $ 5.000 y que por cierto fue entrado desarmado a lomo de mula y en Ituango lo armaron).
Al llegar el carro éste fue toda una novedad y empezó hacer viajes , a medida que el padre Luís Carlos Jaramillo acondicionaba la carretera a punta de convites y fue así como junto a don Javier Duque, jóvenes como don Arnulfo Calle y Ramiro Espinal aprendieron a manejar y hacían viajes de Ituango hasta Tacui hay cerquita del Valle, pero lo mas bravo del viaje era el paso por el puente colgante de pescadero que se mecía cuando el willis pasaba cargado de pasajeros
En el año de 1963 fue inaugurado el actual puente por el gobernador de la época Fernando Gómez Martínez (padre del Dr.Juan Gómez) el actual puente tiene 120 metros de largo e hizo parte de una serie de puentes que el Gobierno del presidente Guillermo León Valencia le compro al gobierno de Alemania e hizo instalar en diferentes puntos de la geografía Nacional, el puente recibió el nombre de Juan De la Cruz Posada , importante Ingeniero que participó en la construcción dé la obra y falleció en el transcurso de la ésta.
Es una lastima que el viejo puente ya no exista, solo nos quedan algunas fotos, mas sin embargo cuando pasamos el actual puente observamos vestigios de aquel viejo puente que seria importante recuperar y guardar en el museo que esta organizando la casa de la cultura.
Nuestro Homenaje al viejo puente de Pescadero a don José Maria Villa y aquellos hombre que un día lo pasaron con sus familias para hacer grande y pujante la rica población de Ituango

Tunel Chiri #HidroItuango