sábado, 28 de septiembre de 2013

POR QUE LOS PRECIOS DEL CAFE ESTAN TAN BARATOS ?

Las cotizaciones del café han caído en las últimas semanas a su menor nivel en los últimos años, lastradas por una oferta muy abundante, en particular de Brasil, y una demanda que tiene dificultades para recuperarse.
El robusta, cotizado en Londres, llegó el jueves a su cotización más baja desde el 12 de octubre de 2010, a 1.656 dólares la tonelada. El arábica negociado en Nueva York cayó la semana pasada a su precio más bajo en cuatro años y medio, a 111,10 centavos la libra.
"La cosecha va a ser importante en Brasil este año y en otros países como Colombia y Vietnam", explicó a la AFP Gil Carlos Barabach, analista de Safras e Mercado.
Brasil, primer exportador mundial de café con 25% de las ventas mundiales en 2012, espera para este año una importante cosecha, pese a tratarse de un año menor en el ciclo bienal de la cosecha cafetera: 47,54 millones de sacos de 60 kilos, frente a los 50,83 millones en 2012, que ya fue un año excelente. La diferencia habitual entre un buen y un mal año es de unos cinco millones de sacos.
Los buenos resultados son atribuidos por la Conab, una agencia del ministerio brasileño de Agricultura, a una mayor mecanización y a las innovaciones tecnológicas. "Las inversiones en la renovación de las plantas y las compras de abonos químicos realizadas en los años 2009-2010 dan sus frutos ahora", explicó Gil Carnos Barabach. La cosecha también se anuncia excelente en Colombia, cuarto exportador mundial.
En los ocho primeros meses del año, se han cosechado 6,7 millones de sacos de 60 kilos, o sea 38% más que en el mismo periodo de 2012, según la Federación nacional de productores e café de Colombia, que estima que el objetivo de una cosecha de 10 millones de sacos "podría alcanzarse e incluso superarse".
"Entre octubre y julio, Colombia ha conocido su mayor producción en cuatro años gracias al programa gubernamental de renovación de plantas, que tenía como objetivo apoyar a los productores y mejorar las prácticas de producción", explicó en una nota Christopher Narayanan, analista del banco francés Société Générale.
Así, pese a la plaga de roya que afecta duramente a las cosechas de los países de Centroamérica y a Ecuador -que tuvo que importar 85 millones de toneladas de semillas para renovar sus cafetales-, el mercado sufre "un excedente de oferta por cuarto año consecutivo", explicó Tom Pugh, economista de la asesoría Capital Economics. Y la sed de los clientes -el café nunca fue tan popular y ya se puede conseguir una taza buena en prácticamente todo el mundo-, se ve frenada por la crisis económica.
"El crecimiento económico en los principales países consumidores ha sido débil, lo que ha afectado a la demanda, sobre todo de café arábica, la especie más cara", dijo Pugh a la AFP. El consumo en Europa es un 10% inferior a su nivel máximo, alcanzado en 2010, y desde ese año no ha aumentado en Estados Unidos, el primer país consumidor del mundo, subrayó el analista. "Es verdad que la demanda en las economías emergentes aumentó de manera importante (+50% desde 2003, según la Organización Internacional del Café, ICO en inglés).
Pero la desaceleración económica en estos países, particularmente en Brasil, segundo consumidor mundial, limitarán el alza de la demanda", aseguró Pugh. La drástica caída de los precios -el arábica cayó un 62% desde que alcanzó su precio más alto, en 2011, y el robusta 38%- allana, obviamente, el camino a su recuperación. Los precios bajos "podrían llevarles (a los productores) a no invertir más en sus cosechas, lo que hará caer la producción y subir los precios", avisó Narayanan.
La "espiral a la baja de los precios (...) corre el riesgo de hacer la producción de café inviable sin el apoyo de los gobiernos", temía el ICO en julio. Algunos ya se han puesto en marcha. El gobierno brasileño anunció a principios de agosto su intención de comprar hasta 3 millones de sacos en marzo de 2014 al precio de 343 reales el saco (151 euros, 113 euros), para sostener los precios. Sin embargo, "es un volumen demasiado pequeño para influir en los precios", estimó Gil Carlos Barabach.
AFP

    POESÍA A MI PRIMERA MAESTRA OFELIA RESTREPO EN LA ESCUELA ANTONIO JOTA ARAQUE..............CON GRATITUD


    RIO ITUANGO


    BARRIO CHAPINEROS ITUANGO


    TEMPLO DE SANTA BARBARA EN ITUANGO


    ESCUELA DE LA VEREDA MOTE EN ITUANGO


    viernes, 27 de septiembre de 2013

    INSTITUCIÓN EDUCATIVA LA LOMITA DE SANTA RITA DE ITUANGO


    COMO OLVIDAR LO QUE UN DIA OCURRIÓ EN EL ARO CORREGIMIENTO DE ITUANGO Y TODO CON LA COMPLICIDAD DEL ESTADO

    EL ARO Y SU TRAGEDIA.............QUE NUNCA OLVIDAREMOS

    TOMADO DE VERDAD ABIERTA “Si lo quiere tanto; entonces, duerma con él”, le gritó el hombre a Rosa María Posada y la empujó encima de su marido, quien yacía tirado sobre la yerba húmeda, recién asesinado. Ella abrazó a Marco Aurelio, intentando taparlo, para que sus dos hijos no vieran su cuerpo destrozado, los ojos afuera, el pecho rajado, la piel levantada. Marco Aurelio Areiza, su esposo, de 64 años, había sido un hombre bueno, dueño de las únicas dos tiendas de abarrotes de El Aro, un pueblo de 60 casas de paredes de bahareque mapeadas por la cal y el tiempo, tejas de zinc y puertas de colores, en el área rural de Ituango, un municipio al norte de Antioquia. Areiza había sido de sus primeros habitantes; llegó en 1967, dos años después del obispo que lo fundó.
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    A Marco Aurelio lo mataron un domingo 26 de octubre de 1997, a una cuadra de la plaza de ese caserío de páramo, frío y nublado, con una calle larga empedrada que empataba con la iglesia, a donde sólo se podía llegar después de siete horas de camino de mula, cuesta arriba por una montaña quebrada de arroyos de aguas limpias. Su cadáver quedó al borde del cementerio, que junto con una escuela, cuatro plantas eléctricas, una cabina telefónica, dos cantinas, y la dos tiendas de Marco Aurelio, formaban todo el equipamento urbano. No fue el primer caído, ni tampoco el último. La masacre, planeada varios días antes, lejos de allí, había empezado tres días antes, y duró cuatro días más. La cometieron 150 hombres de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu), también conocidos en la región como los ‘mochacabezas’. Con todo la parsimonia del caso, como a sabiendas de que nada les impediría su calculada carnicería, cazaron, torturaron y vejaron a sus 17 víctimas, quemaron 42 de las 60 viviendas, se robaron 1.200 reses y forzaron a 702 habitantes a salir huyendo para salvar la vida. Por la fría sevicia de los verdugos que sometieron y humillaron a la población, y por la absoluta desprotección en la que la dejó la fuerza pública que en siete días nunca acudió en su ayuda, la masacre de El Aro queda en la memoria de los colombianos como una de las más crueles. Aun así, hoy, once años después sigue en gran parte impune. Hubo tres sentencias, proferidas en un solo fallo del 22 de abril de 2002, por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Antioquia: contra Carlos Castaño Gil y Salvatore Mancuso Gómez, condenados a 40 años de prisión, como determinadores del homicidio agravado, desplazamiento forzado, y del hurto calificado y agravado en esos parajes montañosos de Ituango. Carlos Castaño no cumplió la condena pues fue asesinado en abril de 2004. Y a Salvatore Mancuso, el gobierno colombiano lo extraditó en mayo de 2008 para que fuera juzgado primero por el delito de exportación de cocaína a Estados Unidos. La otra condena, a 33 años y cuatro meses de prisión, recayó sobre Francisco Enrique Villalba Hernández, conocido en las filas de las Accu como Cristian Barreto quien, movido por sus culpas, se entregó a la Fiscalía casi cuatro meses después de la masacre. La justicia sólo abrió investigación penal a dos militares: al teniente del Ejército Everardo Bolaños Galindo, detenido hasta hace algunos meses en la cárcel de máxima seguridad de Cómbita (Boyacá), y al cabo primero Germán Alzate Cardona, conocido como ‘Rambo’, quien está prófugo. A ambos, la Procuraduría General los destituyó y sancionó disciplinariamente por haber “colaborado y facilitado”, con conocimiento de causa, la incursión paramilitar. El 10 de agosto de 2001 la Procuraduría archivó la investigación disciplinaria contra el general Carlos Alberto Ospina Ovalle, comandante de la IV Brigada para la época, y luego hizo lo mismo en el proceso al que estaba vinculado el teniente coronel Germán Morantes Hernández, ex comandante del Batallón Girardot, con jurisdicción en el norte de Antioquia. El primero de julio de 2006 la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), de la OEA, condenó al Estado colombiano a pagar una indemnización cercana a 3.400 millones de pesos a favor de 123 familiares de las víctimas de El Aro. Le ordenó que les rindiera un homenaje público y le pidió que persiguiera a quienes tuvieron responsabilidad en los hechos y hoy siguen libres. Para la CIDH, quedó demostrada la responsabilidad del Estado, por acción y omisión, en especial, en la violación “a los derechos a la vida, la integridad personal, la libertad, la propiedad privada y la circulación y residencia”. El buen vecino está muerto Liliana Amparo Areiza, de 31 años, una de las hijas del primer matrimonio del tendero Marco Aurelio, les dijo después a los investigadores de la Fiscalía que ella supo que los paramilitares iban para El Aro con malas intenciones, y desde Yarumal, donde vivía, lo llamó a advertirle. Pero él estaba confiado de que nada le pasaría. “No voy a huir como un delincuente; todo lo he conseguido honradamente y trabajando”, dijo Liliana que le respondió su papá. Antes de meterle cuchillo a Marco, los paramilitares obligaron a Rosa María, su mujer, a matar una res, prepararla y servírselas. Ella intentó convencerlos de su inocencia. Les rogó que se apiadaran de sus hijos, que lo escucharan antes. “Marco Aurelio nunca les negó que le vendía comida a la guerrilla –contó luego Rosa— pero les explicó que siempre fue bajo presión y amenazas”. Si mataron al buen tendero, qué no le esperaba a la gente de El Aro. En realidad no importaba si Marco era culpable o no. Su delito, y el de sus demás coterráneos, era vivir en un descanso de una falda del Nudo de Paramillo, un macizo de montaña, por donde los frentes 5,18 y 36 de las Farc, transitaban a sus anchas. Desde mediados de 1996, cuando se estaba gestando su proyecto de organización nacional que luego se conoció como Autodefensas Unidas de Colombia, los paramilitares juraron sacar a la guerrilla de sus madrigueras, una de esas era precisamente el Nudo de Paramillo. Dominar el Nudo era tener un tránsito libre entre cinco departamentos y un conducto entre dos mares. No era sólo un objetivo contrainsurgente, también codiciaban los terrenos alejados para la siembra de coca y el corredor estratégico para sacar la cocaína y entrar las armas. El Aro era la puerta de entrada. El mismo Carlos Castaño, quien luego se erigió como jefe visible de las Auc, lo reconoció públicamente, días después de la masacre: “Hace parte de nuestra estrategia. O la guerrilla sale de sus santuarios o vamos a entrar. Iremos al Nudo de Paramillo y a Tadó, donde hay reductos fuertes de la guerrilla. Si el Ejército no es capaz de entrar y acabar con esas repúblicas independientes; yo sí, y se los voy a demostrar.” El expediente judicial, revela que la masacre se planificó días antes en una finca cerca de La Caucana, corregimiento de Tarazá, en el Bajo Cauca antioqueño, un bastión de las autodefensas. Varios testigos y el arrepentido Villalba Hernández dijeron que allí estuvieron Carlos Castaño y Salvatore Mancuso, junto a varios militares, estudiando cada detalle de lo que sería el recorrido de muerte. ¿Quiénes eran los militares? La justicia todavía no lo dilucida. Villalba, el contrito paramilitar, pareció recordar los detalles sólo hasta diez años después. Dijo en 2007 que habían participado en la planeación de la masacre los altos mandos de la IV Brigada del Ejército. Y también dijo, sin pruebas y con algunas contradicciones, que en la misma hacienda estuvo el entonces gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez, “condecorándonos por el éxito de la operación”. Antes de que ningún medio de comunicación publicara la versión de Villalba precisamente por lo dudosa, el presidente Álvaro Uribe salió a desmentirla: “Ese bandido dice que hasta agradecí a los paramilitares por esa masacre, porque liberaron a seis secuestrados, entre ellos a un primo mío y que Santiago, mi hermano, prestó 20 paramilitares para ese crimen“, Ningún testimonio respalda, hasta ahora, lo dicho por Villalba con respecto al Presidente. Pero muchos sí dan cuenta de la reunión de planeación en finca de la que originalmente habló Villalba, y de la presencia allí de los jefes paras y de algunos militares. Empieza la procesión Después del plan trazado en la Caucana, empezó la ejecución. Los 150 hombres de las Accu empezaron su recorrido de la muerte en Puerto Valdivia, un caserío en la Troncal de Occidente, a orillas del río Cauca. El miércoles 22 los paramilitares, vestidos con trajes de fatiga y con fusiles AK-47 y Galil; subametralladoras y radios de comunicación, hicieron la primera estación: una finca de la vereda Puquí, al pie del río. “Preguntaron por la guerrilla, pero nadie dijo nada, hasta que un jefe separó del grupo al propietario, Omar de Jesús Ortiz Carmona (30 años) y a uno de sus trabajadores, Fabio Antonio Zuleta Zabala (54 años)”, narró un testigo, que los vio conversar un rato “hasta que la cosa se puso maluca”. “¿Qué hago con ellos?”, preguntó un subalterno. “Haga lo que quiera”, respondió el jefe. “No, mentira, mate esos perros…” Las necropsias practicadas después a los cadáveres revelaron que ambos sufrieron estallido del cráneo debido al impacto de los proyectiles de fusil. Ese mismo día, otro grupo de unos 30 paramilitares llegó a la finca La Planta, de la vereda Remolino. Allí, mató al anciano Arnulfo Sánchez Álvarez, de 68 años. Pocos vieron qué pasó, pero Medicina Legal determinó que su muerte obedeció a “una lesión del tallo cerebral”, producto de un impacto de arma de largo alcance. El jueves 23 de octubre, a las 6:30 de la mañana, las autodefensas entraron a una pequeña tienda de abarrotes, en la vereda Puerto Escondido, donde empieza la cuesta hacia El Aro. Martha Cecilia, de 18 años contó que ella vio cuando llegaron uniformados y hablaron con su esposo, Omar Iván Gutiérrez, de 32 años. No la dejaron acompañarlo, sino que la obligaron a permanecer dentro de un cuarto con sus dos pequeñas hijas y unos familiares que estaban de visita. Luego vio que las explicaciones de Omar Iván enfurecían cada vez más a quien lo entrevistaba. Ella apretaba a sus hijas, sobre todo a la más chiquita de apenas 7 meses. Como a las ocho sintió que alguien preparó el fusil y luego escuchó cuatro disparos. Lo dejaron tirado en el piso. “Lo que no se llevaron, lo dañaron, dizque porque era para la guerrilla” dijo después a los investigadores. Camino al infierno “A mi esposo también lo torturaron”, les dijo a los investigadores del CTI, María Esther, la compañera de José Darío Martínez, muerto en iguales circunstancias junto a Olquín Fail Díaz, de 26 años, y Otoniel de Jesús Tejada Jaramillo, de 40. A los tres los retuvieron algunos momentos en la finca de Olquín Fail, en la vereda Organí. Ante el temor por las armas que les apuntaban, uno de ellos dijo, contradiciendo a los demás, que la guerrilla sí había pasado por allí, pero hacía ya varios meses. Allí les llegó la sentencia de muerte. Los disparos dispersaron a los demás campesinos. Antes de llegar a El Aro, ese mismo 23 de octubre y luego de recorrer a pie un sendero en zig-zag por la montaña, los paramilitares entraron a la finca Mundo Nuevo. Un tiro de gracia recibió el agricultor Alberto Correa, quien les informó que no sabía nada de sus enemigos y que él veía pasar todos los días gente uniformada, como ellos. En la retirada se encontraron con Wilmar de Jesús Restrepo Torres, un joven de 14 años. La respuesta del adolescente fue igual. Los paras lo obligaron a seguirlos hasta El Aro, pero cuando estaban a punto de entrar al pueblito, fueron emboscados por guerrilleros. Allí murió uno y uno, por cada bando. “Al término del combate, el jefe de los paramilitares se enardeció con el muchacho porque no les dijo la verdad”. Lo mataron y dejaron su cuerpo sobre un camino de herradura, dijo Gustavo Palacio quien, para la época vivía en El Aro. “Llevamos su cadáver en el lomo de una mula hasta Puerto Valdivia, para darle cristiana sepultura”, contó en el proceso judicial Miladis, su hermana. “Fue duro, era apenas un niño… su único pecado fue trabajar y ayudarles a sus papás…” En el caserío En El Aro sabía la gente que los paras venían. Y estaban más pendientes de ellos que de las elecciones para alcalde y concejo del domingo 26. Cuando los combates arreciaron en los alrededores del caserío arreció el miedo. “Sentí disparos, gente correr de un lado para el otro… gritaban: ‘guerrilleros, malparidos, se van a morir todos’”; entonces, Gustavo se metió debajo la cama. Las Accu llegaron a la una de la tarde del 25 de octubre de 1997, el día antes de que mataran a Marco Aurelio, el tender, y empezaron a sacar gente de las casas. “Cuando llegué ya habían matado a Guillermo Andrés (Mendoza Posso, de 21 años); Nelson de Jesús (Palacio Cárdenas, de 50), y Luis Modesto (Múnera Posada, de 60 años, este último funcionario de la Alcaldía de Ituango)”, dijo Gustavo. “Me contaron que los sacaron de una cantina, la de Nelson de Jesús, y los arrastraron” hasta obligarlos a ponerse bocabajo frente al atrio de la iglesia. Allí, les dictaron la sentencia: ‘Vos te vas a morir por guerrillero’; ‘A vos también te damos por guerrillero hijueputa’ y, antes de disparar contra Luis Modesto, le preguntaron, con sorna, que qué hacía su hijo en las Farc. Con las autodefensas patrullaba Gilberto Sánchez, un hombre de mediana edad, a quien apodaban ‘El Zorro’ y que meses antes habían visto en las filas insurgentes. “Pensé –recordó Gustavo- este tipo debe estar dándole dedo a todo el mundo para salvar su pellejo”. La gente se reunió alrededor de los cadáveres. “Nos amenazaron con una lista negra y dijeron que si sabíamos algo de la guerrilla que dijéramos, que nada nos pasaría si obedecían sus órdenes”. “El que aparezca en la lista, se muere como estos perros y, el que no, no tiene por qué preocuparse”, les anunció uno de los jefes paramilitares antes de permitir a varios lugareños enterrar a las personas asesinadas. “Recuerdo que los metimos, a dos de ellos, en las bóvedas 32 y 33; del otro no recuerdo”, dijo Rodrigo, quien salió de El Aro el lunes siguiente. Las pesadillas de Villalba“Degollé a una muchacha con un machete”, le dijo Villalba Hernández al fiscal al que le rindió la primera indagatoria, el 16 de febrero de 1998, tres días después de entregarse presionado por las pesadillas que no lo dejaban dormir y que repetían, una y otra vez, los gritos de sus víctimas. El cuerpo de la mujer jamás apareció. El paramilitar, una de las personas que comandó la incursión, contó que era ducho en el arte de matar, desde su ingreso a las autodefensas, en el año 94, cuando lo contrataron como escolta de un jefe paramilitar de Sincelejo (Sucre), donde nació el 6 de mayo de 1972. Adquirió la destreza en la finca El Tomate, en el Urabá antioqueño, con instructores como Carlos Mauricio García, conocido como Rodrigo Doble Cero, quien comandó el disidente y extinguido bloque Metro de las Autodefensas y quien fuera asesinado por sus antiguos compañeros el 28 de mayo de 2004 en Santa Marta. A Villalba Hernández le enseñaron a manejar armas, pero sobre todo a matar y el entrenamiento lo cumplió con personas vivas que traían de otras regiones del departamento por sus supuestos nexos con la guerrilla. La idea era “degollarlas, quitarles un brazo o abrirlas”. En la diligencia también confesó su participación en la masacre de Pichilín, corregimiento de Colozó (Sucre), el 4 de diciembre de 1996, cuando asesinaron a 17 personas en una incursión de las autodefensas. Mató a los hermanos Manuel e Israel Vergara y, desde entonces, mató por encargo. Así lo hizo en noviembre de 1997 con dos labriegos de Toledo y, en diciembre de ese mismo año, con dos personas de Labores, corregimiento de Belmira (ambas localidades del Norte antioqueño), “a quienes les disparé con un revólver”. Aparte de la condena por El Aro, Villaba Hernández recibió otra sentencia del Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de Medellín, a 37 años de prisión, como coautor de un concurso de delitos, entre los que estaban los homicidios de Oscar Valderrama Cruz, Luis Alfonso Valderrama López y Alejandro Higuita Mesa. Ellos aparecen entre las víctimas de una masacre de las autodefensas a las veredas La Balsita, Antesales, La Argelia y Buenavista, de Dabeiba, occidente antioqueño, ocurrida entre los días 22 y 30 de noviembre de 1997; es decir, casi un mes después del ataque en Ituango. A El Aro, Villaba Hernández llegó como comandante de un grupo de 22 personas, que se encargó de la retaguardia, mientras adentro ‘Cobra’ y ‘Junior’, los dos principales jefes, ordenaban a sus hombres buscar a los supuestos guerrilleros que aparecían en la lista. Antes de matar al tendero Marco Aurelio, le preguntaron por la guerrilla, que dónde tenía el radio, dónde escondía las armas, cómo se comunicaba con ellos. Revolcaron su tienda, dañaron todo, pero nada encontraron. “Luego lo separaron del grupo y empezaron a insultarlo”. Gustavo vio cuando uno de los jefes se lo llevó para “el cementerio, donde lo torturaron. No quise ver el cadáver porque dijeron que quedó muy destrozado”. Nadie acudió Un funcionario de la Alcaldía de Ituango, quien ahora vive en Medellín y prefirió el anonimato, supo que uno de sus superiores, el secretario de Gobierno local, Alberto Calle Gallo (quien fue asesinado 11 años después de la masacre, el 14 de agosto de 2008 por un atentado con bomba en una cafetería de Ituango) se comunicó con El Aro el sábado 25, pero alguien en la otra línea le dijo que todo estaba bien, que llamara al día siguiente. Repitió la llamada la noche del domingo, para averiguar por la jornada electoral y, antes de que le quitaran el teléfono, la recepcionista le alcanzó a informar de la muerte de cuatro personas, entre ellas las de Luis Modesto y la del tendero. “Le dijo que los paramilitares solo permitieron la votación durante dos horas, de dos a cuatro de la tarde, y que habían alcanzado a sufragar 19 personas”. De inmediato, el funcionario pidió ayuda a la Gobernación, entonces encabezada por Uribe Vélez. Le dijeron que iban a realizar una reunión secreta el miércoles 29 de octubre para analizar la situación de El Aro. Y llamó a la base militar del corregimiento Santa Rita y luego al Batallón Girardot, donde le respondieron que debido a la escasez de tropa, toda destinada al Plan Democracia, diseñado para la vigilancia del proceso electoral, el contingente más cercano demoraría tres días en llegar a pie. El teniente Carlos Emilio Gañán Sánchez, comandante de la Policía en Ituango, le dijo a la Fiscalía que poco pudo hacer para proteger a los habitantes de El Aro, pues tenía la orden de no enviar a ninguno de sus hombres a la zona rural, debido a la situación de orden público del momento. Se enteró de lo sucedido por los informes de prensa y aceptó que tres o cuatro días después de las elecciones vio que un helicóptero artillado había sobrevolado la zona. Mientras las autoridades se tomaban su tiempo para decidir qué hacer frente a los llamados de auxilio para que alguien corriera a socorrer a los pobladores del caserío, en El Aro los paramilitares seguían matando a gusto a los civiles, y combatiendo a la guerrilla en las afueras del pueblo. Impotente ante la toma de su pueblo, el sacerdote Héctor Gallego repetía una y otra vez por un parlante que la gente de El Aro era gente de bien, humildes campesinos y que lejos estaban de tener algún vínculo con la guerrilla. “El lunes hubo otro combate, por lo menos eso era lo que se escuchaba”, dijo Teresa quien se decidió por fin a regresar a su casa, luego de dos días de permanecer a la intemperie. “Entré de un empujón a mi niña que me decía desesperada que un helicóptero blanco volaba bajito”. Ella no lo vio, pero el ruido de las aspas y de los fusiles casi la ensordece. Ese día, entre vigilia y rumores, la tensión crecía. Contaron que varios paramilitares tenían encerrada y torturaban en el salón anexo a la casa cural a Elvia Rosa Areiza Barrera, de unos 30 años, que le ayudaba al párroco en los quehaceres domésticos. Gustavo supo que la violaron, la ultrajaron y vio cuando la sacaron arrastrada por la calle. “La mataron y la dejaron tirada cerca del matadero”, donde días después sólo recogieron algunos huesos que dejaron los chulos. Rosa Elvia no aparece registrada en el proceso judicial, porque su muerte no pudo comprobarse oficialmente, pero sí está entre las víctimas de la sentencia de la CIDH. “Estaba casada con Eligio Pérez Aguirre, con quien tenía cinco hijos: Ligia Lucía, Eligio de Jesús, Omar Daniel, Yamilse Eunice y Julio Eliver, todos de apellido Pérez Areiza. Sus padres eran Gabriel Ángel Areiza y Mercedes Rosa Barrera. Su familia se desplazó a otras ciudades por motivo de los hechos y regresaron tres años después a la región”, dice el fallo. Comienza el éxodo El lunes 27, los paramilitares dejaron salir a los primeros desplazados, pero de manera selectiva. Así lo hicieron durante martes y miércoles, tiempo que les sirvió para saquear las casas y dañar todo lo que encontraban. El miércoles 29, los combates se alejaron. Fue entonces cuando, ante el asombro de los campesinos, un helicóptero negro artillado de los que usa la fuerza pública -según consta en el proceso judicial que compiló varios testimonios en ese sentido- aterrizó en El Aro, entregó munición a los paramilitares y sacó a un combatiente herido. El jueves 30, reinaba la confusión y el pánico. Ninguna autoridad aparecía. Una mujer acusó a Dora Luz Areiza Barrera, de 21 años, de ser guerrillera. La apresaron de inmediato y le dijeron que su vida dependía de la información que les suministrara. “Se la llevaron para que les mostrara el campamento”, pero Gustavo no la vio regresar, “lo único que sabemos es que la encontraron después, como a dos horas del pueblo”. Lo que apareció de su cuerpo, de la cintura para abajo, fue enterrado sin la presencia de autoridad alguna, hecho que, en parte, impidió también que fuera reconocida su muerte en los expedientes. Para entonces, ya los paramilitares habían podido juntar 1.200 reses robadas de todas las fincas vecinas. Los primeros desplazados habían llegado a Puerto Valdivia, donde tuvieron otro inconveniente con algunos soldados que los obligaron a devolverse con el argumento de que pronto llegarían a El Aro a brindar seguridad. Las autodefensas amenazaron de muerte a 17 campesinos y los obligaron a arrear el ganado hasta varias fincas del Bajo Cauca. Los mandaron delante de las reses, pues pensaban que el territorio estaba minado. “Antes de irse y dejar ir a los demás, le prendieron candela a todo y, el resto, los colombianos lo vieron por la prensa y la televisión…”, recordó Teresa. El ganado pasó por varias veredas y por la Troncal de Occidente pese a que, para la fecha, el Ejército y la Policía estaban enterados de lo sucedido. Tres de las personas consultadas para este trabajo periodístico dijeron que nunca volvieron a ver sus vacas, a pesar de que tocaron muchas puertas y de las promesas de que se las devolverían una vez demostraran su propiedad. “Miembros del Ejército tenían conocimiento del hurto y traslado del ganado e, incluso, impusieron un toque de queda a la población (Puerto Valdivia), cerrando los negocios comerciales nocturnos”… para evacuar las reses, por plena vía pública y sin testigos, de las cuales también se lucraron algunos, “pues dispusieron de unos semovientes para su consumo interno”, dijo el informe de la CIDH. De acuerdo con la Comisión y el fallo judicial, el teniente Bolaños, con informaciones falsas suministradas a funcionarios de la Gobernación sobre el origen y el destino del ganado, habría facilitado el tránsito. “El ganado provenía de fincas entre Puerto Valdivia y El Aro, las cuales quedaron sin ningún animal… Fue montado en camiones y trasladado a Caucasia”, dictaminó la CIDH. Villaba Hernández dijo que el destino final fue un predio de Salvatore Mancuso, ubicado entre Montería y Tierralta (Córdoba). El ping pong Lo que pasó después fue un debate mediático sobre las responsabilidades. Alterado, Carlos Castaño llamó a los medios de comunicación, negó las torturas y, frente a los homicidios, dijo que las personas muertas eran “guerrilleros vestidos de civiles”. “Que se exhumen los cadáveres y, si alguno presenta señales de tortura, me comprometo personalmente, a poner a disposición de las autoridades a dos de los comandantes que supuestamente entraron en esa zona”, le dijo al diario El Colombiano. Nunca lo hizo pero reconoció que Ituango y, en especial, el Nudo eran un objetivo de las Accu. Una investigación de la Fiscalía determinó que la idea de llegar a la región empezó a cristalizarse el 11 de junio de 1996, en una finca del norte antioqueño, donde comerciantes y ganaderos, víctimas de las continuas extorsiones y amenazas de las Farc, ofrecieron 300 millones de pesos a las autodefensas como sostenimiento de su tropa para que frenaran a las Farc. Técnicos del CTI documentaron que los paras, traídos de Urabá, se ubicaron en siete apartamentos de la zona urbana de Ituango y montaron tres campamentos en las veredas Los Galgos, Buenavista y Chambas. El valiente abogado y concejal de Ituango, Jesús María Valle Jaramill, denunció lo sucedido a todo pulmón; dijo que los paramilitares habían asesinado a 120 personas en su municipio y que habían contado con la tolerancia de las autoridades y mandos militares de la región. Dijo que debido al accionar paramilitar y su aparente connivencia con la fuerza pública ocurrieron masacres como las de El Aro y La Granja (el 11 de julio de 1996, cuando murieron cinco personas). A raíz de esas afirmaciones, el comandante de la IV Brigada, general Ospina Ovalle, lo denunció por injuria y calumnia, pero el entonces presidente del Comité de Derechos Humanos de Antioquia se sostuvo en sus aseveraciones. “Los grupos paramilitares no podían cometer tantas tropelías, asesinar a tantas personas y sembrar el terror en mi pueblo si no fuese por el comportamiento connivente del Ejército y la Policía”, insistió. Sicarios de la banda La Terraza, una organización criminal al servicio del narcotráfico y que le hacía algunos encargos a las autodefensas y, en especial, a Carlos Castaño, mataron a Valle en su oficina del centro de Medellín, la tarde del 27 de febrero de 1998. Epílogo Once años después muchos han regresado a sus casas en El Aro. Ahora tienen luz eléctrica. El Estado pagó la indemnización ordenada por la CIDH, pero la gente del caserío sigue a la espera del acto de desagravio y del monumento en honor a las víctimas. “Pocas cosas han cambiado; es más, todo parece igual, porque inclusive la guerrilla volvió y la coca sigue siendo el sustento de muchos”, dijo Teresa que nunca volvió su pueblo. “La plata que me dieron no alcanza a cubrir el dolor ni la ausencia”. Rosa María, la mujer del buen tendero Marco Aurelio, también sigue en duelo once años después. No sabe dónde esueda una ttán los verdugos de su marido. De él, sólo qumba raída.

    CUANDO ESTABAN CONSTRUYENDO EL COMANDO DE POLICÍA DE ITUANGO AÑOS 1990


    EN CUALQUIER LUGAR DONDE HAYA UN ITUANGUINO, , ,

    El 23 de agosto de 1847 la labor enconada de JOSÉ MANUEL TAPARCUÁ, GREGORIO CHANCÍ, FRANCISCO CHICA Y PATRICIO SUCERQUIA, dio sus frutos, porque el entonces gobernador de Antioquia, JOSÉ MARÍA MARTÍNEZ PARDO, lo erigió como municipio. Hacía justicia con el poblado que se venía denominando con el nombre de La Aguada y que pertenecía al distrito de Sabanalarga, tanto en la jurisdicción civil como en la eclesiástica.
    El poblado estaba donde hoy es Pío Décimo, también llamado Fundungo. Los fundadores, que a su vez fueron sus primeros concejales, adelantaron una ardua labor para buscar el reconocimiento como municipio y para trasladar a Ituango al lugar donde hoy queda, que en ese momento se llamaba El Llano.
    Alegrémonos con nuestro pueblo y brindemos porque su destino sea de paz, justicia, equidad y prosperidad para quienes en este suelo habitan, aman y sueñan, o lo añoran en la distancia desde sus mejores recuerdos.
    Sea la ocasión de rendir homenaje a un ituanguino ilustre como el doctor Jairo Correa Montoya, historiador de nuestra patria chica y quien amó entrañablemente a esta, su tierra.

    EL ASILO DE ITUANGO UNA GRAN OBRA A LA QUE TODOS DEBEMOS AYUDAR


    VEREDA GUACHARAQUERO DE ITUANGO


    lunes, 23 de septiembre de 2013

    HIMNO A SANTA RITA DE ITUANGO

    HIMNO A SANTA RITA. AUTOR LETRA Y MUSICA GABRIEL JARAMILLO TOBON
    Animados paisanos del norte donde juntos pudimos luchar por un pueblo pequeño y abierto por ancianos valientes de hogar.

     En sus manos el hacha empuñaron y mostraron su fuerte valor por un pueblo pequeño en el norte que Antioquia por patria nos dió.

    S anta Rita por nombre le dieron nuestros héroes que supieron luchar en las guerras pasadas lograron con su sangre el triunfo alcanzar.

     Encerrados por verdes colinas donde vimos los rayos del sol alumbrando sus bellas montañas para darle su luz y color. 

    Nuestros padres que allí nos brindaron una cuna de amor y amistad con sus manos las cunas mecieron y nos vieron alli levantar. 

    Oh ancianos que hay en la tumba descanzando del mundo traidor que el eterno os tienda los brazos y os lleven a feliz galardón.

    FUTBOL DEL RECUERDO EN ITUANGO AÑO DE 1994

    CANCHA MUNICIPAL DE FUTBOL "JAIRO CIFUENTES C" ALCANZAMOS A DISTINGUIR DE PIE WALTER MISAS ( LA ARAÑA ) OMAR MARIN ( PROFESOR  EDGAR FREDY Y FERNANDO UPEGUI ACTUALMENTE DOCENTES EN EL PEDRO NEL OSPINA, JUAN MONTOYA RENGIFO GRAN ARTISTA ITUANGUINO SUS CUADROS LLEVAN LA FIRMA JOTA MONTOYA, Y ROMAN ALBEIRO SUCERQUIA LA POPULAR GIRA  ROMAN ALBEIRO ALVAREZ SUCERQUIA
    ABAJO DE SEGUNDO GERMAN RESTREPO FALLECIDO DEMANERA INJUSTA EN PA EPOCA ACIAGA DE VIOLENCIA PARAMILITAR EN NUESTRO MUNICIPIO, FREDY RIOS , LA GUAGUA  EDUCADOR.  PACO Y FERNANDO CALLE GALLO

    QUE TANTO CONOCE USTED DE ITUANGO

    Como se llama la biblioteca municipal de Ituango_______________________

    Carlos_______________________________medico de Ituango en los años sesenta,muy recordado y querido por las gentes de Ituango.
    Como se llama la carrera que baja por el chispero_________________________________
    Oscar_________________________________mejor jugador de billar de Ituango,en todos los tiempos.
    Don Moisés_______________________llamado cariñosamente en Ituango “El Turco”
    En que año se inauguro el santuario a la Virgen de las Misericordias en Ituango________________
    Nombre de la primera empresa que presto el servicio de transporte a Medellín en Ituango_______________
    En que año llego la carretera a Santa Rita_____________________
    Como se llamaba el hotel de Doña Raquel en Ituango___________________________
    Famosos poeta, que vivio en Santa Rita______________________________________
    En que año fue fundado la Granja oficialmente como Corregimiento_______________________
    Cual es el Ituanguino,que ha sido concejal por mas periodos en nestro municipio___________________
    Año exacto de la fundación de la parroquia de Santa Rita_____________
    Hasta que año funciono la Normal Rural de Ituango________________________
    Fecha de la fundación oficial de Ituango_________________________________
    Cuantos palos de mango habia en el parque de Ituango______________
    En donde queda El Pénsil_________________________________
    Nombre de los rios mas importantes de Ituango___________________________________________________________________
    En que año fue cazado el tigre de Ituango en pascuita.__________________________
    Primer párroco de la Granja_______________________________________
    Actual párroco de El Aro_________________________________________
    En que año visito nuestro pueblo el famosos humorista Montecristo______________
    Quien llevo el cine a Ituango___________________________________
    Quien llevo el primer televisor a nuestro pueblo________________________________
    Ramiro____________________________famosos conductor Ituanguino
    En donde queda Arenales en nuestro pueblo_________________________

    Director del Hogar de bienestar del anciano en Ituango______________________
    Quien fue el primer habitante de le barrio la Esperanza en Ituango__________________________
    Antes de traer la arena de el rio,de donde era traida esta a Ituango___________________________
    Director del liceo Jesús Maria Valle de la Granja____________________________
    Ramiro____________________________________panadero Ituanguino
    Jose Norbey___________________________________primer trasplantado de traquea en
    Donde queda el baririo Miguel A Bedoya Porras en Ituango____________________________


    El monseñor de las cuatro en Ituango____________________________
    Peja,persomnaje político de Ituango______________________________

    ITUANGO

    ituango

    COLOMBIA
    Departamento de Antioquia
    Fundación del municipio: 1844.
    Erección del municipio: 1847.
    Fundadores: José Manuel Taparcúa, J. Gregorio Chancí, Patricio Sucrequia entre otros.
    Distancia a Medellín: 194 Km.
    Extensión: 2.347 Km.2
    Temperatura media: 21º.
    Población: 44.414 habitantes.
    Altitud: 1.550 metros.
    Gentilicio: Ituangueños, Ituanguinos.
    Apelativo: "El Edén del Norte". ITUANGOTIERRADEPAZ
    Latitud Norte: 07º 10’ 22’’
    Longitud Oeste: 75º 45’ 12’’
    Teléfono alcaldía: 8643020
    Fax Alcaldía: 8643175

    Limites Municipales: Limita por el Norte con Taraza y el departamento de Córdoba, por el Este con Valdivia y Briceño, por el Sur con Briceño, Toledo y Peque y por el Oeste con Debeiba y Mutatá.
    División administrativa: Cuenta con su cabecera, los corregimientos (3), La Granja, Santa Rita y El Aro y 101 veredas. A esta división se suma el Parque Nacional Natural Paramillo, que comprende el 54% del territorio.
    Origen del nombre: De acuerdo con Jaime Sierra, Ituango es una palabra Catía que significa bebida de chicha. Itua: chicha y Ko: comida.
    Comunicaciones: Se comunica por carretera con Briceño, Toledo y Peque. Tiene un pequeño aeropuerto.
    Actividad económica: Agricultura, ganadería, comercio y minería.
    Resguardos indígenas: En el municipio se encuentran los resguardos de Alto Sinú Esmeralda y Cruz Grande, de la etnia de los Catíos.
    Fiestas de interés: Feria de la Ituanguinidad del 21 al 23 de agosto. Feria Agropecuario, en el mes de diciembre. Semana Santa, sin fecha fija en el mes de marzo o principios del mes de abril.
    Gastronomía: Gallina con bolas de chócolo: sancocho de gallina criolla y se acompaña con bolas de maíz tierno.
    Patrimonio histórico artístico:
    Iglesia parroquial de Santa Bárbara. Se comenzó a construir en 1894.
    Iglesia parroquial del Carmelo.
    Patrimonio natural:
    Parque Nacional Paramillo. Ubicado en el Nevado que lleva el mismo nombre, posee una altura de 3.960 metros.
    El Cañón o garganta del Cauca. Se encuentra al sr del municipio.
    Cerro de Umangá. Se encuentra rodeado por los ríos Cauca e Ituango.
    Las Hoyas Selváticas de los ríos San Jorge, Sinú, San Sereno y San Matías. En este lugar se encuentran diversas especies de fauna y flora, sobresalen las orquídeas.

    CON CONVITES SE CONSTRUYO EN LOS AÑOS 1980 EL TEMPLO DE LA PARROQUIA EL CARMELO


    HERMOSA ESTAMPA FAMILIAR EN ITUANGO ANTIOQUIA


    lunes, 16 de septiembre de 2013

    SE LLAMABA JULIO CESAR GEORGE FUE SIEMPRE COTERO O BULTIADOR HABIA PAGADO SERVICIO MILITAR Y DESPUES QUE REGRESO A ITUANGO LAS GENTES LE BUTIZARON COMO MI CABO..........ERA DE UNA CONTESTURA FUERTE LO CUAL LE AYUDABA A SU OFICIO, SIEMPRE USO GORRA O CACHUCHA ADEMAS DE SU INFALTABLE CARRIEL Y POR SUPUESTO LA CARGADERA PARA ALZAR LA PESADA CARGA , TRABAJABA MUY FUERTE DURANTE EL DIA PERO EN EL ATARDECER NOCHE YA NO LE PODIA FALTAR SU MEDIA DE AGUARDIENTE, FALLECIO A MEDIADO DE LOS AÑOS 90



    EL MAESTRO RAMON VASQUEZ NACIDO EN SINGO

    Por su talento, Ramón Vásquez despertó la admiración de grandes maestros como Eladio Vélez, Emiro Botero y Carlos Gómez Castro. Al maestro Ramón Vásquez siempre le ha gustado nadar contra la corriente, independiente de lo que digan los críticos de arte. A Ramón Vásquez, el maestro de Ituango, no le gustan los autorretratos. Ni siquiera me miro en el espejo, dice.
    Aún así reconoce que el hombre de cabellos grises, desordenados y delgados como hilos de humo que se ve en sus pinturas tiene un poco de él. Es la representación del artista apasionado que pasa horas dedicado a la vida contemplativa, rodeado de lienzos y esculturas.
    La soltura en sus pinceladas expresa la libertad que lo ha caracterizado y por la cual lo han tildado de irreverente. Precisamente, su más reciente exposición se denomina "El loco genial", y se puede visitar en el Hotel Portón Medellín.
    "Yo nunca le pido permiso a nadie para pintar.
    Yo pinto lo que quiero", expresa el artista que no conoce reglas, no confía en los que se ufanan de ser críticos de arte y le incomodan los "lagartos".
    A su parecer, uno de los mayores problemas que tiene el arte contemporáneo es que está movido por el dinero, de ahí que muchos consideren que una obra está pasada de moda.
    "¿De manera que el arte es moda? Entonces usted es muy bruta", recuerda que respondió alguna vez a una reconocida crítica.
    Y aclara que no odia a nadie. Simplemente es un hombre muy franco y, en sus palabras, se deja ver la modestia.
    Cuando le preguntan cuál es el cuadro que más le gusta responde que ninguno, ya que siempre les ve errores por toneladas. "Uno todos los días progresa más". A esto añade que apenas está empezando, que se considera muy joven para pintar.
    Siempre ha estado contra la corriente. Recuerda la ocasión en que Eladio Vélez lo puso a pintar una silla y el se decidió por la cabeza de Donatello. En ese entonces, como ahora, le interesaba el cuerpo humano al punto que se dedicó a estudiarlo por su propia cuenta para después enseñarlo a otros en su clase de anatomía artística.
    "El que pinta desnudos pinta paisajes. Vea a esta nariz le entra la luz por el lado de acá y le da sombra", y compara este efecto con el que produce el sol sobre las montañas.
    Lo onírico
    Le parece de vital importancia que los niños se acerquen a las manifestaciones del arte y de este modo descubran sus talentos, ya que todos ellos son creadores en potencia, manifiesta
    "Todo ser humano es artista. Que unos se van por otro lado, es verdad. El niño nace bueno, pero la sociedad lo corrompe".
    Su acercamiento al arte lo logró por medio de la pereza, que considera ‘la madre de todas las virtudes’. "Si no fuera por nosotros los perezosos, ¿Quién crea?", pregunta. De igual modo, reconoce que el paso por la academia es positivo porque esto brinda mejores condiciones al artista.
    Considera que en la pintura existen maestros y no son precisamente los que figuran. Admite que existen muchos a quienes no quisiera imitar.
    A través de personajes y paisajes, Ramón Vásquez lleva al espectador por un universo onírico en el que se develan las ataduras del hombre moderno. Deja ver sus añoranzas por el pasado y la vida del campo, al igual que la profunda desconfianza que le produce el futuro.
    "El futuro lo veo muy feo. El hombre es como el alacrán. Él mismo se va a matar", y añade que los países desarrollados están acabando con los recursos naturales sin darse cuenta. Luego vendrán los lamentos. "Después de ojo sacado no vale Santa Lucía", remata.
    Biografía - El arte es pensar
    Ramón Vásquez nació en Ituango en 1922 y además de pintor es muralista. Aclara que no se inclina por ninguna de las dos facetas.
    "Hoy soy muralista, mañana pintor, pasado mañana soy dibujante, después nadador y esgrimista. Yo vivo mi vida", dice sin tapujos.
    Su infancia estuvo marcada por las dificultades económicas lo que lo llevó muy pronto a viajar a Medellín. Su primer hogar fue el Hospicio de la casa de pobres, donde vivió por un espacio de 5 años.
    De esta época recuerda de manera muy especial a su amigo y artista Francisco Madrid Quiroz, con quien compartió varios años de estudio en el Instituto de Bellas Artes.
    "El arte es pensar. Poner el inconsciente a que trabaje con la conciencia", expresa. Nunca se ha sentido en desventaja frente a otros creadores. Asegura que siempre hay que seguir para adelante.


    ESCRITURA FIRMADA EL 18 DE ENERO DE 1880 EN ITUANGO




    HERMOSA PINTURA DEL ARTISTA ITUANGUINO CAMILO PALACIO


    ENTRADA AL TEMPLO DE SANTA RITA DE ITUANGO


    Plaza de Bolivar Bogota