lunes, 23 de enero de 2012

HISTORIAS DE ARRIERIA EN ITUANGO.............A AQUELLOS HOMBRES ETERNA GRATITUD

La región de Ituango santa Rita, el Aro,Pascuitá,la granja, santa Ana, santa lucia, quebrada del medio etc.debe su progreso al trbajo tesonero de los arrieros,hombre que desafiaron estas escarpadas montañas llevando los productos que aquí se producían(café, frijo,panela, maíz) y trayandode la cuidad de Medellín, Yarumal, santa rosa de osos, aquellos productos indispensables paea el sostenimiento de sus gentes(telas, sardinas,aguardiente.entonéles y hasta costosos muebles importados) sin contar la carga pesada como ruedas pelton,despulpadoras,plantas eléctricas, trilladoras etc.maquinaria toda indispensable para el progreso de la región, había cargas prohibidas como el tabaco, que los arrieros aveces se arriegaban por que el flete era costoso,pero con el problema de que aveces la carga emborrachaba la mula y otras de mariaban y se echaba y las que no no se dejaban marear por el olor del tabaco, empezaban ha hacer bulla con el ocico y se comvertian en los que llama un mula tabaquera,ademaslo que en ese tiempo llamaba contrabando de tabaco era peligroso y daba cárcel. Ituango en los años 1920 al 1960 fue gran productor de tabaco, inclusive el señor Ramón Palacion tuvo una fabrica de tabaco.se utilizo primero el termino mulero que el vocablo arriero quizás por las costumbres de la recua de mulas.la palabra arriería deciende de árabe arr, grito acostubradopara insitar a los camellos.



la mulada se componía por lo general de unas 20 mulas, habían ido al valle de Toledo a llevar un café de exportación de don Martin Tobon y allí recogieron carga para surtir las tiendas del pueblo, y otra carga que iba hacia santa Rita para el almacen de doña Sara Montoya y que había que descargar en labodega de los galgos donde los recogieran los arrieros de Santa Rita como cucho estrada o Solano Mendoza. En el valle de Toledo había varias bodegas y posadas donde llegaban los arrieros, las más apetecidas eran la de Ricardito Palacio y la de Pacho Avel Roldán. El sangrero se despertó alas 6am, gracias a dios no había llovido, pues no era lo mismo arriar en invierno que en verano. El sangrero se vistió: camisa, pantalón y unas abarcas al menos para empezar el camino; después con el pantano era mejor descalzo.preparo la comida para las mulas desde la víspera había dejado la panela machacada en agua para hacer unas especie de agua de panela, que después arreglaba con salvad, pasto, caña y melaza eran los alimentospreferidos de las mulas, había que cuidarlas muy bien, pues de ellas dependía en gran parte el éxito de la jornada,que ese dia dia los lelvara a patio bonito a la posada de l zarco Zuluaga.empezaba a clarear ya en la cosina se escuchaba el sonido de las ollas, las mujeres preparaban el desalluno y algunos alimetos que llavarian los arrieros para el camino.dentro de los alimentos estaba¨las estacas:estas se hacían cosinando maíz pelado en lejía después se muele se revuelve con chicharon de empella y forman la estaquita, se envuelve en hojas de platano y las ponen a cosinar en agua hervida,se les hacia también unosas cosas llamada ¨biscocho¨ de arriero abase de maíz, este biscocho podía durar hasta un mes sin dañarse. Además de estos alimentos preparados los arrieros llevan carne de tosino,frijoles,panela,chocolate,arepas,y café para preparar en el camino.mientras elsangrero organizaba el caballo donde iria la comida,los arrieros armaban el catre, una cobijay una muda de ropa, todo bien embuelto y amarrado con un rejo sobre el caballo.¡ahora a cargar las mulas!, el sangrero ayuda a un arriero veterano:¨se vende el animal con la mulera,se carga por el lado derecho, sele coloca la enjalma asegurada por la retranca para queno se corra para adelante, y asegurada por el pretal para queno se corra para atrás. luego se locola lia al primer bulto,que es una soga de cuero bien fina, se leabre un bozal;se le alzael primer bulto con la lia, después el otro sostenido por el sangrero y se amarra juntos;luego se amarran los 2 bultos con la sobrecarga, que es una soga mas larga, la cual tiene un cinchon de cabulla que se le pasa al animal por debajo del vientre; al final del cinchan esta el garabato, que es un gancho de madera fina, generalmente de guayabo o de arrayan. Por medio del garabato se asegura la sobrecarga y se aprieta bien fuerte con un nudo corredizo llamado nudo de encomienda¨.


el caporal paso a alisto y realizo las cargas: cinco arrieros, 20 mulas,10 con telas,5 contoneles de aguadiente y ron y las otras 5 con la carga que va para santa Rita, irían por la banca siguiendo la orilla del cauca y si todo sale bien pasaran la noche en patio bonito en la posada del Zarco Usuga. El caporal era como el jefe: pagaba a los arrieros, hacia la lista de las mercancías señalaba rutas, sitios de ospedaje y duración de jornal.


Era también el responsable de la entrega de la carga con sus recibos y remiciones.todo llevaban su carriel,la aguja arria para remendar algún aparcejo que se rompiera, o su ropa, pues nadie estaba libre de accidentes, también llevaban un rollito de cabulla, clavos de errar,martillo y tenazas y hasta una botella de aguadiente de anes,la verdad que uno que otro traguito les caia bien.


Sobretodo en los calores del cauca por pescardeoo y de hay hacia arriba. Eran las 5 de la mañana y el inicio de un viaje que treminaria el dia siguiente cuando esperaban llegar a la plaza de Ituango y eso de las 2 pm. En el camino se encontraban con arrieros que iban hacia san andres y otros subirían la loma de ochali para lelgar al otro dia a Yarumal. Cuando el muchacho que iba en la caballo y veai a los lejos que venia una recua de mulas tocaba la corneta tatata avisnadoles a los que vanian y alos que iban para los arrieros se dieran cuanta y se alistaran por el asunto de que en sus caminos eran muy estrechos y si un mula con otra sen controntarban cerquita, y un bolto le daba a otro bulto y aabia la posibilidad de que se echaran a pelotiar y hasta peleas se podían precentar en los caminos. el trabajo del arriero en el camino era bastante,siempre pendiente de quelas mulas no se fueran a resbalar o a caer por un avismo,requintando la carga, ajustándola cada vez que se aflojaba, cuidando celosamente de que las cargas no se fueran a perder a dañar,después de la calidad de su trabajo dependía que hubiera mas. El arriero empezaba trabajando en muladas grande perosu anhelo eratrabajar duro ycon el timpo hacer algún dinero y comprarsus propias mulas y hacerse independiente de sangreros se pasaba a arriero y de este a caporal. Continua el viaje, se llega al rio cauca, caudaloso, borracoso y apresado por entre enormes rocas, base de elevadas montañas,el paso se hacia por un puente colgante que se meciacomo una amaca haciendo chirriar la estructura. Allí permanecia un empleado que se encargaba de llevar las estadísticas y cobrar lo que se podría llamarse un peaje. Destinado almantenimiento del puente, las tarifas ocilaban entre 5, 10 y 15 centavos, según se tratara de mulas cargadas, ganados y personas a caballo, hacia un calor infernal, han pasado el viejo puente de madera en el sitio pescadero y empieza el camino a empinarse, la idea es llegarantes delas 4pm ala posada; en una curva del camino espera para dar paso a Israel higuita y sus mulas que van camino hacia Medellín cargadas de café,el sol empieza a bajar,las mulas y los arrieros necesitan descansar.desde la posada se sabe que llegan,por la bulla y el griterío. El Zarco Usuga ya los conoce, se sonrrie al oir a lo lejos las palabrotas y ya se acostubro al vocabulario de los arrieros, todos son nos mal hablados y es que según un viejo arriero¨ si no es mentándoles la madre¨, las mulas no andan. En muchas ocaciones, cuando los cogia la noche y cuando están a la posada, se les escuchaba en su gritería con las mulas, la siguiente expresion¨arre mulas juepuchas, apuere el paso que el hambre es mucha.


El caporal al escoger la posada dodne descansarían tenían en cuenta la buena comida que allí se preparaba que hubiera bueno potreros para las mulas comieran hasta que se jartaran, claro que no siempre alcanzaban a llegar a la posada, muchas veces los cogia la noche en la mitad del camino. Entonces buscaban potreros y armaban una tolda¨ponian linso en una manga ala orilla del camino; hacia un dormitorio, preparaban comida y dormir a la luz de la luna¨.


una vez en el descanso de la posada, los arrieros disfrutaban de una delisiosa comida y luego empezaban una amena conversación entre ellos,donde contaban las dificultades en el camino, tales comolas bregas con las cargas, si se averiaban los costales, y se les había derramado el frijol o el café,que tal o aquellamula seles había caído en el camino por el pantano o el cansancio, el desvio por otros caminos o senderos, en fin se conversaba de todo, no faltaba el que empezaba a contarhistorias de brujas y duendes y cuando alguin sabia rasgar el tiple a la mitad, empezaba a alerar la noche con sus canciones.es la posada y sitio donde se encuentran los arrieros, el espacio nocturno de la tertulia,la charla, la anécdota. La tradición oral de los caminos se recrea en estas noches de reposo y esparcimiento, allí en una amena charla a ala luz de una lámpara de petróleo, conversan animadamente: Manuel Morales , Isidoro Roldan y Romulo Sierra que van hacia Ituango, Roberto Zea y bertulfo Granda arrieros que vienen de santa Rita y vn hasta san andres de Cuerquia,Nepomuseno Echeverri luis Mazo Usuga,arrieros que van hacia la granja con una carga para la tienda de don Millo Jaramillo y el mono roldan y Jaime rodriguez arrieros de pascuita que van con sus mulas cargadas de frijol propiedad de donde pepe campusano hacia yurumal,todos ellos muy buenos amigos , cuantas veces se habían encontrado en la posada, en los caminos, en fin, había mucho que conversar y uno que otro trago de aguardiente anisado que bajaba como gato en reversa por el gañote. Ya era tarde, había que dormir, todos se acomodan en el espacioso corredor de la caza, no había necesidad de cobija, pues hacía una noche fresca, todos se organizaban bien: Usted aquí con su tolda, sus diez o veinte cargas de aquí para allá y yo de aquí para allá y así se iban todos repartiendo los espacios, todo con el más completo respeto. El sangrero se siente cansado, no resiste los pies, sacó la vela que traía en el carriel, la calentó y se la untó, luego les refregó un limón ¡qué alivio!, había aprendido que era la mejor fórmula de cuidarse los pies para que no se le pelaran, sobre todo, en invierno.


Con el primer canto del gallo todos se levantaban, organizan las mulas, cargas y a continuar el camino, el aprendizaje del arriero nunca acaba los bultos. Debían pesar unos 75 hilos y cubiertos por un encerado que los protegía de la lluvia, de acuerdo con la mercancía, la carga podía ser redonda, cuadrada, angarillada, de rastra y tureguiada, esta última consistía en varias mulas en fila india, de dos en adelante, llevando la carga como en forma de camilla, provistas de unas varas de guadua muy largas que se usaban para cargas excesivamente grandes y pesadas como la llevada de la planta de la luz de Santa Rita, entrada por Puerto Valdivia y en Ituango la imagen de la Vírgen de las Misericordias que está en el parque de La Plazuela que fue traída de San Andrés de Cuerquia en turega. Son muchos los dichos y refranes utilizados por nuestros abuelos y que hacían referencia a la arriería “Arrieros somos y en el camino nos encontramos”, “La carga dispareja se cae del lado más pesado”, “El que nació para carga del cielo le cae la enjalma”, “En el camino se componen las cargas”, “Mula parada no gana flete”, “Levantándo la enjalma es que se ve la matadura”, “Herradura que suena mucho algún clavo le falta”.


La mulada a paso firme, llega a Los Galgos, los que van Santa Rita y Pascuitá, giran a la derecha, los arrieros de Pascuitá llegarán allí a las cuatro de la tarde y los de Santa Rita, descansarán en La Esperanza donde los Correa y mañana después de las dos de la tarde estarán llegando a Santa Rita. Los que van a La Granja y a Ituango, continúan su camino unos saben que pronto llegarán y los de La Granja bajarán por Pío X o Fundungo, al río ITtuango y subirán a Cenizas buscando la posada del Zainal, donde dormirán antes de llegar al otro día a La Granja, pasan por la M, posada de Don Gabriel Muñoz, Agualinda, Chagualonal, Victorianito y por fin al frente se divisa Ituango, son las dos de la tarde, Filo de la Aurora, La Selva, Chapineros, Peñitas y con sus gritos los arrieros llegan a la plaza principal de Ituango. Unos descargan en la tienda de Alfonso Bedoya y Marcos Montoya, otros en El Chispero donde Martín Tobón y en la botica de los Acevedo. Ya casi de noche los arrieros han terminado su labor, el sangrero lleva las mulas a la pila de la plaza para que tomaran agua para que se refrescaran y luego buscan un portero donde darles descanso, el arriero sudoroso antes de llegar a casa se queda un rato en el kiosko de Lorenzo Restrepo, se toman unas casquimonas y ya en la noche llegaban a casa donde los esperan la mujer y sus hijos, hay que descansar tal vez en dos o tres días, para emprender de nuevo un viaje hacia Medellín el cual dura unos quince días. Fue nuestro homenaje a aquellos hombres machos que ya se fueron y a sus muladas que trasegaron los caminos de esta región llevando y trayendo el progreso de estas alejadas tierras. A ellos nuestra gratitud.


En Santa Rita, se destacaron Suso Granda, Octavio Gutiérrez, Tomás Moreno, Juan Yepes, Colis Cortínez, Rafael Hurtado, Miro Zea, Manuel Antonio Roldán, Chavito Gutiérrez y tal vez, el último de los arrieros Santarriteños Carlos Pmeberthy. Fueron arrieros en los años de 1880, los hermanos Álvarez (Antonio, Daniel y Pacho), que llegaron a Ituango procedentes de Entrerríos y San Pedro de los Milagros y se establecieron en La Hundida.


Para los lados de La Granja eran arrieros César y Omar Posso, Enrique Rodríguez, Nepomuceno Echeverry y su hijo Ernesto Eduardo Guerra, Carlos Emilio García, José Patiño, Luis Mazo Úsuga, Bernardo Zuluaga Calderón “El mono”, José Alejandro Molina, de San Juanillo, Pelayo Londoño, Gustavo Mazo de Reventón “El duende”,.


En Pascuitá eran arrieros “El mono Roldán”, Emilio Mora, Ramiro Posso, Jaime Rodríguez, Antonio Durango, Vicente Jaramillo. Punto aparte fue Don Manuel Morales Gómez, un decano de la arriería ituanguina, arriero por más de cincuenta años, Don Isidoro Roldán, excelente hombre, gran señor, sus últimos años los pasó en Estados Unidos en compañía de los suyos y no desaprovecha vacaciones para regresar a su tierra, especialmente a su finca “Las Chambas”, ubicada en la falda del Río, Don Israel Higuita, quien tenía su casa en El Turco. Hacia La Miranda, El Cedral, eran caporales Ricardo Valderrrma, Justiniano Posso y Roberto Taborda, Gustavo Alvarez, Delio Pemberthy, Rómulo Sierra, Arón Graciano, Miguel Gil, Lalo Jaramillo, Ramón Betancur, Carlos Uribe, Flavio Uribe, Conrado Uribe, Efraín Lopera, Tino Porras, Antonio Gaviria, Quico Giraldo, Enrique Guzmán, Luis Guzmán, Antonio María Pérez, Joaquín Ramírez, Berto Gómez, Quico Bustamante, Félix Bustamante, Luis Amador Jaramillo, Sergio Sepúlveda “arriaba las mulas de Don Lino Marín, Gilberto Vera, Iván Vera, Luis Restrepo, Joaquín Barrera, Toño Jaramillo, Marcos Jaramillo, Oscar Giraldo, los hermanos Herrera de La Hundida. A ellos, en nombre del pueblo ituanguino, eterna gratitud.






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